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Educación

Miguel Ángel, el abuelito universitario de Cáceres que ha aprobado todo en su primer curso de Historia y Patrimonio

A sus 66 años, Miguel Ángel Bravo ha completado el primer curso del doble grado en Historia y Patrimonio en la Universidad de Extremadura y ya se ha matriculado de otras diez materias para el próximo año, mientras su cuenta de TikTok gestionada por su hijo Álex roza los 47.000 seguidores

Vídeo | El abuelito universitario de Cáceres lo aprueba todo

E. P. E.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Miguel Ángel Bravo llegó hace casi un año a la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres con una mochila verde, más de cuatro décadas sin abrir unos apuntes y algunas dudas sobre lo que encontraría al otro lado de la puerta. El primer día, sus compañeros se sentaron al verle entrar porque pensaron que era el profesor. Ahora ya nadie lo confunde. Es Miguel, el abuelito universitario, uno más de la clase y un estudiante de segundo curso con las diez asignaturas de primero aprobadas.

A sus 66 años y medio, como él mismo precisa, este trujillano afincado en Cáceres ha completado con éxito su primer curso del grado de Historia y Patrimonio de la Universidad de Extremadura. Lo ha hecho tras jubilarse de su trabajo como comercial, sin faltar prácticamente a ninguna clase y dedicando a los libros una intensidad que hasta ha sorprendido a su familia.

Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres.

Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres. / Pablo Parra

«Pensaba que la universidad iba a ser otra cosa. No sabía si iba a entender las clases porque era la primera vez que estudiaba en una universidad y hacía más de 40 años que no estudiaba, pero me adapté enseguida. Te pones y fenomenal», relata. Al matricularse, Miguel Ángel dudó de si había sido demasiado ambicioso. Había escogido las diez asignaturas mientras algunos de sus compañeros optaban por cinco, seis o únicamente las obligatorias.

«Fui a casa y le dije a mi mujer que todo el mundo dejaba algunas y que yo podía haber hecho lo mismo. Ella me respondió: ‘No, no, tú las diez. Las que suspendas, ahí están’». El consejo de Pilar, su mujer, terminó dando resultado. Miguel Ángel superó las diez materias y el próximo curso tampoco piensa reducir el ritmo. «Me he matriculado de las otras diez de segundo. Ni me lo he pensado. Las diez otra vez y para adelante», afirma.

Un tropiezo con Aristóteles

El camino hasta el pleno de aprobados no fue completamente recto. Filosofía se le resistió en la convocatoria ordinaria y tuvo que presentarse a la recuperación. Miguel Ángel asume que el suspenso se debió a que no preparó suficientemente una parte del examen.

«Fue culpa mía, no de nadie. Me dejé sin estudiar Aristóteles, que había que haberle dado caña, y entró». La noticia provocó casi tanta preocupación entre sus seguidores como en su propia casa. En las redes recibió mensajes de ánimo e incluso ofrecimientos de profesores de Filosofía dispuestos a ayudarlo.

«Me decían: ‘Me he disgustado yo más que tú’, ‘No te preocupes, que lo vas a sacar’ o ‘Si quieres, yo te doy clase’. Madre mía», recuerda entre risas. Tuvo un mes para preparar la recuperación y acabó obteniendo un 8,5. Aristóteles volvió a aparecer en el examen, aunque esta vez Miguel Ángel estaba preparado. «Pensé: ‘¿Cómo lo va a repetir?’. Pues lo repitió», bromea.

Ni una clase perdida

Miguel Ángel no estudia para encontrar trabajo, ascender profesionalmente o completar un currículo. Su objetivo es aprender. Esa diferencia explica la disciplina con la que ha afrontado el curso. «No he faltado nunca a clase. Nunca», asegura. En algunas asignaturas, recuerda, el grupo comenzó con más de 90 matriculados, aunque determinados días apenas permanecían en el aula entre 15 y 20 estudiantes.

Está convencido de que la asistencia le ha facilitado los exámenes, pero sobre todo le ha permitido comprender mejor cada materia. «Hay muchas cosas de las que te enteras en clase y que luego no entiendes igual estudiando. El profesor hace más hincapié en un tema o en otro y eso se te queda grabado», explica.

Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres.

Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres. / Pablo Parra

También comprende que los estudiantes de 18 o 20 años vivan la carrera de otra manera. «Yo, si hubiera tenido su edad, habría hecho prácticamente lo mismo que ellos», reconoce. Su situación es diferente. «Yo voy a aprender. Mi vida ya está solucionada. ¿De qué me sirve estudiarme una cosa para contarla en el examen y olvidarla después? Lo que quiero es saber más de historia», señala.

«Volví a ser un chaval»

La diferencia de edad fue una de sus principales preocupaciones antes de comenzar las clases. Temía no encajar entre compañeros a los que, en algunos casos, saca más de cuatro décadas. La realidad fue muy distinta.

«Me he integrado fenomenal. Me han cogido cariño y me ayudan en todo lo que necesito», explica. Las invitaciones a fiestas, pisos y planes tampoco han faltado, aunque Miguel Ángel admite que sus ritmos son distintos. «Yo les digo que no me saquen del camino», comenta con humor.

Uno de los momentos más especiales se produjo cuando su cuenta de TikTok alcanzó los 20.000 seguidores. Sus compañeros lo recibieron entre aplausos al entrar en el aula. Las imágenes se difundieron en las redes sociales y reforzaron la popularidad de un estudiante que comenzó siendo conocido en su facultad y ha terminado convertido en un fenómeno digital. Esa cuenta, gestionada por su hijo Álex, roza ya los 47.000 seguidores.

Diez asignaturas más

El curso comenzará en septiembre. Aunque en un primer momento pensó en saltarse los primeros días, como hacen algunos estudiantes veteranos, Miguel Ángel reconoce que probablemente acudirá desde el comienzo para conocer a los profesores y las nuevas materias. Ya ha pensado incluso en pedir los apuntes de segundo a alguno de sus veteranos. Pero de momento ha preferido descansar.

VIDEO | Miguel Ángel Bravo, el abuelito universitario de Cáceres

Carlos Gil

«Pienso que debería haber comenzado a estudiar con 18 años, aunque hubiera tenido que trabajar de noche o hacer lo que fuera. La universidad es maravillosa. Es una experiencia inolvidable», afirma. Por eso anima a otras personas de su generación a seguir sus pasos. «Aconsejo a todas las personas mayores que se apunten. Que no duden. Y si después de dos meses no les gusta, lo dejan y ya está».

Él, por ahora, no contempla abandonar. Ya tiene otras diez asignaturas por delante, miles de seguidores pendientes de su regreso y las mismas ganas de aprender con las que apareció hace un año en Filosofía y Letras. Solo que ahora su mochila ya está cargada de diez aprobados.

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