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Nuestro pasado

Cuando Cáceres recordó el 50 aniversario del Titanic, el gran transatlántico hundido en el Atlántico

Más de 2.000 personas viajaban a bordo del Titanic, entre ellas grandes fortunas y emigrantes, de las cuales 1.500 perdieron la vida en la tragedia marítima

Los restos del Titanic se encuentran a 3.800 metros de profundidad.

Los restos del Titanic se encuentran a 3.800 metros de profundidad. / BBC Future | Science Photo Library

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Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

El 14 de abril de 1962, este periódico recordó el cincuenta aniversario de la catástrofe del Titanic, el célebre transatlántico de la White Star Line que había pasado a la historia como uno de los mayores logros de la ingeniería naval de comienzos del siglo XX y que, apenas cuatro días después de iniciar su viaje inaugural, había terminado hundido en las aguas del Atlántico Norte.

El mayor transatlántico de su tiempo

El Titanic había sido construido en los astilleros Harland & Wolff, en Belfast, y había sido concebido para cubrir la ruta entre Southampton y Nueva York. Con sus aproximadamente 269 metros de eslora, 28 metros de manga y más de 46.000 toneladas de arqueo bruto, se había convertido, en el momento de su entrada en servicio, en el mayor transatlántico construido hasta entonces. Su enorme tamaño y sus modernas instalaciones habían despertado la admiración del mundo entero.

El buque había sido diseñado no solo para transportar a cientos de viajeros a través del Atlántico, sino también para ofrecer un nivel de comodidad y lujo extraordinario. A bordo había contado con amplios salones, restaurantes, biblioteca, gimnasio y piscina cubierta, mientras que los pasajeros de primera clase habían disfrutado de camarotes y espacios decorados con gran lujo. El barco también disponía de sistemas de seguridad avanzados para su época, entre ellos compartimentos estancos destinados a limitar la entrada de agua en caso de accidente.

Más de 2.000 pasajeros a bordo

La expectación había sido enorme cuando el Titanic había abandonado Southampton el 10 de abril de 1912 para realizar su primer viaje hacia Nueva York. Durante la travesía había hecho escala en Cherburgo, Francia, y en Queenstown, actual Cobh, en Irlanda, antes de continuar hacia el Atlántico. A bordo viajaban más de 2.000 personas entre pasajeros y tripulación, pertenecientes a diferentes clases sociales. Entre ellos se encontraban algunos de los viajeros más adinerados de la época, pero también numerosos emigrantes europeos que buscaban comenzar una nueva vida en América.

La noche del 14 de abril había cambiado para siempre el destino del gran transatlántico. A las 23.40 horas, mientras navegaba por el Atlántico Norte, los vigías habían divisado un gigantesco iceberg. El barco había intentado esquivarlo, pero había terminado colisionando con el hielo por su costado de estribor. El impacto había provocado daños bajo la línea de flotación y había permitido que el agua comenzara a inundar varios compartimentos del buque.

A pesar de sus enormes dimensiones y de los sistemas de seguridad con los que había sido equipado, el Titanic no había podido resistir los daños sufridos. Poco a poco, la proa se había hundido mientras el agua avanzaba por el interior del barco. Durante las horas siguientes se habían arriado los botes salvavidas, aunque estos no habían sido suficientes para todos los pasajeros y tripulantes.

La noche de la tragedia

Finalmente, a las 2.20 de la madrugada del 15 de abril de 1912, el Titanic había desaparecido bajo las aguas. De las más de 2.200 personas que se encontraban a bordo, alrededor de 1.500 habían perdido la vida. Los supervivientes habían sido rescatados horas después por el Carpathia.

Cincuenta años después, el nombre del Titanic continuaba evocando la grandeza y, al mismo tiempo, la fragilidad de aquella época. El enorme transatlántico que había sido presentado como una maravilla de la navegación había terminado convertido en el símbolo de una de las mayores tragedias marítimas de la historia. Su hundimiento había dejado una profunda huella y había obligado a reconsiderar las medidas de seguridad que debían acompañar al creciente desarrollo de los grandes viajes transatlánticos.

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