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Demografía

Los perros quintuplican a los menores de ocho años en Cáceres: "Los jóvenes se han vuelto más egoístas"

El dato refleja el descenso de la natalidad, el cambio en los modelos familiares y el creciente papel de las mascotas. «Tener hijos debe ser una decisión libre, no una obligación moral», critica Martín

Vídeo | Los perros quintuplican a los menores de ocho años en Cáceres

E. P. E.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Miguel Ángel estaba pendiente de sus dos hijas en el parque de Cánovas cuando respondió a este diario sobre lo que supone para él la paternidad: «No hay nada más bonito». Martín paseaba con su pequeño perro de raza teckel llamado ‘Flies’ por la acera de avenida de España y su opinión era totalmente opuesta: «Prefiero no tener hijos». Son dos opiniones distintas que reflejan un llamativo dato que afecta a la ciudad de Cáceres: viven aproximadamente 5.650 niños menores de ocho años, mientras que la última cifra pública del registro veterinario contabilizabo 31.286 perros, más de cinco canes por cada menor de esa edad.

Una joven pasea con su perro por Cáceres.

Una joven pasea con su perro por Cáceres. / Carlos Gil

El cálculo infantil parte del Censo Anual de Población de 2025. La ciudad tenía 3.157 menores de cero a cuatro años y 4.155 de cinco a nueve. Para obtener el tramo de cinco a siete se ha realizado una estimación proporcional, por lo que la cifra de 5.650 es aproximada. El dato canino, en cambio, fue difundido en 2021 y puede estar sobredimensionado porque no todos los propietarios comunican el fallecimiento de sus animales. La fotografía debe interpretarse con cautela. No demuestra que los cacereños estén sustituyendo a los hijos por mascotas, pero sí refleja la reducción del número de niños y la mayor presencia de animales de compañía.

Un cacereño con dos hijas

Miguel Ángel, cacereño y padre de dos niñas menores de ocho años, atribuye la diferencia a las dificultades económicas y a un cambio cultural. «Lo achaco a motivos sociales, culturales y económicos. Hay un cambio de generación y la gente se ha vuelto más egoísta», sostiene. A su juicio, muchas personas priorizan su bienestar antes que la formación de una familia. «Utilizan primero el dinero para ellos y después, lo que sobre, para los demás. No quieren tener hijos porque no quieren quitarse nada a sí mismos», afirma.

Una niña pequeña disfruta en un parque infantil.

Una niña pequeña disfruta en un parque infantil. / Carlos Gil

Miguel Ángel reconoce que nadie debería tener descendencia si no dispone de medios, pero cree que la decisión no puede reducirse a una cuenta económica. «Antes de tener un hijo no te pones a calcular cuánto van a costar la guardería o los pañales. Lo haces por motivos mucho más profundos», explica.

No obstante, introduce un matiz: sería necesario conocer la edad de los propietarios. «Puede haber gente de 50, 60 u 80 años cuyos hijos se han ido de casa y que tiene una mascota porque se siente sola. Habría que profundizar para afinar el estudio», añade.

La opinión de Martín

Una opinión opuesta rechazaría que la caída de la natalidad pueda explicarse por el egoísmo o por una supuesta sustitución de niños por animales. Martín, cacereño de 38 años y propietario de un perro, sostiene que «tener hijos debe ser una decisión libre, no una obligación moral». «Hay personas que no quieren ser madres o padres, otras que no encuentran una pareja con la que dar ese paso y muchas que no tienen vivienda, estabilidad laboral o posibilidades de conciliar. Decir que quien no tiene hijos es egoísta resulta injusto», afirma.

Paseos con animales por Cáceres.

Paseos con animales por Cáceres. / Carlos Gil

También considera equivocado enfrentar a niños y mascotas. «Un perro no sustituye a un hijo. Precisamente porque no son comparables, una persona puede elegir una cosa, las dos o ninguna. Hay muchísimas familias que tienen niños y animales», añade.

Barreras materiales

Los estudios sobre fecundidad apuntan principalmente hacia barreras materiales. El precio de la vivienda, la inestabilidad laboral, el retraso de la emancipación y las dificultades para conciliar influyen en la decisión de tener hijos. También intervienen cambios culturales y personales, pero reducir el fenómeno a una falta de voluntad simplifica un problema más amplio. Las soluciones pasarían por facilitar que quienes quieran formar una familia puedan hacerlo: vivienda asequible, empleo estable, horarios compatibles con la crianza, escuelas infantiles accesibles, permisos familiares y ayudas mantenidas durante los primeros años.

Los cinco perros por cada niño menor de ocho años ofrecen una imagen poderosa de Cáceres, pero no una explicación completa. La cuestión no es elegir entre mascotas o niños, sino comprender por qué muchas personas que desean formar una familia no pueden hacerlo y cómo debe adaptarse la ciudad a una sociedad en la que los animales tienen cada vez más presencia.

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