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A vista de pájaro

Carlos Solís, el cacereño que sobrevuela San Jorge con un dron de 130 gramos y sueña con pilotar para la Guardia Civil

Con 29 años, ha grabado con tecnología FPV una espectacular perspectiva de la plaza y la iglesia de la Preciosa Sangre tras acumular entre 400 y 500 horas de práctica en simulador

El cacereño Carlos Solís.

El cacereño Carlos Solís. / E. P.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Hay una forma de recorrer la plaza de San Jorge que obliga a subir escaleras, levantar la vista hacia las torres y detenerse ante una de las estampas más reconocibles del casco histórico de Cáceres. Y hay otra que dura apenas unos segundos, se desliza por el aire y permite contemplar este rincón monumental desde una perspectiva imposible para quien camina sobre el empedrado.

Detrás de esas imágenes está Carlos Solís, cacereño de 29 años, fotógrafo, filmmaker y piloto de drones FPV. El último vuelo que ha compartido muestra desde el aire la plaza de San Jorge y la iglesia de la Preciosa Sangre con una fluidez que puede hacer pensar que detrás hay un enorme aparato y una compleja producción. El protagonista del vídeo, sin embargo, pesa apenas 130 gramos.

El tamaño engaña. También lo hace la facilidad con la que el dron asciende, gira o se aproxima a los edificios. Nada de eso se consigue simplemente sacándolo de la caja y pulsando un botón. Antes de realizar vuelos como el de San Jorge, Solís calcula que ha acumulado "unas 400 o 500 horas" en un simulador. "No son drones estabilizados que pueda comprar cualquier persona y ponerse a volar", señala.

El cacereño Carlos Solís.

El cacereño Carlos Solís. / E. P.

Ha entrenado primero frente a una pantalla y después lejos de edificios y personas. La Sierra de Gata ha sido uno de sus campos de pruebas, donde ha podido practicar maniobras en espacios abiertos antes de enfrentarse a vuelos mucho más delicados en entornos urbanos.

Un vuelo a primera hora

Para conseguir la grabación de Cáceres hubo además que madrugar. El vuelo en San Jorge se realizó entre las 8.30 y las 9.00 horas, cuando la actividad en la zona era todavía reducida.

Solís insiste en otro aspecto: la planificación y los permisos necesarios para cada operación. "En todos los vuelos que hago siempre hay permiso", afirma. Para esa jornada se habían previsto varias localizaciones de Cáceres y él se encargó de San Jorge mientras otro compañero volaba en otros puntos. "El resultado ha sido espectacular, la verdad", reconoce.

El sistema FPV (las siglas en inglés de First Person View) cambia además por completo la manera de pilotar. Solís utiliza unas gafas a través de las que contempla en tiempo real lo que observa la cámara instalada en el dron. No mira desde abajo a un aparato que se mueve por el cielo: durante el vuelo su punto de vista es prácticamente el del propio dron.

Ahí reside buena parte del atractivo de unas imágenes capaces de aproximarse a un monumento, cambiar de altura en segundos o encadenar movimientos que recuerdan más a una secuencia cinematográfica que al vuelo convencional de un dron.

De una cámara regalada a los grandes festivales

Lo curioso es que Solís no estudió una carrera audiovisual ni pasó inicialmente por una escuela de cine. Todo comenzó cuando tenía alrededor de 18 años y sus padres le regalaron una cámara. Empezó haciendo fotografías y vídeos en la noche cacereña. Aquello terminó abriéndole puertas y comenzó a trabajar en el mundo de los festivales y con artistas nacionales e internacionales.

Desde entonces ha participado en producciones vinculadas a algunos de los grandes eventos musicales del país y el verano pasado trabajó también en Ushuaïa, en Ibiza. También ha trabajado para artistas de primer nivel como Fyahbwoy o los djs Álex Martini y Pawly.

Su cuenta de redes sociales funciona, de hecho, como una mezcla de vida personal y currículo profesional. En ella conviven viajes con amigos, vídeos, fotografía y trabajos realizados durante los últimos años. "Es como el portfolio que tengo creado ahí. Quien entra y ve con quién he trabajado ya sabe lo que hago", explica.

Más trabajos

También realiza trabajos para empresas, gestión de redes sociales y creación de contenido. "Un poquito polifacético sí que soy", resume. Los drones llegaron después y, curiosamente, no como profesión principal sino casi como una extensión de aquella afición por la imagen. "Lo del FPV al fin y al cabo es como mi hobby", reconoce.

Un hobby particularmente exigente. Tiene varios aparatos, uno de ellos construido por él mismo, además de cámaras, emisoras y el resto del material necesario para realizar los vuelos. También cuenta con formación relacionada con la actividad, incluido el curso de radiofonista, que le permite comunicarse en los supuestos en los que resulte necesario hacerlo con dependencias aeronáuticas.

Y no vuela solo. Forma parte de un grupo de aficionados y pilotos repartidos por distintos puntos de Extremadura, con integrantes de Cáceres, Plasencia, Torrejoncillo, Coria y Badajoz, entre otras localidades.

El sueño está en Pegaso

Sin embargo, cuando se le pregunta por el futuro, Carlos Solís no responde con el nombre de una productora audiovisual ni con el de un gran festival. Su objetivo está en la Guardia Civil. Actualmente prepara las oposiciones para ingresar en el cuerpo. Acaba de presentarse a las pruebas y esta vez se ha quedado fuera por poco, pero tiene claro que habrá otro intento. "Yo tengo mi sueño", afirma. "Mi sueño es trabajar en el Equipo Pegaso".

Es ahí donde las dos partes de su vida parecen encontrarse. Solís aspira algún día a utilizar dentro de la Guardia Civil una afición en la que ya ha invertido cientos de horas. Le interesa todo lo relacionado con los drones y le gustaría orientar su carrera profesional hacia una unidad vinculada a este ámbito.

Hasta que llegue ese momento continuará preparando la oposición, trabajando en proyectos audiovisuales y haciendo despegar sus pequeños aparatos. Ya piensa en el siguiente vídeo. Tiene intención de desplazarse hasta Acebo, el pueblo de su familia en la Sierra de Gata, y descender una de sus montañas con el FPV para crear una nueva pieza. "Quiero hacer algo bonito por aquí", adelanta.

En Cáceres ya lo ha conseguido. Esta vez no ha necesitado un escenario de Ibiza ni un gran festival. Le han bastado un dron de 130 gramos, unas gafas y uno de los rincones más reconocibles de su ciudad para mostrar San Jorge desde un punto de vista al alcance de muy pocos.

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