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Infraestructuras hídricas

Un trasvase de emergencia que lleva 33 años sosteniendo el agua de Cáceres

El sistema del Almonte nació en 1993 como una solución provisional ante la sequía, pero continúa siendo esencial mientras su relevo avanza lentamente por los trámites administrativos. Décadas después, todo apunta a que en los próximos meses comenzará a construirse el proyecto definitivo

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

El trasvase del río Almonte fue construido en 1993 para sacar a Cáceres de una situación de emergencia. La ciudad atravesaba una fuerte sequía y necesitaba una fuente alternativa con la que garantizar el abastecimiento cuando las reservas del embalse del Guadiloba no fueran suficientes. La solución debía ser complementaria y utilizarse únicamente en periodos de necesidad.

33 años después, aquel sistema provisional continúa siendo una pieza esencial para el suministro de agua a Cáceres. Sus instalaciones han envejecido, los bombeos presentan un elevado consumo energético y la ausencia de una alternativa plenamente operativa mantiene a la ciudad dependiendo de una infraestructura concebida para responder a una crisis de comienzos de los años noventa.

Nuevo trámite superado

El proyecto destinado a sustituirla y reforzarla acaba de superar un nuevo trámite. El Boletín Oficial del Estado esta semana ha publicado la aprobación técnica de las obras y ha encargado a la Confederación Hidrográfica del Tajo la realización del acta de replanteo. La actuación tiene un presupuesto base de licitación de 31,4 millones de euros y un plazo previsto de ejecución de 30 meses. Sin embargo, todavía no se ha licitado ni existe una fecha anunciada para el comienzo de los trabajos.

Vídeo | El trasvase del Almonte a Cáceres

El Periódico Extremadura

El bombeo del Almonte se planteó inicialmente como un recurso de emergencia para elevar agua hasta el sistema del Guadiloba cuando las reservas disponibles no pudieran atender las necesidades de Cáceres, Sierra de Fuentes y Malpartida de Cáceres.

30 meses continuados

El paso del tiempo convirtió esa solución excepcional en una infraestructura utilizada con frecuencia. El episodio más significativo se produjo entre 2007 y 2009, cuando el trasvase llegó a funcionar de manera ininterrumpida durante 30 meses. Durante aquel periodo dejó de ser un apoyo ocasional para convertirse, en la práctica, en una de las principales garantías del abastecimiento.

La actuación tiene un presupuesto base de licitación de 31,4 millones de euros y un plazo previsto de ejecución de 30 meses.

Su importancia no ha disminuido. La variabilidad de las precipitaciones y la posibilidad de atravesar nuevos ciclos de sequía obligan a conservar una fuente alternativa al Guadiloba. El problema es que esa seguridad sigue dependiendo de unas instalaciones que acumulan más de tres décadas de servicio y que no fueron diseñadas para asumir durante tanto tiempo un papel tan relevante.

Tramitación

La documentación elaborada durante la tramitación del nuevo proyecto ha señalado el envejecimiento de los equipos, las limitaciones de capacidad, el elevado consumo eléctrico y la existencia de puntos críticos en el recorrido del agua. También ha advertido de la falta de suficiente margen de respuesta ante una avería prolongada.

El sistema actual necesita mantener en funcionamiento distintos bombeos para captar, transportar y elevar el agua hasta los puntos desde los que puede incorporarse al abastecimiento. Una incidencia eléctrica o mecánica puede afectar a toda la cadena, especialmente cuando las reservas son reducidas y la ciudad necesita recurrir al Almonte. Los técnicos han llegado a considerar el bombeo existente una infraestructura crítica. El principal riesgo no es solo que se produzca una avería, sino que la ausencia de alternativas y de una mayor capacidad de almacenamiento limite el tiempo disponible para repararla antes de que afecte al suministro.

Eliminar la vulnerabilidad

El nuevo proyecto pretende eliminar parte de esa vulnerabilidad. La solución seleccionada permitirá mantener el recorrido tradicional hacia el embalse del Guadiloba, pero también abrir una segunda vía para llevar el agua directamente hasta la Estación de Tratamiento de Agua Potable de Cáceres.

El paso del tiempo convirtió esa solución excepcional en una infraestructura utilizada con frecuencia.

Esa doble posibilidad permitirá elegir el recorrido más adecuado en función de las circunstancias. Si existe algún problema en el sistema del Guadiloba, el agua procedente del Almonte podrá dirigirse directamente hacia la potabilizadora. Además de reforzar la seguridad, esta opción reducirá pérdidas y evitará algunos de los obstáculos que condicionan actualmente el funcionamiento del trasvase.

El futuro proyecto

La futura infraestructura contempla una nueva toma en el río Almonte, unos 300 metros aguas abajo del puente de la autovía A-66. Allí se construirá un pozo de doce metros de diámetro y una estación equipada con seis bombas sumergibles verticales. También se actuará sobre la conducción existente, de unos 22 kilómetros, y se renovarán elementos como las ventosas, los desagües, los equipos eléctricos y los sistemas de control. El objetivo es aprovechar parte de las instalaciones construidas en los años noventa, pero reducir los riesgos asociados a su antigüedad.

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Jorge Valiente

Uno de los elementos más relevantes será el depósito de agua bruta de 15.000 metros cúbicos previsto junto a la actual potabilizadora. Esa reserva permitirá disponer de un mayor margen de reacción ante una avería, un fallo eléctrico o una interrupción temporal de los bombeos. El proyecto también incorpora energía solar fotovoltaica para reducir el consumo eléctrico. La eficiencia energética es uno de los principales problemas del sistema actual, que necesita elevar grandes cantidades de agua a lo largo de varios kilómetros y salvar importantes diferencias de altura.

Quedan pasos decisivos

La publicación en el BOE permite avanzar en el expediente, pero todavía quedan pasos decisivos. La Confederación Hidrográfica del Tajo deberá efectuar el acta de replanteo, comprobar la disponibilidad de los terrenos y verificar que la actuación puede ejecutarse conforme al proyecto aprobado. Después deberán garantizarse los fondos, licitarse el contrato, resolver el procedimiento y adjudicarse las obras. Solo entonces podrá comenzar un periodo de ejecución estimado en dos años y medio.

El Ayuntamiento de Cáceres ha reclamado al Gobierno central que dote presupuestariamente la actuación de manera inmediata. El equipo de gobierno de Rafa Mateos considera que la aprobación técnica es positiva, pero insuficiente mientras no exista una licitación y un calendario para iniciar los trabajos.

La renovación lleva años recorriendo despachos, informes ambientales, estudios de viabilidad y revisiones técnicas. Mientras esos trámites continúan, el suministro de Cáceres sigue apoyándose en la misma respuesta que se improvisó durante una sequía en 1993. Una solución pensada para una emergencia que, 33 años después, todavía espera su relevo definitivo.

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