Convivencia
La Madrila vuelve a dormir en agosto, pero mira a septiembre con miedo: "Esto es inhumano"
Los vecinos reclaman que se regulen los horarios del ocio nocturno y plantean trasladarlo al recinto ferial tras meses de ruidos e incidentes en el barrio

El Periódico Extremadura

"Ahora podemos dormir". La frase resume el agosto que están viviendo algunos vecinos de La Madrila, uno de los barrios de Cáceres históricamente marcados por la difícil convivencia entre el descanso y el ocio nocturno. La tranquilidad de estas semanas, sin embargo, no la interpretan como el final del problema. Todo lo contrario. Miran ya a septiembre con temor, cuando esperan que la actividad nocturna vuelva a recuperar intensidad. "Es inhumano", lamentan sobre una situación que aseguran haber soportado durante meses.
Los residentes reclaman medidas que vayan más allá de actuaciones puntuales y ponen sobre la mesa dos peticiones concretas: regular de manera efectiva los horarios de los establecimientos y sacar parte del ocio nocturno de una zona residencial. "Que se vayan al ferial", plantean algunos vecinos, que consideran que este recinto permitiría desarrollar la actividad lejos de las viviendas y reduciría el impacto que provocan durante la madrugada las concentraciones de personas, las voces y el tránsito constante de clientes de unos locales a otros.
El problema de los horarios
Entre sus quejas aparece también el funcionamiento de determinados establecimientos. Los vecinos mencionan expresamente a Bambú, del que aseguran que permanece "abierto a todas horas", y reclaman que se regulen y, sobre todo, se hagan cumplir unos horarios capaces de compatibilizar la actividad hostelera con el derecho al descanso. No piden acabar con el ocio, insisten, sino evitar que una noche pueda encadenarse prácticamente sin tregua para quienes tienen el dormitorio a pocos metros de los locales y de los puntos donde se concentran sus clientes.
La reivindicación tampoco nace de un episodio aislado. Entre abril de 2025 y abril de 2026 la Policía Local realizó 819 intervenciones en La Madrila, según el balance presentado el pasado mes de mayo por el concejal de Seguridad Ciudadana, Pedro Muriel. Desde 2023 permanece activo en el barrio un dispositivo específico que incluye actuaciones relacionadas con seguridad, ocio nocturno, ruido, tráfico y vigilancia de establecimientos, reflejo de un conflicto enquistado que ha acabado en numerosas ocasiones trasladándose también a los tribunales.
Los datos permiten medir una parte de esa presión. Durante aquel periodo se realizaron 16 controles preventivos de alcohol y drogas, con 95 vehículos controlados y diez alcoholemias positivas, además de 24 denuncias por infracciones de tráfico. En materia directamente relacionada con el descanso se contabilizaron 22 intervenciones por ruido, 19 por molestias en establecimientos y otras 12 por molestias vecinales. Son más de medio centenar de actuaciones vinculadas a la convivencia en apenas un año. El Ayuntamiento destacó entonces, además, que más del 41% de las incidencias consideradas de prioridad alta fueron atendidas en menos de nueve minutos.
Cuando el problema llega al coche
Pero detrás de las estadísticas hay vecinos que ponen ejemplos concretos a lo que ocurre cuando termina la noche. Una residente que lleva dos décadas viviendo en La Madrila sufrió uno de esos episodios la madrugada del pasado 26 de mayo. Había dejado estacionado su Mazda 3 en Botánico Rivas, a la altura de La Colina, cuando otro vehículo chocó contra él, lo desplazó hasta subirlo a la acera, terminó golpeando a un segundo coche y posteriormente se dio a la fuga. El impacto dejó el automóvil con rozaduras y daños importantes en la dirección justo cuando estaba a punto de pasar su primera ITV.
No era, según relató entonces a este diario, la primera vez que sufría desperfectos. La vecina, residente en Santa Teresa de Jesús, explicaba que aunque su vivienda no recibe de lleno el ruido de los locales, sí soporta las consecuencias del tráfico nocturno. Rozaduras y espejos rotos en los vehículos forman parte, asegura, de una realidad que se repite en las jornadas de mayor actividad. Por eso reclamaba más controles de alcohol, drogas y tráfico e incluso planteaba restringir el acceso de vehículos en determinados momentos para rebajar la tensión de las madrugadas.
"No pegamos ojo"
Más directa todavía es la situación de quienes viven en el corazón de la zona de copas. Otra residente de un edificio de Doctor Fleming ha denunciado durante meses que las concentraciones se producen incluso en una plazoleta privada desde la que se accede a su portal. Su desesperación la llevó a dirigirse por carta hasta al presidente del Gobierno, aunque la respuesta remitía la competencia al ámbito municipal. "Aguantamos el calvario a las cuatro, a las seis y media de la mañana. No pegamos ojo", relataba entonces tras otra noche sin descansar antes de acudir a trabajar.
Las quejas acumuladas dibujan así un problema que va mucho más allá de la música de un establecimiento. Ruidos, personas concentradas de madrugada, suciedad, tráfico, desperfectos en vehículos y episodios de incivismo forman parte de las situaciones que los residentes vienen denunciando y que han mantenido La Madrila en el centro del debate sobre el modelo de ocio nocturno de Cáceres.
Por eso, la calma de agosto se recibe casi como una excepción. "Ahora podemos dormir", repiten. Pero septiembre está a la vuelta de la esquina y con él temen que regrese el ritmo habitual de las madrugadas. Los vecinos quieren que esta tregua sirva para buscar soluciones antes de volver al punto de partida. Su reclamación se resume en tres ideas: horarios claros y controlados, más vigilancia y sacar el ocio de madrugada de las zonas residenciales, con el ferial como una de las alternativas que ponen sobre la mesa. Quieren ocio, dicen, pero no a costa de tener que elegir entre la noche de unos y el descanso de otros.
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