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Nuestro pasado

Cáceres inauguró en 1954 la estatua de San Pedro de Alcántara, obra de Enrique Pérez Comendador: toda la historia

La escultura de bronce se instaló junto a Santa María y pronto se convirtió en un símbolo de la ciudad

San Pedro de Alcántara.

San Pedro de Alcántara. / El Periódico

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Esteban Valero Vizcano

Esteban Valero Vizcano

Cáceres

El 10 de noviembre de 1954 se inauguró en Cáceres la estatua dedicada a San Pedro de Alcántara, situada en la plaza de Santa María, uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad. La obra había sido realizada ese mismo año por el escultor Enrique Pérez Comendador, quien había elegido el bronce para representar la figura del santo, colocada posteriormente sobre un pedestal de granito.

Devoción popular a los pies del santo

La estatua había despertado también curiosidad por un detalle relacionado con su autor. Según se comentaba, el rostro de San Pedro de Alcántara podía haber sido un autorretrato del propio Pérez Comendador, convirtiendo la escultura en una pieza con un significado aún más personal. Desde su colocación, la imagen había recibido numerosas muestras de devoción por parte de los creyentes. Una de las más visibles había quedado reflejada en el pulido de los pies de la estatua, producido por las continuas muestras de respeto y adoración de los fieles, que acostumbraban a besarlos.

Detalle de los pies de la escultura de San Pedro de Alcántara, pulidos por las muestras de devoción de los fieles.

Detalle de los pies de la escultura de San Pedro de Alcántara, pulidos por las muestras de devoción de los fieles. / Javier Prieto Gallego.

Así, la escultura de San Pedro de Alcántara había quedado integrada en el patrimonio y en la vida religiosa de Cáceres, manteniendo viva una tradición de devoción en pleno corazón de la ciudad.

Un escultor extremeño de proyección internacional

Enrique Pérez Comendador nació en Hervás (Cáceres) el 17 de noviembre de 1900 y falleció en Madrid en 1981. Desde muy joven mostró interés por el arte y comenzó su formación en Sevilla, donde trabajó en el taller del escultor Joaquín Bilbao. Posteriormente continuó sus estudios y su formación artística en Madrid, donde entró en contacto con destacados artistas de la época.

Su carrera estuvo marcada por numerosos reconocimientos. En 1924 obtuvo una tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes y, años después, consiguió la primera medalla en 1932. En 1935 recibió además el Premio Nacional de Escultura. Su trayectoria también estuvo vinculada a Italia, donde permaneció como pensionado en la Academia Española de Bellas Artes de Roma entre 1934 y 1939, una etapa que tuvo una importante influencia en su concepción artística y en su interés por la escultura clásica.

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