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Obituario

Muere Felipe Fernández Peña, el sacerdote que impulsó la época dorada de la Semana Santa de Cáceres

El párroco, nacido en Cañaveral en 1931, fue un impulsor clave de la Unión de Cofradías Penitenciales y su primer presidente

Felipe Fernández Peña.

Felipe Fernández Peña. / E. P.

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Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

La Semana Santa de Cáceres despide a una de las personas que más contribuyeron a transformarla y fortalecerla durante las últimas décadas. Felipe Fernández Peña, sacerdote nacido en Cañaveral en 1931, ha fallecido este sábado, según ha comunicado la Cofradía de los Ramos, que lo recuerda como «un pastor bueno» que atendió y cuidó siempre con especial cariño a las hermandades y cofradías.

Su funeral tendrá lugar este domingo, 30 de agosto, a las 17.00 horas, en la iglesia de San Juan Bautista de Cáceres. Fernández Peña residía en la Residencia Ciudad Jardín de Cánovas, antigua institución de las Hermanitas de los Pobres, a la que estuvo vinculado durante buena parte de su vida sacerdotal.

Felipe Fernández Peña, en una imagen de archivo.

Felipe Fernández Peña, en una imagen de archivo. / E. P.

Su huella es especialmente profunda en el movimiento cofrade cacereño. Durante más de dos décadas desempeñó la responsabilidad de delegado diocesano de Hermandades y Cofradías y fue uno de los grandes impulsores de la Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres, de la que se convirtió en su primer presidente entre 1986 y 1991. También fue pregonero de la Semana Santa cacereña en 1996 y fundador de la Cofradía de los Santos Patronos de Extremadura, San Pedro de Alcántara y Nuestra Señora de Guadalupe.

"Nos ayudó muchísimo"

«Las cofradías le debemos mucho porque nos ayudó muchísimo. Gracias a él se creó la Unión de Cofradías Penitenciales», explica Luisma Rodríguez, mayordomo de la Cofradía de los Ramos. Rodríguez destaca que Fernández Peña «protegió y defendió mucho» a las hermandades dentro de la propia Iglesia y sitúa en aquellos años uno de los momentos decisivos para la Semana Santa de Cáceres. «Bajo su mandato se refundaron el Cristo Negro y las Batallas y se crearon el Amparo y el Amor. Con él comenzó la etapa dorada de la Semana Santa», señala.

La Cofradía de los Ramos ha destacado también su «profunda vocación cofrade», recordando su predicación en la novena de la Santísima Virgen de la Esperanza y el quinario al Santísimo Cristo, además de su presencia habitual en las procesiones. «En don Felipe siempre hemos encontrado a un pastor bueno que atendió y cuidó siempre con mucho cariño a las cofradías y hermandades», ha señalado la corporación al comunicar su fallecimiento.

Una vocación que llegó después de Magisterio

Fernández Peña llegó al sacerdocio después de haber terminado Magisterio y cuando se disponía a iniciar Derecho. Él mismo recordó aquella decisión en una entrevista publicada por este periódico en 2010, cuando celebraba medio siglo como sacerdote. «Me costó decidirme, lo pensé durante un año y entré en el Seminario», relataba entonces. A los 79 años hacía un balance rotundo de aquel paso: «Sé que acerté de pleno. He sido muy feliz todo este tiempo».

El obispo Manuel Llopis Ivorra lo mantuvo vinculado a Cáceres, donde desarrolló numerosos cometidos. Fue consiliario de Acción Católica, trabajó con las Hermandades del Trabajo, impartió enseñanza en El Brocense, ejerció como vicario de Apostolado Seglar e impulsó la obra apostólica Pax Christi. Sin embargo, dos ámbitos marcaron especialmente su trayectoria: las cofradías y las Hermanitas de los Pobres.

Misa en la residencia

En 2010 llevaba ya 47 años ejerciendo como capellán de las Hermanitas. Esa dedicación a los mayores permaneció hasta los últimos años de su vida. Luisma Rodríguez recuerda que en la Residencia Ciudad Jardín celebraba misa en la capilla y rezaba el rosario por las tardes, acompañando y atendiendo a sus residentes.

Quienes lo trataron recuerdan también al hombre que había detrás de todas aquellas responsabilidades. «Era alegre, simpático, agradable, afectuoso y cariñoso. Siempre ha estado dispuesto para nosotros», resume Rodríguez. Cáceres pierde así a uno de los sacerdotes que acompañaron durante más tiempo a sus hermandades y a una de las figuras fundamentales para entender el crecimiento de su Semana Santa contemporánea.

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