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Una historia de Cáceres a través de sus objetos

Los animales ocultos que cuentan la historia de los grandes linajes de Cáceres

Garzas, becerros y lagartos protagonizan algunos de los escudos más singulares que aún pueden descubrirse en los palacios de la Ciudad Monumental

Los escudos de los Galarza, Becerra y Sanabria.

Los escudos de los Galarza, Becerra y Sanabria. / CEDIDAS

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Jorge Rodríguez Velasco

Jorge Rodríguez Velasco

Cáceres

En los paseos por la Ciudad Monumental nos hemos topado con varios animales que han despertado nuestra curiosidad, como el león de la Real Audiencia o el mono de la casa homónima. Pero son muchos más los que, escondidos entre cornisas, fachadas y escudos, forman parte del paisaje de Cáceres. Algunos obligan a alzar la vista, como las gárgolas con forma de perros, leones o águilas que evacuan por sus fauces el agua de los tejados. Otros, sin embargo, figuran en los escudos de armas de antiguos linajes cacereños y los encontramos en las portadas de sus casas señoriales y en las laudas de sus enterramientos.

La fauna heráldica local es extensa y especialmente peculiar. El león, una de las figuras más antiguas y extendidas de la heráldica occidental, aparece en el propio escudo de la ciudad y en los blasones de los Durán o los Bejarano. El águila, otra de las grandes protagonistas de la heráldica, podemos verla en las armas de los Mayoralgo o de los Sande. Tampoco faltan osos, como los de los Mogollón y los Pizarro, ni lobos, presentes en los escudos de los Aponte, los Castro o los Villalobos. Y junto a ellos encontramos figuras menos habituales, como las cabezas de cuervo de los Tapia.

Hoy nos detendremos en tres blasonesprotagonizados por un ave, dos mamíferos y cuatro reptiles. Comenzamos en la plaza de Santa María, ante una de las portadas más emblemáticas de la ciudad, la del Palacio Episcopal. Sobre ella, una majestuosa garza preside el escudo episcopal que corona la fachada. Son las armas de quien puede considerarse, junto a LlopisIvorra, uno de los prelados más relevantes de la historia local, don Pedro García de Galarza, el gran obispo del Cáceres renacentista.

Natural de Bonilla de Huete, llegó a la silla episcopal de Coria en 1579 y durante los veinticinco años que gobernó la diócesis se convirtió en un importante impulsor de la vida religiosa, cultural y artística. A él debemos, entre otras iniciativas, la ampliación del Palacio Episcopal, la fundación del Seminario de San Pedro —en el solar que hoy ocupa el aparcamiento Galarza— y la convocatoria de dos sínodos diocesanos. A su llegada a Cáceres no vino solo.Junto al prelado se asentaron varios miembros de su parentela, que se integraron en la sociedad local y casaron con otros miembros de las principales familias cacereñas.

De la plaza de Santa María nos dirigimos ahora a la de San Jorge para detenernos ante la fachada de los Becerra, que hoy alberga la sede de la Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballestero. En la portada de este edificio se encuentran dos escudos gemelos en los que encontramosrepresentados dos crías de vaca, que constituyen las armas parlantes del linaje de los Becerra.

Esta familia ya aparece asentada en Cáceres desde la segunda mitad del siglo XIV, y desde fechas tempranas algunos de sus miembros ocuparon cargos de gobierno en el concejo. Varios individuos con este apellido figuran entre los caballeros cacereños presentes el 30 de junio de 1477, cuando la reina Isabel la Católica otorgó las ordenanzas por las que habría de regirse la villa. El gran ascenso del linaje se produjo, sin embargo, en la segunda mitad del siglo XV, cuando en apenas cincuenta años llegó a dar cuatro comendadores de la Orden de Santiago y dos de la de San Juan.

Terminamos nuestro paseo en el interior de la Concatedral de Santa María, ante una curiosa lauda funeraria del pasillo central que, aunque muy desgastada por el paso del tiempo, todavía conserva las armas de los Sanabria: unos lagartos bajo una losa. Algunas ramas de los Sanabria utilizaron este singular motivo heráldico, aunque su origen parece encontrarse en el linaje de los Losada, con el que los Sanabria tuvieron que entroncar. Este vínculo explicaría que determinadas ramas de los Sanabria sustituyeran sus armas por la de los Losada. En Cáceres encontramos varias ramas de este linaje, como los Gutiérrez de Sanabria y los Rodríguez de Sanabria, que formaron parte de la nobleza menor de la villa

Detrás de los lagartos se esconde una antigua leyenda que la tradición genealógica utilizó para explicar el origen de estas armas. Según el relato, en unas fértiles tierras de Galicia habitaban enormes lagartos que habían convertido la comarca en un lugar peligroso, pues se ocultaban bajo las grandes losas y atacaban a quienes se acercaban. Dos hermanos decidieron enfrentarse a ellos armados con sendas lanzas y fueron acabando uno a uno con los reptiles hasta liberar aquellas tierras. Como recompensa por su hazaña, recibieron la propiedad del lugar y unas armas que la recordasen.

Con los Sanabria cerramos, por ahora, nuestro paseo por la heráldica cacereña, que nos ha permitido conocer algunos de los linajes menos conocidos de Cáceres. Sus escudos, repartidos por iglesias y palacios de la Ciudad Monumental, forman parte del extraordinario legado heráldico que conserva nuestra ciudad.

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