Talento cacereño
La Fundación Atrio también ayudará al bailarín cacereño Álvaro Payo a llegar a Londres: "Tiene muchas posibilidades, tenemos que mandarlo"
La Fundación Atrio se ha sumado a los apoyos para que Álvaro Payo, bailarín cacereño de 17 años, pueda formarse en Londres. Jose Polo confirma que la entidad ayudará a cubrir los gastos pendientes para que el coste no frustre su oportunidad internacional

Álvaro Payo durante una práctica de danza clásica. / Cedida a El Periódico Extremadura

El sueño de Álvaro Payo vuelve a tomar impulso. Después de meses haciendo cuentas, llamando a puertas y tratando de salvar la distancia económica que separa Cáceres de Londres, el joven bailarín cacereño tiene desde ahora un nuevo apoyo: la Fundación Atrio Cáceres colaborará para que pueda continuar su formación en la English National Ballet School. Así lo ha confirmado a El Periódico Extremadura Jose Polo, copropietario de Atrio, después de que la entidad haya conocido de primera mano la situación del alumno. "Tenemos que mandarlo porque el niño tiene muchas posibilidades", ha afirmado.
No hay por ahora una cantidad concreta cerrada. La intención de Atrio es adaptarse a lo que finalmente quede pendiente una vez encajen las distintas aportaciones que se están gestionando. Puede ser una parte de la estancia, los gastos derivados del visado o cualquier otra necesidad imprescindible para que la opción de Londres pueda materializarse. "Hemos hablado con los padres y con la hermana, que son todos encantadores. El chico estaba un poco desencantado, pero vamos a participar también en la ayuda", ha explicado Polo.

Jose Polo, propietario de Atrio en Cáceres. / Rocío Muñoz
El movimiento supone un cambio importante en una historia que durante el verano estuvo marcada por la incertidumbre. Álvaro había conseguido lo más difícil, superar las pruebas de una escuela internacional especializada en la formación profesional de bailarines clásicos. Lo que no estaba resuelto era cómo pagar todo lo que viene después.
Una matrícula de más de 25.000 euros
El Periódico Extremadura contó el pasado mes de julio la historia del joven. Álvaro había viajado para realizar una prueba en la English National Ballet School y recibió la noticia de su admisión cuando regresaba hacia el aeropuerto. La respuesta fue casi inmediata. Una puerta enorme para alguien que había empezado a bailar con 10 años y que, con solo 17, veía la posibilidad de continuar su preparación fuera de España.
El problema apareció en las cifras. El curso superaba los 25.000 euros, una cantidad que su familia no podía asumir. Tras conocer la situación económica, la escuela volvió a estudiar el caso y planteó cubrir la matrícula. También se puso sobre la mesa una posible ayuda adicional, superior a 10.000 euros, destinada a afrontar parte de la estancia. Pero Londres no es solo la matrícula. Alojamiento, manutención, desplazamientos, viajes y los trámites necesarios para instalarse en Reino Unido elevan considerablemente la factura de un año de formación.
Ahí estaba el último obstáculo. "Está todo un poco en el aire", reconocía el propio Álvaro cuando este diario dio a conocer su caso. A comienzos de septiembre, sin embargo, alrededor del bailarín empiezan a moverse nuevas piezas.
Ayuntamiento y Diputación también se movilizan
Jose Polo relata que ha hablado personalmente sobre el caso con el alcalde de Cáceres, Rafa Mateos, y que el regidor tiene previsto buscar de nuevo una fórmula de apoyo vinculada al Consorcio Cáceres 2031. La Diputación Provincial de Cáceres, presidida por Miguel Ángel Morales, también ha reservado una partida para contribuir a que la oportunidad pueda salir adelante. Las cantidades definitivas y la fórmula de las aportaciones todavía tienen que terminar de encajarse.
Y a ese escenario se incorpora ahora la Fundación Atrio. La idea de la entidad es sencilla: conocer qué parte queda finalmente sin financiar después de sumar las distintas ayudas y colaborar donde sea necesario para que la falta de recursos no vuelva a convertirse en el último obstáculo. "Todas las instituciones están entregadas", ha señalado Polo.
El planteamiento no consiste, por tanto, en duplicar ayudas, sino en conseguir que las distintas aportaciones completen el presupuesto que necesita el joven. Atrio está dispuesto a cubrir una cantidad pendiente, hacerse cargo de algún gasto concreto como el visado o intervenir allí donde finalmente quede el agujero económico.
Dos bailarines como espejo
En Atrio conocen además otro ejemplo cercano de lo que puede significar una oportunidad internacional para un bailarín joven. Polo explica que en el restaurante Torre de Sande trabajan actualmente dos hermanos mellizos vinculados a la Escuela Rusa de Danza que, según relata, estuvieron bailando hasta junio en la Ópera de Estambul y continuarán su formación.
La conexión no se ha quedado en una simple coincidencia. Desde Atrio decidieron ponerlos en contacto con Álvaro para que pudiera conocer una experiencia de primera mano: la de dos jóvenes que también han tenido que salir, formarse y buscar oportunidades lejos de casa para avanzar en la danza.
Ese encuentro, explica Polo, ha servido para que Payo compruebe que una trayectoria internacional puede construirse cuando el talento encuentra el respaldo necesario.
El copropietario de Atrio concede especial importancia a la edad. A su juicio, los 17 años constituyen un momento especialmente adecuado para que Álvaro pueda afrontar una experiencia de este nivel.
"España es un país con potencial en ballet contemporáneo, pero no en clásico, y Londres es otro mundo", ha señalado Polo, que considera que una formación de este tipo puede resultar decisiva para el futuro profesional del cacereño.
De "Billy Elliot" al Conservatorio de Cáceres
El recorrido de Álvaro Payo comenzó bastante lejos de Londres. Tenía 10 años cuando vio el musical "Billy Elliot". Aquella historia de un niño que quería bailar terminó provocando una conversación en casa: le dijo a su madre que él también quería aprender danza.
Empezó entonces su formación en el Conservatorio Elemental El Brocense y posteriormente pasó al Conservatorio Profesional de Danza de Cáceres, donde se especializa en danza clásica.
Su evolución llamó pronto la atención de sus profesores. Este curso debía incorporarse a tercero, pero el equipo docente decidió promocionarlo directamente a quinto por su nivel, capacidad de trabajo y progresión.
Él mismo restaba importancia al salto cuando hablaba con este diario en julio. "Me veían capaz y lo cierto es que no me costó mucho adaptarme", explicaba.
También pertenece a una minoría todavía muy reducida dentro de las aulas. En su curso llegó a coincidir con cuatro chicos frente a alrededor de 50 o 60 chicas, según relató entonces. Su trayectoria ha ido creciendo precisamente en una disciplina, la danza clásica masculina, en la que el número de alumnos continúa siendo considerablemente inferior.
Una oportunidad que no quiere perder
La oportunidad londinense llegó después de una audición y de años de trabajo. La escuela vio posibilidades suficientes para admitirlo y posteriormente estudió su situación económica para intentar reducir el principal obstáculo.
Desde entonces, la carrera ya no se libra únicamente dentro de una sala de danza. La familia ha tenido que buscar recursos y trasladar el caso a instituciones y entidades privadas para reunir una cantidad que permita afrontar un año en una de las ciudades más caras de Europa.

Álvaro Payo, el bailarín cacereño que pretende cumplir su sueño internacional. / Gonzalo Lillo
La movilización ha pasado por distintas etapas. Durante el verano, su familia había contactado con administraciones y fundaciones sin tener todavía una solución completa. Ahora las conversaciones vuelven a acelerarse.
La entrada de la Fundación Atrio amplía esa red en un momento decisivo. La institución conoce proyectos vinculados a la formación y la cultura y ha decidido que el caso de Álvaro merece ese respaldo.
Polo insiste en que el objetivo debe ser evitar que un joven que ya ha demostrado sus condiciones tenga que detenerse por una cuestión exclusivamente económica.
En su caso, además, Londres representa algo más que un curso. Álvaro quiere dedicarse profesionalmente a la danza y ha contado que uno de sus grandes sueños sería llegar algún día al Royal Ballet y bailar "Don Quijote".
Antes queda un recorrido mucho más inmediato: cerrar las ayudas, resolver los gastos de la estancia y convertir una oportunidad académica en un viaje posible.
Durante meses, Álvaro Payo ha tenido delante una puerta abierta y una cuenta demasiado alta. Ahora, con el Ayuntamiento, la Diputación y la Fundación Atrio buscando la manera de empujar en la misma dirección, el bailarín cacereño vuelve a estar algo más cerca de cruzarla.
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