Historias de nuestra gente
María, más de 50 años repartiendo suerte por Cáceres con su inseparable romero: "La gente me quiere mucho"
Madre de siete hijos y vecina de Aldea Moret, se ha ganado el cariño de generaciones de cacereños por su sencillez, su carácter y esa cercanía que mantiene intacta con el paso de los años

María, la mujer del romero, sigue recorriendo las calles con la misma cercanía de siempre, repartiendo ramitas, buenos deseos y el cariño que tantos cacereños le devuelven desde hace décadas. / Carlos Gil

Es uno de esos rostros que bastantes cacereños reconocen nada más verlo. María Concepción Silva Vázquez lleva más de medio siglo recorriendo las calles de Cáceres con su inseparable bolsa, de la que va sacando pequeñas ramitas de romero para quienes se cruzan en su camino. Muchos la conocen como la mujer del romero. Junto a cada ramita repite una frase que se ha convertido en su sello personal: "Cógeme el romero de la suerte, que te voy a dar suerte. Que Dios te bendiga", dice. Ella sabe bien el cariño que despierta después de tanto tiempo: "La gente me quiere mucho, de verdad", cuenta sonriente.
María nació en Arroyomolinos de Montánchez y llegó a Cáceres cuando apenas tenía diez años. Aquí creció, formó su familia y ha pasado prácticamente toda su vida. Hace "por lo menos 50 años" que comenzó a ofrecer romero, calcula al intentar hacer memoria. Durante mucho tiempo era ella misma quien iba directamente al campo a recogerlo, una tarea de la que ahora se encarga uno de sus hijos. Después, María lo guarda en esa bolsa que nunca falta cuando sale a la calle y de la que va sacando las ramitas que ofrece a quienes se cruzan con ella.

María, la mujer del romero, sigue recorriendo las calles con la misma cercanía de siempre, repartiendo ramitas, buenos deseos y el cariño que tantos cacereños le devuelven desde hace décadas. / Carlos Gil
Aldea Moret
Su actividad requiere una buena dosis de energía. María vive en la zona de Las Minas, en Aldea Moret, y numerosas veces se viene andando hasta el centro de la ciudad para comenzar su recorrido. Son kilómetros que retratan bien el carácter de una mujer acostumbrada al esfuerzo y a seguir hacia delante. La vida le ha dejado momentos complicados, pero su espíritu luchador y su coraje no han decaído. Al contrario, siempre ha sabido encontrar fuerzas para sobreponerse y continuar.
Por encima de todo están sus siete hijos, su familia y los amigos que la han acompañado durante tantos años. María ha procurado estar al lado de los suyos y de quienes la han necesitado. Entre sus cualidades destaca una sencillez que le sale de forma natural: mira con buenos ojos a quien tiene delante, procura agradar y transmite cercanía, serenidad y cariño. Quienes llevan años tratándola lo tienen claro: "Es una auténtica fuera de serie", afirman a este periódico.

María, la mujer del romero, sigue recorriendo las calles con la misma cercanía de siempre, repartiendo ramitas, buenos deseos y el cariño que tantos cacereños le devuelven desde hace décadas. / Carlos Gil
Calles más concurridas
Los fines de semana es fácil encontrarse con María por algunas de las zonas más concurridas de la localidad, con su bolsa de romero y su paso tranquilo. La calle de los Obispos, la plaza de la Concepción, La Madrila o la calle Pizarro forman parte de un recorrido que conoce a la perfección y en el que también entra en bares y establecimientos para ofrecer sus ramitas y saludar a quienes encuentra a su paso. Son muchos los vecinos que se detienen a charlar unos minutos con ella. "La gente me ayuda y me ayuda mucho, la verdad", reconoce agradecida. María es cercana y amable, aunque deja muy claro que tiene carácter cuando la ocasión lo requiere: "Si me dicen cosas malas, pues no me voy a callar", admite con naturalidad.
Y así sigue María, bolsa en mano, avanzando entre saludos, conversaciones y muestras de afecto. "Me encanta porque me quiere mucho la gente. Las aprecio yo y me aprecian", comenta. Después de tantos años, su romero es igualmente una forma de acercarse a los demás, de desearles lo mejor y de compartir unos minutos con ellos. María lo hace como siempre, con una ramita, una sonrisa y ese "que Dios te bendiga" que resume buena parte de su manera de ser.

María, la mujer del romero, sigue recorriendo las calles con la misma cercanía de siempre, repartiendo ramitas, buenos deseos y el cariño que tantos cacereños le devuelven desde hace décadas. / Carlos Gil
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