Educación y nostalgia
La hermana Camino, la hermana Eliecer y José Luis Caldera: el legado de las Carmelitas de Cáceres contado por sus alumnos
Generaciones de cacereños comparten recuerdos de amistad, educación y valores forjados en Las Carmelitas durante su larga trayectoria en la ciudad
Hay colegios que terminan siendo mucho más que un lugar al que se va a estudiar. Para varias generaciones de cacereños, Las Carmelitas forman parte de los recuerdos de infancia y juventud: los amigos que todavía permanecen, los profesores, los recreos, las fiestas del colegio, la capilla, las escaleras del patio o aquellas monjas cuyos nombres siguen apareciendo décadas después. La marcha de las últimas religiosas Carmelitas de Cáceres, después de 135 años de presencia en la ciudad, ha abierto también una ventana a la memoria de quienes pasaron por sus aulas.
Antiguos alumnos o profesores de varias generaciones relatan sus recuerdos en el colegio religioso, poniendo el foco especialmente en las hermanas que ya no formarán parte de la vida cotidiana de los futuros alumnos del centro de la calle San Pedro de Alcántara.
Para Víctor Solo de Zaldíbar, el colegio fue, sobre todo, el lugar donde construyó algunas de las amistades que todavía conserva. Entró con tres años y terminó sus estudios en 2012, pero el vínculo con el centro iba mucho más allá de su propia experiencia: cuatro hermanos y hasta 24 primos de su familia pasaron también por Las Carmelitas. "Ha sido una casa para mí", resume, convencido de que allí se llevó "una de las cosas más importantes de la vida, que son los amigos". De aquella etapa guarda la sensación de haber formado parte de "una gran familia".

Equipo de fútbol de las Carmelitas. / Cedida
Entre sus recuerdos aparecen también las religiosas. Menciona especialmente a la hermana Eliecer, de quien recuerda que les enseñó "muchos valores" y que compartía con los alumnos una tradición muy propia del colegio, el llamado 'pan de ángel'. Para Víctor, aquella educación no tenía tanto que ver con recibir una formación diferente a la de otros centros como con aprender cuestiones que considera universales: "educación, respeto, disciplina y sobre todo ser buena persona".
El día a día, de hecho, tampoco estaba marcado exclusivamente por la religión. Había clases, recreos, actividades y la vida propia de cualquier colegio, aunque con momentos vinculados a la fe. Una vez a la semana tenían eucaristía y las celebraciones del calendario cristiano formaban parte de la vida del centro. Entre todas ellas, Víctor recuerda especialmente la fiesta de mayo, uno de esos acontecimientos que, años después, permanecen asociados a la infancia.
Eliecer, Maripaz, Mercedes Calle...
También Ana, antigua alumna, conserva una imagen muy concreta de aquellos años. Habla de una etapa "muy formativa", precisamente en el momento en el que una persona empieza a descubrir quién es y qué valores quiere hacer suyos. Recuerda el orden y la disciplina, pero también las risas entre compañeras, los festivales de Navidad y las actividades del colegio. Y guarda en la memoria pequeños detalles que quizá entonces parecían insignificantes y que hoy forman parte de su particular fotografía de Las Carmelitas: "las escaleras del patio, los festivales de Navidad, la fiesta del colegio, Toñi en la portería, Juan en la puerta verde...".
En sus recuerdos, las hermanas ocupan un lugar central. De hecho, recoge el testigo de Víctor, pese a ser de dos generaciones distintas, y recuerda especialmente a la hermana Eliecer, que les enseñó a leer. Pero también a la hermana Pilar de Pablos, que impartía Sociales; a Maripaz, de quien conserva en la memoria su característica sonrisa; y a María Luisa, que siempre encontraba "una palabra de ánimo cuando las cosas no iban bien". Con el paso de los años, explica, ha entendido mejor "la dedicación y el esfuerzo que suponía llevar un colegio como aquel".

La Hermana Dolores. / Antiguos alumnos
También Ángel Guisado habla de su paso por el centro desde el recuerdo positivo. Estudió allí entre la ESO y Bachillerato desde 2006 y asegura que guarda "muy buenos recuerdos" tanto de las monjas como de los profesores. Entre estos últimos menciona a Maripaz, Ángela, Lara o Mercedes Calle, mientras que de las religiosas recuerda especialmente el trato recibido y la influencia que tuvieron en su formación. "Todo lo que hacían por nosotros y por los alumnos creo que ha sido siempre bueno", señala.
En su caso, la dimensión religiosa sí tuvo un peso especial. Recuerda los momentos de oración en la capilla y las misas vinculadas a las fiestas del colegio, pero describe también una rutina esencialmente normal, con clases, recreos y actividades extraescolares. "El día a día era un día a día normal", explica. Él, que se define como cristiano y creyente, por lo que considera además que aquella formación religiosa y cristiana fue una parte importante de su educación.
Quince años al otro lado de las aulas
Esa memoria no pertenece únicamente a quienes fueron alumnos. Marie Christine, que trabajó durante 15 años como profesora de francés en el centro y que también tuvo allí a su hija como alumna, recuerda Las Carmelitas como una etapa "muy feliz". Destaca especialmente el ambiente del colegio y la libertad que sintió para desarrollar sus clases.
En su recuerdo aparecen también las religiosas con las que compartió aquellos años. Habla de hermanas como Carmen Gómez y de otras anteriores que desempeñaban labores docentes, directivas o administrativas. Las define como personas "muy competentes", que cumplían con sus responsabilidades sin buscar protagonismo y que mantenían una relación cercana con el resto de la comunidad educativa. Algunas, cuenta, llegaron a convertirse incluso en amigas.

Imagen antigua de alumnos de las Carmelitas de Cáceres. / Antiguos alumnos
La profesora, ya jubilada, considera que una de las señas de identidad de aquellas religiosas era la coherencia entre lo que defendían y la forma en que vivían. Habla de personas "comprometidas, respetuosas, sensibles y serias en sus compromisos" y cree que los valores que transmitían eran "auténticos". Por eso, ante su marcha, considera que solo cabe "dar gracias por el paso que han tenido por nuestra ciudad y por el bien que han hecho".
Caldera, en la memoria de todos
Entre los nombres que aparecen en su memoria, como en la de otros antiguos alumnos, está también José Luis Caldera, una figura especialmente querida por quienes pasaron por el colegio. "Era muy cercano y muy querido", recuerda Marie Christine. "Era como uno más en la casa".
Al querido párroco recuerda también Elena, vecina del barrio y antigua alumna. "Todos lo adorábamos, era una persona excelente. Una maravilla". No hay nadie que no haya tenido palabras buenas hacia Caldera.

José Luis Caldera. / Vedruna Cáceres
La cacereña recuerda igualmente a algunas hermanas que, pese a ser exigentes, no dejaban de ser "buenas".
Y hay otros nombres que siguen vinculados a asignaturas y etapas concretas, como las hermanas Camino e Isabel, que impartían respectivamente Matemáticas y Física y Química en BUP. Son recuerdos de una época en la que las religiosas no eran únicamente una presencia vinculada a la dirección o a la dimensión religiosa del centro, sino también profesoras que acompañaban a los alumnos en materias concretas y en los años decisivos de su formación.
Una identidad que permanece
La huella de Las Carmelitas alcanza también a antiguos alumnos que han continuado ligados a la vida pública de la ciudad y de Extremadura. Por ejemplo, en la misma línea se expresa Elena Nevado, la que fuera alcaldesa de Cáceres, alumna del colegio y actual parlamentaria europea que en declaraciones a este diario confiesa: "Soy Carmelita, esa es la huella y la seña de identidad que tengo del centro donde me formé, donde aprendí valores que a lo largo de mi vida me han sostenido como persona".

Elena Nevado, de pequeña en las Carmelitas. / Cedida
Nevado recuerda su paso por el centro compartido con sus hermanas y donde conoció a las que hoy siguen siendo sus amigas. Las Carmelitas es también el cole por el que pasaron sus hijas, "que pisaron los mismos pasillos, jugaron en el mismo patio y asentaron sus principios, esos que te impulsan a querer ser mejor persona, a ser parte de la sociedad en la que vives".
Y añade: "Ser Carmelita es una seña de identidad que te acompaña siempre, te recuerda el valor del esfuerzo del compañerismo y de la fe. Carmelita son profesores que te enseñaron a sumar y restar en el sentido más amplio. Es ser mujer y querer serlo, ser Vedruna -concluye- es creer en un mundo nuevo".
El recuerdo ha alcanzado también a la actual presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, antigua alumna del centro, que tras conocerse la marcha de las religiosas quiso agradecerles públicamente los valores transmitidos a generaciones de extremeños. "Quiero darles las gracias. Por los valores que transmitieron a muchas generaciones de extremeñas y extremeños", señaló Guardiola, que recuperó además una frase estrechamente ligada a la identidad Vedruna: "Amor y más amor, que nunca dice basta". "Lo aprendí en ‘Las Carmelitas’, mi colegio en Cáceres", añadió, antes de reconocer que "la mujer que soy les debe mucho".
Reconocimiento de la ciudad
También el alcalde de Cáceres, Rafa Mateos, ha querido reconocer la trayectoria de las religiosas coincidiendo con su salida de la ciudad. "Me gustaría, como alcalde de Cáceres, agradecer la labor que ha llevado a cabo en nuestra ciudad la congregación de las Carmelitas durante más de 135 años", señaló, poniendo el acento en las "muchas generaciones de cacereños y cacereñas que han pasado por sus aulas y a quienes han formado en principios y valores". Su despedida fue igualmente en clave de agradecimiento: "Vaya desde aquí nuestro reconocimiento, nuestro cariño y nuestro aprecio".

Rafa Mateos junto a la madre Gracia Gil, superiora provincial de las Hermanas Carmelitas de la Caridad de la Provincia Vedruna de Europa, y la madre Inmaculada Eibe, miembro del Equipo Provincial, en alcaldía. / Cedida a El Periódico
Las cuatro religiosas que permanecían en Cáceres dejan ahora la ciudad y han sido reubicadas en comunidades de Valladolid y León. El colegio, sin embargo, continúa. Las Carmelitas se marchan físicamente, pero quedan los antiguos alumnos, los profesores, las familias y una memoria que se ha ido transmitiendo de generación en generación.
Quizá por eso, más allá de los años, las aulas o las asignaturas, los recuerdos que afloran estos días tienen mucho que ver con las personas. Con una hermana que enseñó a leer, otra que daba Matemáticas, una profesora que sabía cuándo ser exigente, un sacerdote al que todos recuerdan con cariño, los amigos que siguen ahí décadas después o aquella fiesta de mayo que parecía entonces una más.
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