EL CORONAVIRUS HACE POSIBLE UN RELATO, OBRA DE SORAYA FERNÁNDEZ LÓPEZ

La vida del abuelo Julián sale del encierro

Un libro recopila la historia de un piornalego de 86 años que gracias a su asistente social saca a la luz los retazos de su experiencia vital que anotaba en libretas y cuadernos. «No olvido la mili», dice mientras recuerda las penurias que pasó

La vida del abuelo Julián sale del encierro

La vida del abuelo Julián sale del encierro

«El abuelo Julián es mucho más que un libro, es una vida, es un regalo, es un sueño hecho realidad». Lo dice Soraya mientras agarra con sus manos las manos de Julián en esta mañana soleada de principios de marzo en la residencia de mayores de Piornal, un paraíso de vida y esperanza tras el zarpazo de la pandemia.

La historia de este relato son más que palabras escritas en hojas aleatorias: es una historia que llega al corazón. Soraya Fernández López es la responsable de la empresa Activa-mente, ella es trabajadora social. Se desplaza a centros y viviendas donde están las personas ancianas. Desarrolla su labor en dos residencias, la de Tormantos en el municipio a mayor altitud de toda la región y El Cerro, en Casas del Castañar.

Soraya lleva tres años en Piornal, donde conoció a Julián Rama Ramos, uno de sus residentes, de 86 años. Hacía tiempo que el fin de su nieta era recopilar los escritos que su abuelo había transcrito de su vida en libretas y cuadernos. «Un día salió la conversación, Julián me habló que le gustaría que se lo pasaran a ordenador y le comenté que cuando tuviera un ratito lo haría», recuerda la autora.

Cuando llegó el covid, todos los usuarios tuvieron que estar encerrados y a Soraya la mandaron para casa. Ahí fue el momento en el que vio la oportunidad de recoger esas vivencias de Julián. «Cuando empecé a leer los cuadernos que tenía le llamé por teléfono y le manifesté que esos testimonios había que aprovecharlos. ¿Cómo ve la idea de que saquemos un libro?», le pregunté. «Por supuesto, para adelante», contestó.

Cada vez que Soraya mantenía conversaciones con personas mayores, le contaban grandes historias y ella pensaba: «¡Qué pena que esta sabiduría se quede solamente en estas cuatro paredes!» Por primera vez, una de esas historias salió a la luz. De entre ellas, la que más le llamó la atención a la trabajadora social y la que más le gusta siempre contar a Julián es la que se refiere al servicio militar.

Un río a nado

Un río a nado«A él, como a los demás, lo tallaron para comprobar cuánto medía, cuánto pesaba, para ver si era apto o no para realizar el servicio militar. Corría finales de febrero principios de marzo, tuvo que desplazarse a pie al lugar donde le hacían las pruebas en su pueblo y se encontraba muy lejos de allí. Por lo visto, días antes se puso a llover y a nevar un montón y para llegar, él y sus compañeros pasaron verdaderas penurias, como atravesar un río a nado porque no les dejaron meterse en ninguna embarcación, cogieron un autobús a cambio de aceite. Al final llegaron a tiempo para la talla de la mili», evoca Soraya. Cada vez que Julián lo recuerda no puede reprimir las lágrimas, porque encontró a personas muy buenas que le ayudaron sin tener por qué, pero lo hicieron.

Julián se dedicó al campo. Su mujer se llama Basilia y vive con él en la residencia. Tienen tres hijos y cinco nietas. «El covid nos ha traído bastantes cosas malas y desgraciadamente, en ese sentido numerosas muertes de abuelitos. Pero tenemos que quedarnos con la parte de que se ha visibilizado a los centros de mayores, a los que antes apenas se tenían en cuenta», admite la autora.

Como resultado de esta historia de vida, nació un libro que necesitaba financiación para ser editado. Así que iniciaron una campaña de mecenazgo. El éxito fue tal que ahora todas las bibliotecas municipales del Jerte tendrán un ejemplar que sale de cuatro paredes y echa a volar.