Quedan en pie pocos establecimientos a los que se le tenga tanto respeto reverencial como este templo del buen yantar que lleva toda una vida dando de beber y de comer de verdadero infarto. Flori García y Cipriano Jara son los dueños del hostal-restaurante La Palmera. Reciben a El Periódico Extremadura con una sonrisa franca y gran naturalidad.

Antigua imagen de la pista. ALBERTO MANZANO

Ahí siguen sin perder el oficio y la raza a pesar de las dificultades del coronavirus, con paciencia y dedicación. La historia del negocio se remonta en torno al año 1963, cuando los padres de Flori, Florentino García y Florentina Díaz (los tres se llaman exactamente igual) decidieron abrir su propio local. Ambos venían con una amplia trayectoria en el mundo de la hostelería (tras varias generaciones) y regentaban un bar llamado ‘Las Vegas’ en el centro de la localidad.

En el restaurante. ALBERTO MANZANO

Con el tiempo, la pareja compró un mesón en la Avenida de Trujillo, donde actualmente funciona el restaurante-bar Casablanca y anteriormente obtuvieron un solar en la misma vía, en el número 121, donde abrieron una pista de verano. Este sitio fue un verdadero referente en la región. Allí se organizaban bailes y conciertos desde junio hasta octubre, por eso, porque siempre funciona activar el poderoso chip de la nostalgia, dichas instalaciones han sido motor de la diversión durante décadas y han marcado a diferentes generaciones.

Recinto de magníficos eventos de grupos de alcance nacional e internacional y que pasaron por el espacio durante la época de ferias y fiestas. Artistas de la talla de Manolo Escobar, Rocío Jurado, Rocío Dúrcal, Mocedades, Isabel Pantoja, Camilo Sesto, José Luis Perales, Víctor Manuel, Ana Belén, Al bano (fue sin Romina), Georgie Dann, Juan Pardo, María Jiménez y muchísimos más… todas las actuaciones se desarrollaron entre 1975 y 1984. De Rocío Jurado recuerdan que dio un fantástico espectáculo.

"La pista se levantó a modo de bancales donde la gente se podía sentar para ver a los artistas"

La pista tuvo dos fases, en la primera se realizó un escenario muy amplio y en la segunda se agrandó todavía más, cuando compró su padre una cerca de al lado, se ejecutaron tres espacios.

Se construyó a modo de bancales donde la gente se podía sentar para ver a los artistas. Llegaron a entrar 5.000 o 6.000 personas, en los festejos había una actuación distinta cada día entre el 9 y el 15 de agosto.

 «Mi padre disponía de un representante y le indicaba más o menos quién era el cantante estrella para la época estival y se la jugaba porque los contratos se firmaban en enero. La inversión se realizaba a principios de año y hasta verano no actuaban, fíjate la incertidumbre… y como hubiese tormenta lo perdían todo», cuenta Flori. Los artistas unos se hospedaban en algún hotel del pueblo y otros iban y venían en el día. 

Una de las dependencias. ALBERTO MANZANO

El complejo se llama La Palmera porque a lo largo de la obra uno de los albañiles se la regaló a la familia. Y desde entonces sigue siendo un referente indiscutible para Miajadas.

Escudo del Atlético de Madrid. ALBERTO MANZANO