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LOS MUNICIPIOS DE LA PROVINCIA DE CÁCERES SON UN BUEN NICHO DE MERCADO

Castañar de Ibor, un ejemplo de emprender en los pueblos

Marcial Curiel y Begoña Mateos tienen un vivero de plantas y una fábrica de muebles. «Tanto mi mujer como yo le echamos muchas horas al negocio», dice Curiel

Marcial Curiel en el vivero de Castañar de Ibor.

Marcial Curiel en el vivero de Castañar de Ibor. / ALBERTO MANZANO

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Alberto Manzano Cortés

Alberto Manzano Cortés

Castañar de Ibor

Marcial Curiel y Begoña Mateos (matrimonio de la localidad cacereña de Robledollano), son los responsables del vivero de Castañar de Ibor; llevan casi cinco años de experiencia en la venta de plantas ornamentales (en maceta), frutales, hortaliza para los huertos, olivos, abonos y productos fitosanitarios.

«Montamos el negocio porque los vecinos del pueblo y alrededores lo demandaron. La gente está invirtiendo en poner las casas a punto y sus campos. Apuestan por entornos agradables, por cultivar productos de calidad y gran sabor para el autoconsumo», analiza Marcial, que es un gran especialista en la materia.

El género lo traen de Talavera de la Reina (Toledo) donde dispone de una excelente condición. «Tanto mi mujer como yo le echamos muchas horas al negocio. También lo compaginamos con una tienda de muebles. Todos nuestros muebles son buenos y además poseemos servicio de carpintería y cierres metálicos», explica.

Imagen del vivero de la localidad cacereña.

Imagen del vivero de la localidad cacereña. / ALBERTO MANZANO

Los jardines fueron recobrando el color durante la pandemia del coronavirus, igual que las huertas. Pese al crecimiento de las ventas, el sector sufrió los efectos de la crisis. «Los árboles frutales los estamos vendiendo genial, nos ha ido bien. Aunque actualmente con las altas temperaturas la cosa se queda un poco más floja», cuenta en declaraciones a El Periódico mientras nos enseña las instalaciones.

Hace referencia al dicho de ‘en casa de herrero cuchillo de palo’ cuando le preguntamos si dedica muchas horas al jardín de su vivienda. «Tenemos un jardín precioso pero siempre le destinamos más tiempo al vivero», confiesa entre risas. En los centros de jardinería dicen que está entrando la gente joven. «Es una señal muy buena, de que quieren estar al aire libre, aprecian lo natural, los árboles, las plantas de flor, cada uno en función de su poder adquisitivo», concluye el empresario.

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