Más de una década después de que comenzara a construirse el Palacio del Cerezo en Flor (en 2010), la infraestructura permanece a la espera de estrenarse en el corazón del Valle del Jerte, pese a que las obras (que supusieron un coste de algo más de 2 millones de euros) fueron recepcionadas en 2019, tras un proceso de construcción lento que tuvo que enfrentarse a los duros recortes de la crisis de la crisis financiera global de 2008.

Las obras fueron paralizadas y se inició un largo proceso de construcción que se arrastró durante nueve años y que, aun hoy, requieren de una nueva intervención por parte de la Junta de Extremadura para poder dotar de contenido este palacio, que se ubica en una parcela, en el término municipal de Cabrero, junto a la N-110.

Desde la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes manifiestan que, «en la actualidad, tras las conversaciones mantenidas con la Mancomunidad de Municipios del Valle del Jerte, se está llevando a cabo un trabajo de análisis y estudio, para valorar la situación actual de la edificación y proponer las mejoras necesarias».

Todo ello, para que «sea un espacio que dé respuesta a las demandas de la ciudadanía de su entorno», apuntan desde la consejería que pilota Nuria Flores.

De hecho, a finales de abril tuvo lugar en Navaconcejo el primer Laboratorio Ciudadano de Ecosistemas Culturales del Valle del Jerte para poner en común ideas en torno a la cultura en la zona y el uso del Palacio del Cerezo. Un proyecto que puso encima de la mesa las posibilidades de activación de este recurso, que languidece en la comarca con el paso del tiempo.

HABITAR EL PALACIO/ Ese proyecto se denomina «Habitar el palacio» y lo ha puesto en marcha el colectivo de arquitectos y mediadores cAnicca, con el objetivo de articular un proceso ciudadano para dotar de contenido este espacio inacabado, donde la Administración, la Mancomunidad del Valle del Jerte y los vecinos tengan un papel protagonista.

Lo que cAnicca plantea con su propuesta es un proceso de trabajo con los habitantes del Valle del Jerte para «pensar el sentido y el significado del Palacio del Cerezo y diseñar un plan de activación del espacio», apuntan desde el estudio de arquitectos.

LEJOS DEL PROYECTO ORIGINAL/ En su origen, el proyecto asumió la condición de símbolo para perpetuar el acontecimiento efímero que supone anualmente el cerezo en flor y que ha otorgado fama mundial al Jerte y a Extremadura.

Incluso las bases del concurso pedían un espacio integrado en el paisaje singular del valle, que se aleja de la infraestructura que se yergue actualmente, y que ya ha calado en la retina de los jerteños, y también del proyecto original de los arquitectos Cristina Díaz Moreno y Efrén García Grinda (AMID arquitectos-estudio cero9).