De Malpartida de Cáceres a Uganda hay más de 8.000 kilómetros. Un país que en 2020 sonó en redes por los vídeos virales de los menores del centro Masaka Kids Africana, bailando temas como el popular «Jerusalema» en un refugio donde ofrecen comida, ropa, educación y atención sanitaria a huérfanos. 

Pero más allá de la cara amable de este grupo de infantes que organizan coreografías que alcanzan millones de visitas en la red, gracias al impulso de rostros musicales famosos como Daddy Yankee, los caminos de polvo y los terrenos agrietados de Uganda siguen mostrando su cara más dura: la falta de recursos en un país azotado por la guerra, la hambruna y el sida.

Uganda todavía no ha visto el fin de estos problemas que han tenido graves consecuencias para los niños.

Y esto lo sabe bien un grupo de malpartideñas, que están realizando un voluntariado en tierras ugandeñas, en un programa de reciente desarrollo, y que han iniciado una campaña de ‘crowdfunding’ (en la plataforma GoFundMe) con el objetivo de terminar la construcción de un orfanato en el país africano.

El grupo trabaja dentro de una comunidad, con niños y niñas provenientes de familias con graves dificultades socioeconómicas. El orfanato se comenzó a construir para albergar a casi 200 niños, pero «de esto hace 6 años, y ha quedado paralizada la obra por la falta de recursos», explica Beatriz Sicilia en la campaña que ha iniciado. 

«Nos gustaría poder dar un hogar a todos aquellos niños que actualmente viven en condiciones muy precarias». Con la ayuda recibida (ya han recaudado casi 1.000 euros de los 10.000 que solicitan) se encargarán, «sin intermediarios, de comprar los materiales de construcción, con la asesoría del director de la escuela (anexa al orfanato) y del proyecto».

Muchas familias ugandeses son forzadas a abandonar a sus niños para buscar mejores oportunidades de trabajo y así brindarles una calidad de vida a sus hijos. Los voluntarios de programas de ayuda exterior se dedican organizar actividades y clases de matemática, inglés o asignaturas básicas, además de juegos didácticos. También apoyan en el mantenimiento de la comunidad, con la preparación de alimentos, limpieza y organización de los espacios.