El albergue y campamento juvenil Carlos V de Jerte se cierra después de más de 40 años como centro público. La Consejería de Igualdad y Cooperación para el Desarrollo de la Junta de Extremadura ha decidido no renovar el contrato de alquiler de los terrenos. «Un alquiler muy barato para unos terrenos que pertenecen a una comunidad de propietarios de Jerte», lamenta el director del centro, Raúl Guillén

El personal será reubicado y la plaza de responsable, amortizada.

Situado en un entorno privilegiado, a la entrada de la Reserva Natural Garganta de los Infiernos, Guillén explica que «por este centro han pasado generaciones de maestros durante su periodo de prácticas, asociaciones de toda índole, jóvenes, monitores, etc.».

Es un centro público de referencia, que depende del Instituto de la Juventud de Extremadura (IJEx). «Supongo que la decisión a la hora de cerrar un centro no es fácil y tendrán sus razones de peso, pero no parece lo más lógico ahora que en plena pandemia buscamos espacios abiertos Y desechamos un centro que tiene 60.000 metros cuadrados al aire libre y en plena naturaleza».

La Junta abandonará las instalaciones, en las que habría invertido, a lo largo de los años, varios millones de euros (bungalows, piscina y diversas edificaciones).

Despoblación

«Ahora que tanto se habla de la España vaciada, se deja sin servicio público a un centro ubicado entre dos poblaciones de menos de 2.000 habitantes: Jerte y Cabezuela del Valle», lamenta Guillén. Con las consecuencias negativas que esto tendrá para los proveedores de la zona.

«Ahora que intentamos poner de relieve la importancia de lo rural, ponemos otra piedrecita en el camino para no seguir creyendo en los modelos de desarrollo rural y en las medidas de reto demográfico», expresa amargamente el hasta ahora responsable del centro.

«Ahora que el Gobierno nacional impulsa la descentralización de la Administración, aquí en Extremadura amortizamos plazas de funcionario en la periferia para centralizar los servicios».

El albergue juvenil ha sido un centro de trabajo para 14 personas, «que lo más probable es que sean ubicadas en centros más cercanos de la ciudad de Plasencia, lo que supone un detrimento» para la economía local del entorno del Valle del Jerte.

 «Solo soy un simple trabajador público, que cree la gestión pública. Y no soy nadie para criticar una decisión administrativa, pero no encontramos razones para que la Junta decida abandonar estas instalaciones sin dar explicaciones», zanja Guillén.