Fiestas de Interés Turístico Regional
La Enramá, una cita que enamora a los mozos jurdanos
Pinofranqueado celebró ayer una nueva edición de su tradicional celebración que fomenta el noviazgo entre los jóvenes del pueblo. En la fiesta participaron unas setentas parejas que desfilaron en el pasacalles al son del tamboril y bailaron la jota del arco alrededor de la iglesia local

Carlos Gil

La Enramá volvió ayer con su cita de interés turístico regional que une a los mozos y mozas de Pinofranqueado. Una celebración costumbrista y de arraigo en el término municipal de dicha localidad jurdana que tiene un objetivo, más de antaño que actual, fomentar el noviazgo entre los jóvenes del pueblo. En el día grande de este festejo, los novios temporales elegidos mediante sorteo van en busca de su pareja y visitan los hogares de sus ‘suegros’, una vez allí, la ‘novia’ coloca en su solapa la enramá (ramilletes confeccionado con la flor del junco y otras variedades silvestres de temporada). Tras este encuentro, las parejas salen de las casas, estas son recibidas entre aplausos y acompañadas por un pasacalles hasta la plaza Reina Victoria donde todos los emparejados juntos bailan la ‘Jota del arco’, una danza donde los chicos y chicas entrelazan sus brazos en forma de arco formando un gran pasillo que todas las parejas deben cruzar por debajo, todo ello, al son de la música tradicional del tamboril y la gaita.
Aunque el día grande de esta festividad se celebró este sábado, 24 de agosto, el ritual comenzó en la noche del jueves y terminó en la madrugada del viernes, momento donde se produjo el sorteo, ‘con quien digo y con quién diré, que une de forma temporal a los jóvenes que participan en La Enramá. Una tradición que organizan y desarrollan un grupo de las generaciones mayores y de los participantes, estos son los encargados de cuadrar las parejas para que no estén desequilibradas en el tema de la edad, por esta razón, hay tres bolsas donde se colocan en grupos diferentes «por ejemplo, de 14 a 17 años, de 18 a 22 y otros para los que superen esa edad», explicó Jaime De Cáceres, concejal de Festejos del Ayuntamiento de Pinofranqueado. Los organizadores del sorteo también se encargan de encontrar el número necesario de participantes, «este año hubo falta de chicos», comentó De Cáceres, pero destacó que estos problemas son habituales, «unas veces hay carencia de hombre y en otras de mujeres», pero este es un pequeño problema que se suele solucionar.

Así ha sido la 'Enramá' de Pinofranqueado en imágenes / Carlos Gil
Para participar en La Enramá no hay una edad máxima, aunque el concejal del ayuntamiento local expone que «cada vez se apuntan menos mayores y la gente deja de colaborar sobre los 24 o 25 años aunque siempre hay parejas con más edad», explicó De Cáceres. En esta edición los emparejados más veteranos rondan los 35 años y en total este año participaron unas 73 parejas, 48 de la categoría de mayores y unas 25 de la versión infantil (no sorteadas).
A dicho sorteo no pueden asistir las mujeres y como marca la tradición, los chicos deben mojar a las curiosas que quieren conocer a sus futuras ‘parejas’ y no pueden realizar el emparejamiento aleatorio hasta que las mozas no estuviesen en sus casas. Antiguamente las chicas no solían acercarse para averiguar el resultado, pero durante los últimos años esta costumbre no está tan viva y muchas son las mujeres que salen y, por esta razón, este día «se ha convertido en una guerra de agua entre chicos y chicas", comentó De Cáceres.
Ruta de La Enramá
Además, en la noche del jueves al viernes no solo se decidió por sorteo las parejas, también se diseñó la hoja de ruta del pasacalles de La Enramá acompañado por los tamborileros que empieza en la plaza local y termina en la misma. Un recorrido que depende del número de viviendas, «antiguamente cada una partía desde su casa pero ahora salen tres o cuatro parejas de la misma, por el tema de la vergüenza», explicó De Cáceres.
Esta edición de la fiesta de interés turístico regional contó con un taller de elaboración de la Enramá donde las participantes aprendieron a confeccionar sus propios ramilletes. Dos expertos en la materia enseñaron, el pasado viernes, a las mujeres como tratar y dar forma a la flor del junco y a crear los ramos que el sábado colocaron en la solapa de su pareja temporal. Esta actividad tuvo un límite de edad de 25 años con un objetivo, atraer a las jóvenes para que realicen su propio ramo, aprender y guardar la tradición del diseño de los adornos florales de La Enramá. En años anteriores eran las madres quienes participaban en este taller, por esta razón, «hemos puesto esta condición», señaló el concejal.
El día grande de La Enramá comenzó con un desayuno con la típica ronda por el pueblo donde los interesados degustaron los matahambres (dulce típico de Las Hurdes bañado en miel o azúcar) y aguardiente para todo aquel que quisiera, mientras que, los actos relacionados con el ritual comenzaron por la tarde. Sobre las 18.00 horas empezó La Enramá en su versión infantil para niños y niñas de hasta unos 12 o 13 años que desfilaron desde el centro de documentación de la localidad hasta la plaza Reina Victoria y ,una vez allí, los pequeños de esta Fiesta de Interés Turístico Regional realizaron la jota del arco. En esta categoría participan unas 25 parejas y los más pequeños rondaban los 2 o 3 años.
Tras finalizar la versión infantil, comenzó el momento de los mayores con un pasacalles que empezó en la plaza del pueblo (Reina Victoria) acompañado de la música de los tamborileros. Unos instantes antes, cada ‘novio’ visitó la vivienda de su pareja donde sus ‘suegros’ lo esperaban con algún aperitivo, dulce y bebida. Tras este recibimiento, la chica colocaba la enramá en la solapa del chico y una vez que llegaba el desfile musical, los jóvenes salían de la casa vitoreados y continúan en busca de las demás parejas.
Pasacalles
En dicho pasacalles se encontraban dos de los organizadores del sorteo, Alex Martín y Hugo Vázquez, encargados de cuadrar las parejas y buscar a los chicos que faltaban en esta edición , dos jóvenesque llevan participando en La Enramá 8 y 9 años (respectivamente). Martín destacó que «es una tradición hurdana de gran belleza que hay que conservar», algo que secunda Vázquez «hay que apoyar las costumbres locales y nunca se sabe si en alguna edición surgirá el amor», bromeó. Una herencia que Leire Aramendi, natural del País Vasco, comentó que «sirve para conocer e integrarte en el pueblo», una chica que aunque resida en el norte de España conserva el arraigo del pueblo donde crecieron sus abuelos. En La Enramá no solo asiten jóvenes del término municipal de Pinofranqueado, Raquel Barbero de Caminomorisco participa en su tercera edición y en esta ocasión su pareja fue Izan Hernández que lleva 10 ediciones «para mantener vida esta fiesta».
Una vez reunidas todas estas parejas, el pasacalles se dirigió a la plaza de Pinofranqueado y allí, se produjo uno de los momentos más característicos y emotivos de La Enramá, la jota del arco alrededor de la iglesia al son del tamboril y la gaita. Después de la danza tradicional, se repartió sangría para todos los participantes y asistentes a este evento que guarda la tradición de los ancestros del término municipal de Pinofranqueado.
Acabado el ritual, todas las parejas de La Enramá comen juntos en una cena organizada por el ayuntamiento. Aunque la tradición acaba con el baile, la fiesta continuó sobre las 23.30 horas con un tributo al Barrio y a Niña Pastori y terminó con tres dj.
Cambios de costumbre
La tradición a lo largo de los años ha cambiado en ciertos puntos del ritual de La Enramá. Antonio Azabal, vecino de Pinofranqueado que tiene 79 años, comentó a El Periódico Extremadura como era antiguamente esta Fiesta de Interés Turístico Regional.
El sorteo se celebraba todos los años en la noche de las vísperas de San Bartolomé, 23 de agosto, en la torre de la plaza de Pinofranqueado, al cual acudían todos los hombres que participaban y un representante que anunciaba los emparejamientos. Al llamamiento de «con quién digo» daban a conocer el chico seleccionado y a la voz de «con quién diré» se anunciaba a la chica, mientras que, al grito de «va bien» los presentes validaban este emparejamiento que la suerte había formado y , una vez formalizado, se tocaban tres campanadas.
Tras dicho sorteo, los mozos seleccionados actuaban como ‘pareja’ hasta el domingo, momento en el cual los jóvenes de por aquel entonces bailaban en la plaza. Dicho emparejamiento duraba hasta la jornada dominical de La Enramá, sin importar los días que tuvieran que pasar. Durante estas fechas los novios pasaban tiempo juntos, «los chicos acompañaban a la novia a la fuente ,puesto que, por esa época no había agua potable en el pueblo o se tomaban algo juntos en el bar», recordó Azabal. Llegado el domingo, los mozos recorrían el pueblo con la música de tamboril y recogían a las mozas en sus casas donde ellas les ponían el adorno floral, la enramá, una costumbre que se mantiene hoy en día. El cambio con respeto a la tradición de antaño es la danza, en la actualidad se efectua la jota del arco y, por aquellos años, se realizaba el primer baile agarrado cada uno con su pareja al son del tamboril.
Matrimonio de La Enramá
Antonio Azabal guarda un gran recuerdo de su participación en La Enramá, aunque su historia no empezó con buen pie, puesto que, la primera y la segunda vez que se apuntó a esta fiesta tenía unos 14 o 15 años y fue emparejado con dos mozas solteras que por aquel entonces eran mucho más mayores que él, el tercer sorteo fue con una mujer de su edad y a la cuarta fue la vencida, en esta ocasión le tocó con Carolina Cáceres, la mujer con la que está casado a día de hoy. La gente por aquella época, 1962 o 63, «me decía que habíamos hecho trampa », cosa que niega rotundamente Azabal, puesto que, «el sorteo lo hacían los mayores». Este matrimonio lleva 54 años casados y como fruto de este enlace tuvieron cuatro hijas y un hijo.
En cuanto a la procedencia y el origen de esta fiesta, Azabal recuerda que sus abuelos y padres contaban que la introdujo «un tal Hageo» que era natural de Pinofranqueado aunque se mudó a Coria y fue esta persona quien cogió la idea de esta tradición que viene de un pueblo de la comarca del Valle del Alagón u otra localidad del norte de la provincia. Una costumbre que aunque no naciera en Pinofranqueado sigue viva entre todas sus gentes sin importar la edad.
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