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Historias de la provincia

De Monfragüe al río Pedroso: los saltos del gitano y la gitana en Cáceres

Además de la persecución legendaria por la que un joven logró cruzar el río Tajo de un salto al vacío desde el Roquedo de Peña Falcón, hay otra leyenda en Villar del Pedroso que cuenta como una figura femenina se precipita todos los años en la noche de San Juan desde el pico más alto de la zona ‘El Desfiladero’

Así es el desfiladero de Villar del Pedroso, conocido como el salto de la gitana.

Así es el desfiladero de Villar del Pedroso, conocido como el salto de la gitana. / Geoparque Villuercas Ibores Jara

Ángel García Collado

Ángel García Collado

Cáceres

Sierra de Gata, Monfragüe, Las Hurdes, La Vera, el Jerte... La provincia de Cáceres es testigo de cientos de leyendas que han ido pasando de generación en generación con el tiempo. Muchas de ellas son conocidas en toda la región, pero hay otras que han pasado desapercibidas y que solo se transmiten en ambientes locales. Prácticamente toda Extremadura conoce la historia del salto del gitano pero, ¿conoce la misma gente la existencia del salto de la gitana? 

Salto del gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe.

Salto del gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe. / Parque Nacional de Monfragüe

La historia nos traslada a una de las joyas naturales de Extremadura: el Parque Nacional de Monfragüe. Uno de sus lugares más icónicos es el Roquedo de Peña Falcón, donde se puede observar un gran número de nidos de buitre leonado. Dependiendo de la fecha, también hay cigüeñas negras, alimoches, buitres negros o halcones. Entre las rocas, se distingue la figura de un Guardia Civil, con su tricornio. Aquí comienza la fábula.

De este gitano se decía que era alto, fuerte y bravo, y que sacrificaba de forma cruel a quien asaltaba para acrecentar el temor de quienes oyeran hablar de él. Por el paso entre la Peña Falcón accedían frecuentemente comerciantes, con lo que también era lugar de tránsito de bandidos y ladrones. 

Uno de ellos, el protagonista de la leyenda. En Villareal de San Carlos pasaron noche dos comerciantes con sus caballos y cinco mulas en el siglo XIX, a los que les esperó en lo alto de la sierra para arrebatarles el botín. Tal era el miedo que tenían de él, que cuando éste sacó su navaja, los comerciantes dejaron las mulas y salieron huyendo en los caballos, obteniendo la ganancia sin hacer un mínimo movimiento.

En ese momento, apareció la Guardia Civil y comenzó una persecución por la Sierra de las Corchuelas hasta que llegaron a Peña Falcón, quedando el ladrón al final del precipio. Lejos de dejarse atrapar, saltó por encima del Tajo desde la piedra más alta a la siguiente, algo que los agentes observaron incrédulos y no se atrevieron a repetir. 

Tal fue la hazaña, que se permitió hacer burla a los guardias desde el otro lado de la roca, quedando uno de ellos petrificado y dando así la forma a las rocas que componen este conocido lugar. Aún así, se dice que la distancia a saltar no era tan grande, por lo que nunca se sabrá si la leyenda es fruto de las habladurías de la gente o si realmente pasó de verdad. 

El salto de la gitana

Al este de la provincia de Cáceres, en la desembocadura del río Pedroso que se precipita en cascada sobre el Tajo desde los altos canchales graníticos de ‘El desfiladero’, existe un lugar al que la gente suele acudir a finales de junio para ser testigos directo de una situación legendaria.

Cuentan en los pueblos cercanos a la zona (Villar del Pedroso, Carrascalejo, Valdelacasa de Tajo) que en la noche de San Juan, una figura femenina se precipita, año tras año, desde el pico más alto de la cascada, mientras un terrible grito de agonía suena en las paredes del desfiladero. 

El suceso que dio origen a este extraño fenómeno se ha ido desdibujando en la memoria popular, aunque son muchos los que afirman que el fantasma de la desgraciada dama no es otro que el de una joven árabe que habitó hace siglos en el castillo de la cercana ciudadela musulmana de Castros, hoy solitaria y en ruinas. La joven, herida de mal de amores, decidió poner fin a su vida arrojándose desde las piedras más altas, y dicen que aún hoy se la puede ver saltando hacia las aguas del Tajo mientras se escuchan sus lamentos en las noches de luna de San Juan. 

Sin embargo, otros afirman que la aparición puede verse incluso a la luz del sol y que su origen está mucho más cercano en el tiempo, hace apenas 100 años, cuando los gitanos se acercaban en el día de San Juan, al comenzar el verano, para vender el ganado.

Mientras los niños jugaban

Mientras los hombres comerciaban con las bestias, las mujeres gitanas lavaban la ropa en El Desfiladero y los hijos se salpicaban y jugaban en las aguas del río. De repente, una de ellas levantó la vista y contempló aterrada la figura de su hijo en lo alto de las rocas, jugando inconscientemente en la más alta. Enloquecida y presintiendo la tragedia, soltó la ropa que estaba lavando y comenzó a ascender por los grandes bloques hacia su hijo, pero cuando consiguió llegar hasta él ya era tarde. El niño resbaló y cayó. Ella intento agarrarlo desesperadamente para salvarlo, pero fue en vano. Ambos se precipitaron al abismo y cayeron juntos, unidos para siempre.

Desde entonces, todos los años se repite la escena y puede verse a una mujer y a un niño precipitándose al río desde lo más alto, mientras su agónico grito retumba entre las piedras. Por ello, los lugareños evitan el lugar a finales de junio y, desde entonces, conocen este enclave como ‘El salto de la gitana’. 

Dos historias que han ido pasando de generación en generación hasta el día de hoy, cuando el salto de gitano de Monfragüe sigue atrayendo a cientos de visitantes cada día y el salto de la gitana es un misterio de la zona fronteriza con Castilla-La Mancha. 

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