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El territorio cacereño, un aula para el joven

Desde Palestina a Cáceres en busca de su sueño como pastor

Mohamed Yaseer dejó su tierra natal con un objetivo: tener la libertad de vivir como desea y construir una granja. Su anhelo es continuar el legado ganadero que su familia perdió a causa de la guerra. Por fortuna, conoció la Escuela de Pastore Rajo-Salor-Almonte, donde se formó y ahora tiene como meta conseguir su propia explotación en el norte de la provincia

Juan Moriano

Juan Moriano

Cáceres

Desde Palestina a España para ser pastor: la historia de Mohamed Yaseer. El joven de 28 años dejó su tierra natal en 2018 con un sueño: poder tener la libertad para vivir la vida que quiere y construir una granja de cabras y ovejas. Al igual que su abuelo Ali, Mohamed aspira a recuperar el legado ganadero que su familia perdió a causa de la guerra. Por ello, tras llegar a territorio español, comenzó a buscar un empleo y tras los años comenzó a informarse sobre cómo adentrarse en este mundo del ganado. Por fortuna, conoció la Escuela de Pastores Tajo-Salor-Almonte, donde adquirió conocimientos y descubrió el norte de Cáceres donde ahora sueña con establecer su propia explotación. Según afirma, es el lugar ideal para él porque tiene agua, sol y verde. 

La historia de su familia

Mohamed nació en Campo Qalandia, ubicado en el Área C y al norte de Jerusalén. Este asentamiento de refugiados fue establecido tras el éxodo palestino de 1948, provocado por la guerra árabe-israelí, y desde entonces ha acogido a familias procedentes de 52 pueblos de distintas áreas. Una de ellas, la familia de Mohamed, que es originaria de Muglas, lugar donde él no pudo crecer y donde sus ascendientes tenían 20.000 metros de olivar, así como una granja grande con unas 250 ovejas, algunos caballos y vacas. "Una vida de pueblo, en el campo", define.

La familia trabajaba en una granja, pero cuando lo "perdieron todo", por culpa de la guerra, tuvieron que desempeñar otra forma de ganarse la vida. Por ello, tras mudarse a Qalandia, dejaron atrás su pasado agroganadero y comenzaron a dedicarse a la reparación de vehículos. El padre, el hermano y los tíos de Mohamed son mecánicos, mientras que él trabajaba con ellos como pintor de coches desde que tenía 15 años. De hecho, su hermano y algunos de sus primos continúan con este oficio en el taller.

Muglas, el pueblo donde vivían los abuelos de Mohamed Yaseer.

Muglas, el pueblo donde vivían los abuelos de Mohamed Yaseer. / Cedida

El joven palestino comenta que, en un día normal "sin muchos problemas" en su localidad natal, uno sale hacia el trabajo después de las siete de la mañana. Antes de esa hora no es seguro, porque las calles están bajo el control de los militares de Israel, y si ven a jóvenes fuera de sus casas, "los mandan a la cárcel sin razón". En otras ocasiones, cuenta que "nos cogen, nos dejan en el monte, a tres horas de la casa, y tenemos que volver andando". Una vez pasado el toque de queda, las personas se dirigen a sus empleos donde pasan por puntos donde el ejército israelí revisa mochilas o vehículo antes de "dejarte" pasar. Al finalizar la jornada, las personas de Palestina realizan el mismo proceso de regreso a casa. 

La vida en Qalandia, su lugar de origen, era un "poco difícil" para Mohamed. Lamenta que los jóvenes allí "no podemos tener sueños". "No tenemos aeropuerto, no tenemos la libertad para elegir que queremos, no podemos hacer nada", añade. 

Viaje a España

Por tal razón, Mohamed decidió emprender un viaje en solitario a España, con el objetivo de dejar una vida atrás donde, como él denuncia, "vives para comer y dormir. No podemos hacer nada, estamos como en una cárcel, pero un poco grande". Expresa que, aunque en Palestina puedes trabajar, tener dinero y estar acostumbrado a ese modo de vida, porque han nacido con esas condiciones, "no se puede tener libertad de mente, elegir las cosas que te gustan o tu futuro. Allí -Palestina- no puedes elegir nada, tienes que vivir según la situación del país, y quienes controlan esta situación son los israelíes”, afirma. Para él, en su país natal "la libertad está muerta".

El joven Palestino dejó su país natal con 21 años, en 2018. Emprendió un viaje en coche hasta Jordania con el objetivo de tomar un avión con destino a Madrid. Cargado con su visa de turista, debía pasar tres puntos para llegar al aeropuerto. Es un trayecto de "media hora en coche, pero estas ocho esperando", destacó. El primer punto para cruzar la frontera está situado en Palestina, donde "no hay ningún problema". Sin embargo, al pasar al segundo control en Israel, debes esperar horas, "las que les dé la gana", comenta. En el último punto, situado en Jordania, "los jordanos hacen lo mismo que los israelíes, no son mejores, son casi iguales", define. Además, añade que, en el último punto, "tienes que pagar dinero para que te dejen salir y a veces tienes que esperar horas o cierran el camino y debes esperar hasta el día siguiente en la calle". 

Vida en España

Mohamed Yasser llegó a España para cumplir el sueño que tenía desde niño: crear una granja como la que una tuvo su abuelo. "Quería salir a un país que tuviera libertad, no me importaba empezar de cero", apunta. Aunque su deseo era dedicarse a la ganadería, al llegar a Madrid retomó su oficio como pintor de coches. Recuerda que los primeros seis meses fueron "un poco difíciles": se alojaba en hoteles, buscaba un lugar donde querer vivir y un empleo. De hecho, comenta que el primer trabajo que consiguió fue en un taller en la capital y recuerda que logró el puesto utilizando el móvil como traductor para comunicarse. Más tarde, vivió en Zaragoza, Segovia, Barcelona, y actualmente reside en Bilbao, donde lleva casi cuatro años. En todas las ciudades por la que ha pasado, ha trabajado como pintor de vehículos.

En España, asegura, ha encontrado algo que le faltaba en Palestina. En el país europeo puedes tener "sueños, pensar y hacer lo que quieres", así como trabajar e invertir el dinero, expresa. "Aquí estoy muy a gusto, tranquilo y todo está bien. Yo amo a mi país, pero la situación no me deja volver", apunta.

Mohamed Yasser Ali acaricia a una cabra en las prácticas en Casar de Cáceres

Mohamed Yasser Ali acaricia a una cabra en las prácticas en Casar de Cáceres / Cedida

Pero él lo tenía: el pastoreo es lo suyo. Así que buscaba por internet cómo introducirse en el mundo ganadero. Yaseer desconocía que había cursos para formarse como empleado del ganado y, por suerte, dio con formación ligada al sector ganadero.

"Pensaba que un día iba a comprar un terreno y a empezar, pero era muy diferente a mi país". Por ello, acudió al departamento de Agricultura en Bilbao para pedir información, y allí le comunicaron que debía realizar una serie de cursos, puesto que los animales son diferentes. A partir de este momento, empezó a buscar y, después de toparse con "muchos" programas de pago online donde "no te enseñan nada", encontró escuelas en el País Vasco, Cataluña y Extremadura.

Escuela Tajo-Salor-Almonte

Envió correos electrónicos y obtuvo respuesta de la Escuela de Pastores de Tajo-Salor-Almonte de la Fundación Cooprado. Aunque el curso ya había empezado, le ofrecieron la oportunidad de participar en las prácticas en una granja. "No podía perder esta oportunidad", expresa.

Así, desde el 15 de mayo al 30 de junio, Mohamed se trasladó a Casar de Cáceres donde conoció a Enrique, un profesor de la escuela del que guarda un grato recuerdo, "Me enseñó mucho". Durante su estancia, recibió formación en una granja donde había vacas o cabras, aunque trabajó principalmente con estas últimas, puesto que se siente más cómodo con los caprinos.

En la Granja de la Fundación Cooprado, Mohamed adquirió conocimientos del oficio como la técnica de ordeñar, la forma de cuidar a las cabras, conocer sus enfermedades y cómo vacunarlas, entre otros puntos. Alba, otro de sus profesores, también le enseñó "muchas cosas". "Gente muy amable", al igual que sus compañeros, define el joven. La experiencia, asegura, fue "un paso que me ha cambiado la vida", dado que, tal y como reconoce, no sabía cómo empezar en este mundo y Enrique le enseñó el camino.  

Actualmente, Mohamed ha dejado su trabajo como pintor de coches para centrarse en la ganadería. Desde su perspectiva, el trabajo en los talleres es peor porque hay mucho polvo y químicos. Sin embargo, reconoce que todavía no está preparado para tener su propia explotación, por tal razón afirma que tiene que aprender más o trabajar para otros ganaderos. Por ello, su objetivo es seguir formándose. Está a la espera de que le confirmen si estudia un nuevo curso en una escuela en el País Vasco o, si no buscará trabajo en el norte de España. "Estoy tomando este tema muy en serio. Es el futuro de mi familia y no tengo prisa. Quiero aprender más, trabajar con más gente y cuando sienta que puedo realizar mi trabajo, lo voy a hacer en el norte de Extremadura". 

En el norte de Cáceres, sueña con tener una explotación de cabras, donde lo que más le interesa es la producción de leche. Durante su estancia en la Escuela de Pastores, conoció esta zona cacereña a través de visitas a granjas y una quesería. "Me gusta la zona porque tiene sol, agua, y a mí me gusta vivir donde hay verde", comenta. En Bilbao, a diferencia de la zona norte de Cáceres, "llueve mucho y el sol no sale mucho". 

Incluso, en el norte de Cáceres llegó a recibir una oferta de trabajo como pastor por parte de un ganadero de cabras, pero tuvo que rechazarla por motivos familiares. Su padre, que llegó a España hace seis meses, sufre un problema cardíaco y está a la espera de una operación.

El deseo de Mohamed: juntar a su familia

Aunque Mohamed llegó solo a España en 2018, hace seis meses que logró traer a su padre para que pudiera operarse de un problema cardiaco. Aunque el viaje de su padre fue más complicado que el del hijo, puesto que el joven relata que en un principio no le permitieron salir del país. Sin embargo, tras hablar con un abogado, finalmente lo consiguieron. Cuenta que antes de que su padre viajará a España, los militares tiraron "bombas de gas" en una zona de talleres donde trabaja su familia, y su progenitor, "ha tenido un problema en el corazón y no podía respirar bien".

Su madre y sus cuatro hermanos viven en Palestina. Sin embargo, el objetivo de Mohamed es traerlos a España, donde la vida, afirma, es "más tranquila y no hay muchos problemas". A pesar de ello, el joven sostiene que no quiere dejar su país, pero lo hace por la situación que atraviesan. "La guerra no solo ha afectado a mi familia, sino a toda la gente que vive allí - Palestina-". El hogar familiar está "un poco" lejos de donde caen las bombas, como en Gaza, pero residen en un territorio que, según cuenta Mohamed, "están encerrados como en una cárcel" y bajo el control de Israel. El Campo de Qalandia está ubicado en el Área C, zona de control civil y militar israelí. 

"No puedo dejar a mi país", afirma. Aunque quiere volver a Palestina para montar su propia granja, reconoce que "empezar allí es imposible". Incluso, asegura que su familia tiene ganas de venir a España, pero si "piensan que van a vivir en España para siempre, no van a venir". "Hemos perdido todo, pero al final es nuestro país, no queremos dejarlo", concluye.  

Por ello, Mohamed construirá su futuro a miles de kilómetros de su tierra natal, pero con el mismo espíritu que guiaba a sus ancestros: una vida en el campo, en conexión con los animales.

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