Efectos de las lluvias torrenciales
Las lluvias arrastran las cenizas del incendio de Jarilla y contaminan los ríos del norte de Cáceres: "El agua baja negra"
El fenómeno es una consecuencia a largo plazo de los incendios forestales como el que asolaron el Valle del Jerte este verano, y razón por la cual todos los ayuntamientos de la zona están siempre pendientes. La Junta ya se ha movilizado y tomado medidas mientras la normalidad va llegando poco a poco

Toni Gudiel
Son muchas las consecuencias de un incendio forestal. No solo el peligro automático que supone el fuego, sino el humo y la pérdida de la vegetación. Esta última se mantiene a lo largo de los meses posteriores y saca a relucir otro problema cada vez que llueve de forma abundante, tal y como ocurrió este miércoles. La corriente de agua arrastra las cenizas del monte, haciendo el efecto de lo que se conoce como 'aguas negras' y contaminando los ríos y arroyos.
La Junta de Extremadura ya ha tomado medidas al respecto. Junto a la Diputación de Cáceres, la Confederación Hidrográfica del Tajo y otros organismos, se ha creado un comité técnico para evaluar la situación y, según aseguran a este medio, «ya se están abordando obras de emergencia en las poblaciones para que tengan agua de calidad». Precisamente el pasado martes se presentó la información tras el Consejo de Gobierno.
Las infraestructuras hídricas son competencia de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible, que ha desarrollado y va a desarrollar en las zonas incendiadas varias iniciativas, algunas en colaboración con la Consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural, la Diputación y la Confederación. El objetivo es que no se vuelva a ver una situación como esta, aunque desde el gobierno regional apuntan que «el arrastre de cenizas es inevitable y un episodio pasajero».
Entretanto, Paco Castañares, experto sobre las consecuencias de los fuegos, explica así el fenómeno. «El problema se produce porque, al perder el suelo el anclaje de la vegetación quemada, pues se queman también las raíces, es fácilmente arrastrable», comienza. Avisó que será «la primera vez de muchas», pues en otros incendios anteriores ha sido un problema reincidente. «En 2016 tuvimos ocho grandes riadas de aguas negras en el Jerte durante dos años».
Castañares fue director general de Medio Ambiente la Junta de Extremadura (1989 y 1994) y hoy es presidente de AEEFOR (Asociación Extremeña de Empresas Forestales y del Medio Ambiente). «Con el arrastre no solo se lleva las cenizas, sino también la vegetación que comienza a brotar, y provoca una gran erosión», un problema que es más grave de lo que parece porque «si nos quedamos sin suelo, nos quedamos sin la posibilidad de recuperar la vegetación», añade.
Medidas preventivas
Por ello comentó cuales son las medidas que hay que tomar para que no se repita la estampa. «La ingeniería forestal recomienda la construcción de albarradas, de fajinas, gaviones y caballones». Las albarradas son «una especie de muro de contención hecho con piedra seca que se hace en las cabeceras de las gargantas y los arroyos». Estos se hacen en las zonas altas de los cauces de las gargantas y los ríos para evitar que los arrastres lleguen a los abastecimientos de agua. Las fajinas, por su lado, están hechas con material vegetal, restos de madera quemada, y se alinean según las curvas de nivel. «Se ponen estacas en el suelo para fijarlo bien y su misión es la misma».

Fotogalería | El agua de los ríos del Jerte arrastran la ceniza de los incendios de este verano / Toni Gudiel
Los gaviones son «una estructura de bloques de piedra que se sitúan dentro de una malla y se van colocando a modo de contención». Estos frenan el paso de la ceniza pero sí permiten que el agua siga fluyendo. Los caballones, que también se utilizan mucho en la agricultura, son «surcos profundos con una lona que van reteniendo el agua, basándose también en las curvas de nivel».
Todas estas medidas «se han hecho habitualmente, pero este año justo no». La única medida adoptada, según Castañares, fue el mulching o helimulching, que consiste en echar paja en hileras, pero «la paja no sirve para absolutamente nada, a no ser que sea en una superficie con poca pendiente y en lugares donde no suele llover torrencialmente. Se arrastra también la paja». Sin embargo, algunas voces expertas contradicen esta versión. Durante el 7º Congreso Forestal Español se llegó a la conclusión de que la medida sí es efectiva, según un estudio realizado tras el incendio de Ponte Caldelas (Pontevedra) en 2013. La utilización de esta técnica redujo las pérdidas de suelo de manera muy significativa en más de un 95% durante el período de tiempo estudiado.
Consecuencias
La consecuencia principal de esta situación es «la gravísima contaminación que se está produciendo en este momento en los lugares con las aguas más limpias y claras tradicionalmente de nuestra región», pero no es la única. «Ese agua contaminada es altamente tóxica y no se puede consumir bajo ningún concepto», reitera Castañares.
Lo cierto es que la contaminación de las aguas ha sido el quebradero de cabeza de los ayuntamientos de la zona. Por ejemplo, en Jerte se llevan a cabo analíticas de la calidad del agua de las gargantas «constantemente, desde que se produjo el incendio», comenta su alcaldesa, Felisa Cepeda. «Trabajamos codo con codo con la Diputación y la Junta, quienes nos aportan el bombeo de la canalización y una máquina filtradora».
En su caso, «en cuanto llueve cerramos la captación de agua y tiramos con lo acumulado», explica, por lo que «en ningún momento peligra la salud de los vecinos». Aun así, el ayuntamiento se puso en contacto con el consorcio MasMedio y la población dispone de un camión cisterna. En otra localidad, Villar de Plasencia, ya se ha autorizado la apertura de la captación de agua después de que las analíticas realizadas dictaminaran que «el agua se encuentra en perfecto estado para el consumo humano».
En una de las poblaciones más afectadas por los incendios de este verano, Jarilla, no ha tenido ningún problema, ya que «el agua que abastece al municipio llega desde afluentes directamente al depósito», por lo que no ha estado en peligro con respecto a las cenizas, tal y como apunta a este diario el alcalde de la localidad, Ángel Peña. La situación estuvo siempre «controlada» y se espera que así siga siendo. Además, Peña garantizó que se realizan controles del PH diarios junto al consorcio MásMedio, y que «todo está en orden».
Antecedentes
Esta situación producida en 2025 no es nueva. Tal y como publicaba El Periódico Extremadura en 2003, «varias poblaciones de la región que en agosto y septiembre sufrieron graves incendios llevan soportando desde el lunes problemas de contaminación del agua al arrastrar la lluvia las cenizas y las maderas quemadas hasta los cauces de los ríos y arroyos. Los problemas afectan a pueblos de Las Hurdes, Gata y a Hervás, principalmente».
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