Leyendas
¿Caimanes en Cáceres? Estas son las leyendas que abundan en la provincia
Ni San Jorge ni Juego de Tronos, en la provincia de Cáceres abundan las leyendas de caimanes o lagartos gigantes que atemorizaban los poblados cacereños. ‘Dragones’ a los que se enfrentaban pastores, ladrones o incluso San Pedro de Alcántara, y cuyos restos son, en parte, visibles hoy en día para deleite de los más curiosos

El Lagarto de Calzadilla / Ayto Calzadilla
Por todos es bien conocida la leyenda de San Jorge, y más aún por los cacereños. La lucha del caballero contra el dragón para salvar a la princesa es un cuento completamente universal. De ahí se asocia a la ciudad siempre con la figura del reptil alado. Además, dragones también se ha visto en Cáceres gracias a Juego de Tronos o La Casa del Dragón, aclamadas series internacionales que han tenido la provincia como set de rodaje. Pero no, en Cáceres nunca ha habido dragones, al menos de los que vuelan y echan fuego por la boca.
No obstante, a veces la leyenda es más real de lo que parece, o nos lleva a otras leyendas comarcales que hablan de criaturas gigantescas que atormentaban a las poblaciones. Y es que en Cáceres tuvimos nuestro propio dragón: los lagartos. No reptiles como los 'saltarrostros' (que para quien no entienda, son las salamanquesas), sino animales realmente monstruosos. Y los que no estaban aquí, alguien los traía.
El milagro de Calzadilla
El caso más popular en la provincia es el del lagarto de Calzadilla, a las puertas de la Sierra de Gata y cercano a Coria. Esta historia combina milagros con objetos que, sea o no cierto lo que se dice de ellos, están a la vista de todos. Según cuenta la leyenda, hace poco más de 400 años, los pastores del poblado veían cómo parte de sus rebaños desaparecían o aparecían ovejas despedazadas, y todo apuntaba a que el ser que se los llevaba debía ser bien extraño. ¿Qué clase de animal podría hacer algo así?
Un pastor, llamado por todos Colás, descubrió, cerca de una laguna, a un reptil de tamaño caimanesco que tenía entre sus zarpas a uno de sus mastines. El pastor, que era devoto del Cristo de la Agonía, imagen religiosa de la localidad, se enfrentó al animal con algo de temor. Colás tenía únicamente su cayado y, como era muy devoto, decidió rezar al Cristo pidiendo protección, que su cayado fuera una escopeta y el pan munición.

Imagen de los restos del lagarto de Calzadilla. / Juan Moriano
El milagro se obró, y el animal murió. Sus restos fueron llevados a la iglesia para ofrecérselos a quien obró el milagro. Desde entonces, en la iglesia de Calzadilla se pueden observar los restos de lo que en su día fue un caimán que aterrorizó al pueblo, en su momento colgado en una de las paredes del templo y actualmente en una urna. Junto al esqueleto se encuentra el supuesto cayado. Lo más probable es que si había un caimán en la zona fue porque alguien se lo trajo de América, y todo apunta a Fray Tomás de Ortiz, calzadillano que regresó del continente en 1528.
Hay otras versiones de la historia, y nadie puede asegurar si algo es real o no porque los archivos de la localidad fueron arrasados en la Guerra de la Independencia. El lagarto se convirtió en el símbolo de Calzadilla, y el apodo de sus habitantes. Todos aquellos visitantes son recibidos en el pueblo por una estatua que plasma esta leyenda, con el lagarto gigante y el pastor con el cayado milagroso.
Casar de Cáceres y su trofeo
Mucho más cercano a la capital de provincia se encuentra Casar de Cáceres, municipio que también tiene relación con caimanes. Cuenta un manuscrito del siglo XVIII que un caimán disecado estuvo colgado por unas cadenas en la pared exterior de la iglesia de la localidad, Nuestra Señora de la Asunción, y concretamente de la capilla del Cristo de la Peña. «Unos dicen es caimán, otro cocodrilo; tiene tres varas y tercia de largo», reza el texto.
¿Cómo llegó este otro reptil a decorar una de las puertas de la iglesia? Fue en el siglo XVI cuando un arcediano casareño, Rodrigo Pérez, se lo trajo de las Américas. Según algunos la historia es similar a la de Calzadilla, solo cambiando el Cristo de la Agonía por el Cristo de la Peña y Calzadilla por algún lugar del otro lado del charco. «Viene de tradición, que un devoto del Santo Christo, viéndose acometido por este animal, imploró su auxilio, lo mató, le quitó la piel, la que trajo por trofeo, agradecido del favor que le hizo su Majestad». Sea como fuere, Pérez se la trajo como exvoto, es decir, una ofrenda.
Desde entonces los restos del reptil estuvieron colgados en la pared exterior de la capilla del Cristo, razón por la que a la puerta cercana de la iglesia se le comenzó a conocer como 'la puerta del lagarto'. Con el tiempo se acabó quitando de ahí debido al mal estado en el que comenzaba a estar, y actualmente se encuentra en el coro de la iglesia, un lugar donde no sube nadie, pero quien lo hace se encuentra una estampa más que curiosa: un caimán en la pared de una iglesia.

Imagen del 'lagarto' del Casar en el coro de la iglesia. / Cedida
El pecado de San Pedro de Alcántara
Otro lagarto que, según cuenta la leyenda, era bien grande, era el que afligía a los habitantes del pequeño pueblo de Ovejuela, en Las Hurdes. Cercano al poblado se encontraba el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, actualmente en ruinas.
Fue San Pedro de Alcántara quien, en una de sus visitas al convento, se encontró con el animal, al cual, casi como un milagro más, domesticó. El monstruo se convirtió en una mascota prácticamente, hasta el punto de que los frailes de la casa religiosa lo apodaron con el nombre de 'El Pecado', debido a su fealdad.
Según cuentan, el reptil se encuentra ilustrado bajo las flores de la Virgen de la localidad, la Virgen de los Ángeles. Aunque, siendo francos, la presencia de un animal parecido a un dragón bajo los pies de una imagen mariana es parte de la hidromitología, representando la fiera al mal y estando sometido por la fe. ¿Algo parecido tiene que ver esta historia de San Pedro de Alcántara con la mitología? No lo sabemos.

Imagen de la Virgen de los Ángeles de Ovejuela. / Planve
El delincuente que salvó las Villuercas
Y acabamos con un caso algo parecido al de Calzadilla, sin milagros de por medio pero sí con astucia. El patrón se repite una vez más: un lagarto gigante atormenta al pueblo y sus pastores. En este caso, el reptil era el dolor de muelas del corazón de las Villuercas (unos dicen Retamosa y otros la cercana Cabañas del Castillo). Uno u otro, nadie se atrevía a pisar cierta zona en la que se había visto al gigantesco animal.
Fue un forajido de la justicia quien no tuvo más remedio que entrar en el peligroso terreno y, como no podía ser de otro modo, se encontró con el temido monstruo. El delincuente llevaba una patena que había robado de la iglesia de Jaraicejo, con la cual deslumbró al animal y consiguió acabar con él. El malhechor pasó a ser un héroe y no solo fue perdonado, sino que también fue recompensado. Se le otorgaron unas tierras y la potestad de levantar una fortaleza, la cual erigió, y es lo que conocemos hoy en día como el Castillo de Cabañas, uno de los símbolos de la sierra de las Villuercas.

Imagen del Castillo de Cabañas. / Guía Repsol
No deja de ser una leyenda, pues el castillo, declarado actualmente en estado de ruina, data de la época musulmana. Algunos historiadores también relacionan este tipo de relatos del vencimiento de una fiera a una metáfora de una revelación contra algún señor del lugar. Pero, sinceramente, las leyendas molan más.
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