Historia y patrimonio
El convento del Hoyo, un ruinoso viaje en el tiempo: la historia del convento abandonado de Gata
A unos kilómetros de Gata se encuentra el convento de Nuestra Señora de Monteceli, construido sobre un lugar que en su día visitó San Francisco de Asís. Testigo de la historia, poco a poco fue destruido y abandonado hasta llegar al estado de ruina en el que se encuentra actualmente, siendo visitado por los más curiosos

Imagen de la entrada del convento. / Arte en ruinas
Son muchos los misterios que esconde la provincia de Cáceres, rincones cuyas piedras cuentan la historia de un lugar hoy abandonado. En plena Sierra de Gata, y cerca del municipio que le da nombre, se encuentra un monasterio abandonado y en completo estado de ruina que hoy visitan senderistas y curiosos de toda la región. Se trata del convento de Nuestra Señora de Monteceli, también conocido como el convento del Hoyo, en Gata.
El lugar, comido hoy por la naturaleza, sorprende por la belleza y por la curiosidad de imaginar cómo sería en su día, en pleno esplendor, en el siglo XV. Siglos antes de su construcción pasó por allí, según se cuenta, San Francisco de Asís, quien predicó en el lugar donde se levantó en su honor el templo. Por eso, fue la orden franciscana la encargada de construir y predicar en el sitio.
El nombre del convento del Hoyo no es casualidad. Si viéramos la zona a vista de pájaro (o de dron, siendo más modernos), el edificio estaría en lo que parece un hoyo en pleno valle. El lugar es recóndito, para acudir hay que hacerlo mediante una ruta que sale de Gata y que se alarga hasta 7 kilómetros. Una visita obligatoria para aquellos amantes del senderismo que pasen unos días en la comarca.
Historia
Para conocer la historia del convento hay que remontarse al 1399, fecha en la que se nombra por primera vez. Esto fue en una escritura de los archivos de Gata en los que el señor del lugar, don Francisco Rodríguez de Villalobos, daba permiso a un ermitaño de Ciudad Rodrigo, Alfonso Rodríguez, ha establecerse allí. Por aquel entonces reinaba Enrique III de Castilla y León. La construcción parcialmente visible hoy en día data de la segunda mitad del siglo XVI, fruto de una renovación que se llevó a cabo con la financiación de Felipe II y la Orden de Alcántara. Durante esta remodelación se restauró la iglesia conventual, cuyo altar mayor poseía tallas de un gran valor.

Imagen de lo que era el claustro. / Arte en ruinas
Su altar estaba cubierto de azulejos, y en él se contemplaban imágenes de San Francisco, San Pedro de Alcántara y Nuestra Señora de Monteceli. Esta última se consta que fue «de mármol blanco, de treinta centímetros de altura, y tiene en el brazo izquierdo a su Divino Hijo, y en la mano derecha una paloma. Atendido lo enjuto de sus formas, y el rígido plegado de sus ropas, puede suponérsela anterior al Renacimiento».
Estado de ruina e incendio
Ciertas escrituras denominaban el convento como un lugar «hermoso», pero poco a poco fue cayendo en declive. En 1836 fue desamortizado por María Cristina, en nombre de la reina Isabel II, y pasó a manos privadas. En un acta del ayuntamiento, en 1839, se explica que «el edificio del convento se halla en un estado deplorable, causado por la extracción de tejas, puertas, cerraduras, rejas y candados, y por dormir el ganado en las celdas».
La sillería tallada, que se decía que era «notable», ardió después de un fuego provocado por una partida de carabineros. A esto hay que sumar que, una vez ya abandonado, muchos destruyeron el lugar a base de picas o pólvora para desenterrar los supuestos tesoros que quedaron en el lugar religioso. La imagen de Nuestra Señora de Monteceli actualmente se encuentra ubicada en el convento del Palancar, mientras que el retablo fue trasladado a la ermita de San Blas situada en el Puerto de Castilla, muy próximo a este lugar.

Imagen de una de las bóvedas del convento. / Extremadura.com
Testigo de la historia
Desde hace 11 años, el convento del Hoyo forma parte de la lista roja de Hispania Nostra que recoge en una listas todos aquellos lugares en peligro de desaparición, destrucción o deterioro. Quien visite hoy en día la zona se encontrará en medio de un muy frondoso bosque que te da la sensación de estar en mitad de la nada, y dentro de lo que queda del convento podrá observar una bóveda de cantería, así como celdas y dependencias adaptadas a la vida conventual. Hasta hace poco se conservaba una bóveda de crucería, pero colapsó hace unos años.
El convento del Hoyo, retirado, ve pasar las décadas y los siglos mientras desaparece poco a poco. Recibirá a todos los curiosos que quieran sumergirse en el lugar y que, a su vez, lo hagan en la historia. No serán los primeros ni los últimos visitantes que acogen esas desgastadas y ruinosas piedras.
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