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Turismo, cultura y naturaleza

Las Hurdes, la joya natural y cultural del norte extremeño

La comarca ha sido tierra de mucha pobreza históricamente, pero 92 años después del impactante documental de Luis Buñuel, Las Hurdes dista mucho de esa época y es ahora un diamante incrustado en el norte de la provincia, gracias a su maravillosos paisajes, su gastronomía y su rica cultura

Meandro del Melero, en Las Hurdes.

Meandro del Melero, en Las Hurdes. / EL PERIÓDICO

Cáceres

«Si en todas partes del mundo el hombre es hijo de la tierra, en las Hurdes la tierra es hija de los hombres». Esta cita es nada más y nada menos que de Miguel de Unamuno, célebre escritor salmantino que describe así a una de las comarcas más misteriosas y curiosas a su vez del norte de Cáceres: Jurdis en castúo, Las Hurdes en castellano.

Una tierra enclavada entre la Sierra de Gata y el Valle del Ambroz, con un abandono histórico que mostró Luis Buñuel y del que ya no queda nada, por suerte. Ya sea su peculiar arquitectura, su rica gastronomía o una naturaleza digna de admirar, Las Hurdes es una joya del norte cacereño. Por algo atrajo a cineastas, escritores o, incluso, al mismísimo rey Alfonso XIII.

Meandros, chorros y un volcán

Dejando de lado las antiguas poblaciones, de Las Hurdes sobresale su naturaleza. El lugar más famoso, o digamos 'instagrameable', es el Meandro del Melero. Esta estampa que dibuja el curso del río Alagón cerca de Ríomalo de Abajo es definido por muchas revistas especializadas en turismo como uno de los lugares más bellos e impactantes de la geografía española.

Imagen del Meandro del Melero.

Imagen del Meandro del Melero. / E.P

El Meandro se puede observar de una forma exquisita desde el mirador de La Antigua, al cual se puede acceder en coche o en rutas senderistas. Puedes ir como quieras, pero lo importante es que te dejes maravillar por el paisaje.

Al que no se puede acceder en coche y es necesario realizar una pequeña pero bonita ruta es al Chorrito de Ovejuela. Colindante con la Sierra de Gata, esta no es una de las cascadas más grandes que hay pero sí de las que impresionan por la cantidad de agua que lleva, sobre todo en época de lluvias. En verano es un sitio ideal para darse un baño y refrescarse de la ruta que va bordeando el río. No muy lejos se encuentra otra cascada, el Chorro de los Ángeles, con una caída de 100 metros. Visible desde un mirador al que sí se puede acceder en coche, el lugar es un muy buen sitio para observar buitres.

El Chorritero de Ovejuela.

El Chorritero de Ovejuela. / Ayuntamiento de Pinofranqueado

Volviendo al corazón de Las Hurdes encontramos lo que durante muchos años se ha pensado que es un volcán: el Volcán de El Gasco. Situado en la alquería El Gasco, de Nuñomoral, es lícito pensar que la cavidad de 50 metros de diámetro es, o fue, un volcán, pues las piedras del lugar son las que se suelen observar en esos lugares. Pero no, no es un volcán, aunque es un lugar tan curioso que fue declarado Lugar de Interés Científico.

Las piedras magmáticas están datadas de hace 200.000 años, según estudiosos, aunque ni son de un volcán ni son de ese tiempo. La realidad: el cráter fue provocado por el impacto de un meteorito hace uno o dos millones de años. Cerca de este pueden divisarse los típicos bancales, terrazas de piedra construidas en las laderas para poder cultivar en un terreno montañoso y escarpado. Una imagen muy característica fruto del ingenio y la adaptación de los hurdanos, que con ellos lograron transformar la montaña en tierra fértil.

El volcán de Extremadura.

El volcán de Extremadura. / EL PERIÓDICO

En Las Mestas, un diminuto pueblo de apenas 61 habitantes y pedanía de Ladrillar, se encuentra uno de los árboles más curiosos de la provincia. Se trata de un enebro (Juniperus oxicedrus), que ha crecido y se ha mantenido con vida desde hace más de 350 años en la zona alta de esta población de Las Hurdes. Fue declarado Árbol Singular de Extremadura en 2001 y, con 14 metros de altura, es el árbol de mayor tamaño de su especie en Extremadura.

Dulce elixir

En Las Hurdes hay muchas especies arbóreas pero, junto a la encina, uno de los que sobresale es el alcornoque. De este árbol tan característico extremeño sale el corcho, material con el que se crean las colmenas para las abejas. La apicultura, un trabajo muy común en la zona, y la miel, el elixir de Las Hurdes.

Las abejas, además de ser grandes arquitectas, se les puede considerar de las mejores alquimistas de la historia, pues su producto se ha utilizado a lo largo de la historia por sus cualidades nutritivas y medicinales. Los griegos encontraron en ella propiedades antisépticas, calmantes, tonificantes, diuréticas y laxantes.

¿Por qué es tan buena la miel de Las Hurdes? La comarca está libre de contaminación y posee una flora silvestre muy rica. El entorno natural está casi intacto, lo que permite que las abejas trabajen en un ambiente limpio, sin pesticidas ni químicos. Las abejas hurdanas liban el néctar de brezos, jaras, madroños, romeros y castaños, lo que da lugar a una miel multifloral con un sabor profundo, ligeramente amargo y muy aromático.

Hay diferentes tipos según la flor predominante: la miel de brezo, oscura y con sabor intenso; la de romero, clara y suave; la de tomillo, aromática y con un toque ácido; y la de encina o de bosque, más densa y con notas minerales. También destaca la miel multifloral, que mezcla los aromas del monte hurdeño, y la de jara, potente y resinosa. Cada una refleja el paisaje natural de la zona y la tradición apícola que la ha convertido en un producto emblemático.

Abejas productoras de miel

Abejas productoras de miel / GENERALITAT

Como es de esperar, la miel hurdana cuenta con Denominación de Origen Protegida (DOP), y es famosa en todo el mundo, pues es proveedora de la ONU y de miembros de la Casa Real. Con las 300.000 colmenas que fabrican el oro líquido tan característico de Las Hurdes se realizan recetas como los buñuelos o los matajambres.

Y ya que hablamos de gastronomía hurdana, hay que mencionar los socochones, que son castañas pilongas cocidas con leche y canela, y las perrunillas, unas pastas hechas con huevo, almendra, limón y manteca de cerdo. Fuera de postres, destacan el cabrito a la caldereta, las migas hurdanas o la chanfaina, un guiso de menudillos de cordero o cabrito, entre muchos otros platos.

Precisamente también es tierra de reyes, para bien y para mal. El primero en pisar Las Hurdes fue Alfonso XIII, quien la visitó con motivo de las condiciones infrahumanas en las que se vivía. Muchas décadas después, fue su nieto, Juan Carlos I, quien visitó la zona, pero por motivos mucho más positivos. Y el tercero en la lista, el monarca actual, Felipe VI, quien viajó a la comarca con motivo del aniversario de la visita de su bisabuelo.

Cultura hurdana

Las Hurdes son ricas en naturaleza y gastronomía, pero lo más curioso que presenta es su cultura. Para empezar, el idioma: el castúo. Es una de las comarcas que aún conserva el dialecto extremeño, lo cual lo hace ya importante culturalmente. Además, abunda el folklore, bien sea en sus carnavales, fiesta de interés turístico regional, o en sus numerosas leyendas en las que monstruos o figuras mitológicas con protagonistas.

El dialecto extremeño fue declarado bien de interés cultural en Extremadura en 2024, lo que implica un reconocimiento oficial y la necesidad de protegerlo. La cultura hurdana, con su arquitectura típica con la pizarra como material, o sus famosos bancales son la imagen que se llevan los turistas.

Imagen de los bancales hurdanos.

Imagen de los bancales hurdanos. / El rincón del trotamundos.

Las Hurdes ha sido una comarca repudiada durante siglos, pero actualmente es todo lo contrario, dejando muy lejos el sambenito que plasmó Buñuel en ‘Las Hurdes (Tierra sin pan)’, y siendo ahora la joya más venerada del norte extremeño gracias a sus paisajes y su cultura, razones por las que aspira a ser Patrimonio Mundial de la Unesco.

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