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Historia y Guerra Civil

Las cicatrices de un pasado oscuro en la provincia de Cáceres

La Guerra Civil es un capítulo completamente negro de la historia de España, pues solo trajo muerte, destrucción y mucho dolor a los españoles. En la provincia de Cáceres quedan aún, aunque pocos, vestigios de aquellos días como búnkeres abandonados, fosas comunes o restos de metralla

Imagen de uno de los búnkeres del antiguo aeródromo de Cáceres.

Imagen de uno de los búnkeres del antiguo aeródromo de Cáceres. / Samuel Rodríguez

Cáceres

La Historia está llena de momentos realmente fascinantes pero, desgraciadamente, también esconde épocas oscuras. Entre 1936 y 1939, España vivió la que es, probablemente, la peor etapa de su historia: la Guerra Civil. Todas las ciudades y todas las provincias tuvieron que posicionarse con un bando y atenerse a las consecuencias, y la provincia de Cáceres no se quedó atrás.

Contexto

Pongamos un poco de contexto antes. El general Francisco Franco se sublevó contra la Segunda República en julio de 1936, dividiendo el país en dos. La contienda nacional entró en la península por el oeste andaluz y recorrió Extremadura con la llamada Campaña de Extremadura, en la que fue arrasando allá por donde iba. El momento más oscuro de esta fue la batalla de Badajoz.

La ciudad de Cáceres rápidamente se volvió del bando de Franco y, de hecho, en la ciudad fue donde el general se nombró Caudillo de España (una placa en el Palacio de los Golfines de Arriba, donde Franco colocó su cuartel, así lo recuerda). Entonces, la ciudad sufrió al bando republicano, quien bombardeó la ciudad. No obstante, la provincia sí sufrió la llegada del dictador, tal y como cuentan las numerosas fosas comunes que se reparte el territorio cacereño.

El bombardeo de Santa María

Los cacereños y los miles de turistas que visitan la ciudad ven, sin darse cuenta, numerosas cicatrices de aquella época. De hecho, lo pisan. El 23 de julio de 1937, poco más de un año desde el inicio de la guerra, aviones soviéticos 'Katiuskas' sobrevuelan la ciudad por sorpresa y la bombardean. El ataque no era para nada esperado, las alarmas ni sonaron. Las bombas cayeron en varias zonas, siendo la más destacada la plaza de Santa María, en plena parte antigua y a la hora de misa. El ataque fue una auténtica masacre debido a la hora a la que se produjo, hablando de unos 35 muertos y 64 heridos.

Las 18 bombas también cayeron en la Plaza Mayor cerca del Mercado de Abastos que estaba junto al edificio del Ayuntamiento, en lo que ahora es el Foro de los Balbos, cerca de la sede de la Audiencia Territorial de Extremadura (ahora Tribunal Superior de Justicia), en la calle Nidos, en el edificio en el que se encuentra la Sala Capitol, cerca de la Casa del Sol y el cementerio.

El vecino Palacio de Mayoralgo quedó parcialmente arrasado. No fue casualidad que fuera esa plaza la bombardeada, pues donde hoy se encuentra la Diputación Provincial es donde se encontraba la sede del Gobierno Civil, así como un cuartel.

Hoy en día se pueden ver restos de esa metralla en las paredes de la concatedral o en la fachada del palacio episcopal. Y, si se fijan, verán que hay dos tipos de suelo en la plaza: el original y el posterior al bombardeo. Sin duda, el evento más trágico de la ciudad en el último siglo.

Búnkeres

La población quedó en shock, y se preparó para posibles futuros ataques, llenando de sacos terreros los soportales de la Plaza Mayor, transformaron sótanos en refugios, instalaron el servicio de alarma en cuatro torres de Cáceres, en las de las iglesias de Santiago, San Juan, Santa María y San Mateo, los cristales de las casas se cruzaron con papel de goma y se llegaron a construir barricadas.

Esta preparación se puede comprobar a las afueras de la ciudad, en el antiguo aeródromo, donde se pueden observar hasta cinco búnkeres abandonados. Situado en la carretera de Mérida, a unos 3 kilómetros de Cáceres, el campo de aviación era utilizado por las fuerzas sublevadas y contaba con estos refugios y una serie de edificios que se extendían a lo largo de 300 metros. Los búnkeres, que tienen forma 'U' y se encuentran paralelamente a la carretera, se pueden ver hoy en día, aunque se encuentran en mal estado. En los alrededores también hay un barracón rectangular semienterrado y otro en ruinas.

Imagen de la entrada de uno de los búnkeres abandonados.

Imagen de la entrada de uno de los búnkeres abandonados. / E.P

Lo que en su día fue toda una base militar fue abandonado del todo en la década de los setenta. El lugar donde la Legión Cóndor descansaba pasó a ser uno de los lugares estrella para hacer botellón. En su día se debatió si derrumbar estos vestigios pero diversas asociaciones se han opuesto, pidiendo incluso su reforma y adaptación para visitas, ya que en otros lugares de España está muy fomentado el turismo bélico y Cáceres tiene aquí una oportunidad.

Fosas

Los pueblos de la provincia también sufrieron bastante la represión franquista. En la provincia están registradas 61 fosas comunes, algunas ya abiertas, otras en proceso y algunas aún en investigación. Una que ha sido noticia recientemente ha sido la de la mina La Paloma de Zarza La Mayor, donde el pasado octubre se encontraron los primeros restos de la fosa. Se estima que hay 18 personas enterradas a unos 36 metros de profundidad, bajo tierra y basura. 89 años después, los familiares ya pueden empezar a respirar tranquilos, aunque aún queda trabajar para identificar los restos de la fosa.

Uno de los lugares en los que más cuerpos enterrados había era en la fosa de Logrosán, con hasta 52 víctimas que fueron trasladadas en 1959 al Valle de Cuelgamuros. Al valle también fueron trasladadas víctimas de Trujillo, Navalmoral de la Mata y Miajadas, y 20 años antes ya lo hicieron de Cáceres y Plasencia. Existe una grandísima cantidad de fosas que aún están en investigación o pendientes de identificación, cuya lista se puede observar en el mapa que tiene a disposición la Junta de Extremadura. Cada una de ellas con una historia detrás y unos nombres cuyas familias no quieren que queden en el olvido y se les pueda dar, casi un siglo después, un entierro digno.

La Diputación de Cáceres financia la exhumación de estas fosas, poniendo énfasis en lugares como Almoharín y Villamesías, con 12 y 13 víctimas estimadas, respectivamente. Los cementerios de las ciudades cacereñas han recibido peticiones para la revisión de sus fosas, como ocurre en Trujillo, Navalmoral de la Mata y Cáceres.

Las guerras son lo peor que ha creado el ser humano, un momento en el que no hay buenos o malos, solo muerte, destrucción, desolación y mucho dolor. 86 años después, España aún trata de curar sus cicatrices.

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