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Cultura

Hombres Lobo, sirenas o el Machú Lanú: las leyendas que nutren la cultura popular de Las Hurdes

La comarca de Las Hurdes está llena de sorpresas, con su magnífica naturaleza y su rica gastronomía como pilares de su fama, pero está plagada de relatos de seres mitológicos o historias perturbadoras de seres escalofriantes que también vuelve muy rica la cultura hurdana. Brujas, sirenas, hombres lobo, duendes o un cíclope: son muchas las leyendas

Imagen ficticia del Machú Lanú.

Imagen ficticia del Machú Lanú. / E.P

Cáceres

Las Hurdes es, probablemente, el lugar de Extremadura con más leyendas sobre misteriosas criaturas que rondaban los poblados. Más allá de los lagartos gigantes, los relatos abundan en la zona, con muy raros especímenes de todos los tamaños como protagonistas. Estas historias tienen ya sus años, pero asusta pensar que hay testigos o escritos del momento que describen los hechos.

El hijo de Satán

Uno de los monstruos extremeños más célebres es el Machú Lanú. «Su cuerpo es híbrido, mitad macho cabrío, mitad humano. Es de complexión corpulenta, posee cuartos traseros de macho cabrío y rostro humano deforme, camina erguido y está provisto de cuernos sobre la cabeza, además posee una voz humana cavernosa y aterradora», y antes de aparecer suele levantarse un ligero vendaval.

El Machú Lanú fue supuestamente visto en la década de los años sesenta, según recogen varios testimonios de pastores y ganaderos aterrorizados. Sea real o no esta criatura que bien parece el mismo Satán, el también llamado Lanú ha perdurado en la memoria de los vecinos de Las Hurdes, siendo una parte importante de su folklore y de los carnavales. Se le considera una representación de la dureza y el tesón constantes.

El Lobisome

Igual de peludo era el supuesto hombre lobo que, según las leyendas, merodeaba la comarca. El típico cuento de terror que nos ha aterrado a todos cuando éramos pequeños. Al hombre lobo hurdano se le conoce, desde que Publio Hurtado así lo recogió, como el Libosome. Este, según la tradición, aparenta ser un hombre común hasta que se transforma en lobo ante los ojos de todos. Hasta ahora nada nuevo.

Se cree que esta maldición afecta a quienes nacen la noche del 24 de diciembre o los séptimos hijos varones consecutivos, sin ninguna mujer en medio. En este último caso, la maldición se rompería si al niño se le nombra Antonio y el hermano mayor lo apadrina en el bautizo. La transformación llega un día distinto según la fuente: unos dicen que en noches de luna llena, otros los viernes o en la noche de San Juan. Ya saben, leyendas.

Por cierto, en caso de haber una séptima hija consecutiva, sin varón de por medio, no nacería con la condición de hombre lobo, sino con la de bruja.

Imagen de un hombre lobo.

Imagen de un hombre lobo. / E.P

No obstante, si nos basamos más en la ciencia que en los cuentos populares, hay que diferenciar dos términos que van de la mano pero no significan exactamente lo mismo: licántropo y hombre lobo. El primero hace referencia a las personas aquejadas de algún trastorno mental y que, como consecuencia, acaban creyéndose lobos u otros animales y actúan como tales. Cuando hablamos de hombres lobo lo hacemos de personas que se convierten físicamente en lobos o en una especie híbrida.

Según recogió Semana Ilustrada (revista literaria de aparición semanal en la que se publicaban novelas cortas, textos humorísticos y relatos seriados) en 1907, en Las Hurdes también habitaba un hombre con una apariencia y comportamiento parecidos a los de un lobo, es decir, un licántropo.

El licántropo de Las Hurdes

En medio de las rocas abruptas y las montañas vertiginosas de Las Hurdes, en la provincia de Cáceres, habita un ser humano al que su apariencia ha hecho dar el nombre de lobo. Este hombre ignora toda clase de lenguaje; no saca de su garganta más que sonidos inarticulados. Vive en medio de las rocas, errando al azar; de tarde en tarde solamente se deja ver cerca de los lugares habitados, cuando el hambre le aguijonea. No se le conocen ni parientes ni familia alguna. Se cree que ha nacido en estas montañas y que, de pequeño, fue abandonado a su instinto por aquellos que le dieron la vida. Es de complexión delgada y ágil como un gamo; su mirada es inteligente, y caza hábilmente por medio de trampas que se construye él mismo. Se alimenta de caza y de pescado crudo, preferentemente vivos. Está en relación continua con los lobos que abundan en esta región. Cuando el hambre le tortura, o cuando se le persigue, se vuelve, al parecer, terrible. De lo contrario, huye y desaparece en la maleza. Semeja tener treinta años.

(Semana Ilustrada. 28 de septiembre de 1906)

Duendes

También se cuentan leyendas sobre duendes. En este caso hay dos más reconocidos, el Duende Entignao y el Duende de Ladrillar. Aunque a todos se nos viene la imagen de un ser diminuto al pensar en un duende, el primero de estos dos poco tenía de pequeño. El Entignao o Entiznáu es un duende con tamaño gigante, de aspecto negruzco o tiznado, que viste una levita negra y un sombrero de copa también negro. Vive en lo alto de la sierra de La Gineta y se le suele ver al amanecer o anochecer, siempre aparece liando o fumando puros que ofrece a los pastores. Cuando su generosidad es despreciada, es capaz de, fruto de su carácter, conjurar las más terribles tormentas. Se recogen sus apariciones en el año 1902.

Ilustración del Duende Entignao.

Ilustración del Duende Entignao. / Borja González.

Sin embargo, la historia del Duende de Ladrillar es mucho más inquietante. Según recogen las actas oficiales de la época, en 1907 un diminuto ser de tez oscura que flotaba comenzó a presentarse en el pueblo. Acompañado de dos luminarias, parecía ir vestido de negro con un traje muy ceñido, tenía una cabeza desproporcionadamente grande y unas extremidades muy cortas. Se paseó durante tres días por las calles del pueblo con total impunidad, emitiendo unos gritos guturales y todas las noches parando en las inmediaciones del cementerio.

Cada vez que aparecía por sorpresa, la gente huía presa del pánico y se encerraba en sus casas. La situación era insostenible y el párroco del pueblo, Isaac Gutiérrez, decidió intervenir escribiendo a la Diócesis de Coria, quienes jamás respondieron. Un día, la misteriosa criatura apareció en la plaza, en frente de la iglesia, cerca de un grupo de niños que jugaba. El ser sobrevoló a poca altura sobre ellos y la pequeña María Encarnación Martín, de tan solo cinco años, cayó al suelo fulminada por una de las luminarias. Días después, la niña falleció sin conocer las causas de su muerte. Testigo de todo fue Serafina Bejarano, quien relató de memoria el suceso décadas después.

Testimonio de Serafina sobre el Duende de Ladrillar

«Yo tendría nueve años. Y todo lo recuerdo perfectamente como si hubiera pasado hoy. Fueron tres días los que se apareció aquel “tío” [...]. Era como un pájaro grande, negro, que se posaba en los árboles y estaba allí, junto al cementerio. [...].Venía volando, a no mucha altura y perseguido de dos luminarias redonditas. Casi nunca hacía ruido, pero a veces gritaba… [...]. No paraba de hacer un grito muy fuerte, como ‘¡gua, gua! Estuvo un tiempo y luego se fue” [...]. La gente se arrejuntaba en aquella placilla de abajo y veíamos cómo aquel demonio flotaba hasta esa arboleda de ahí enfrente. Uno de los días llegó a aposarse muy cerca del cementerio. Daba como un “rivoloteo en el aire” y volvía otra vez para una casa de allí. Estábamos muy asustados… todos le teníamos miedo. Luego hubo un día que no volvió más y por eso se quedó lo del duende. Dicen que el cura lo expulsó, que llegó a pelearse con él. Pero eso ya no lo sé. Iba vestido de negro y era chiquito, chiquito… parecido igual a un mono. Yo tenía nueve años… pero nunca podré olvidarlo».

Las brujas de Cambroncino

La figura de las brujas ha existido a lo largo de la historia. Mujeres hechiceras que se quemaban en la hoguera. En Cambroncino, alquería perteneciente al municipio de Caminomorisco, habitaban algunas, supuestamente. La localidad está formada por tres barrios: la zona centro junto a la iglesia de Santa Catalina, también conocida como de 'Las Lástimas', el 'Barrio de Abajo' y el que actualmente se encuentra en ruinas y abandonado: 'El Teso'. Es este último, ya en ruinas, el que, según se cuenta, acogía brujas y hechiceras.

Existen escritos del siglo XVI en el que se cuenta que en esta zona se realizaban prácticas esotéricas. Estas mujeres causaban miedo en los vecinos, pues consideraban que su comportamiento estaba muy alejado de la condición moral y a menudo eran señaladas como responsables de hacer desaparecer niños recién nacidos, echar mal de ojo, hacer perder la razón a los hombres o poder manejar a su antojo las mentes de cualquiera que osara a desafiarlas.

En la zona han ocurrido hechos insólitos que marcaron a los vecinos de la comarca durante años y, según algunos, ellas fueron las autoras: en 1920, muy cerca de El Teso, concretamente en el pico de la Corderina, una niña de 12 años, Francisca Sánchez fue abierta en el canal y destripada para luego beber su sangre. El 21 de octubre de 1917, una extraña luminaria causó la muerte al "Tío Colas" tras perseguirlo desde Rivera Oveja hasta El Teso. No se pudo determinar la causa de su fallecimiento.

Para la década de los setenta, la barriada en el que era frecuente ver a estas brujas reunirse en la puerta de las casas alrededor de un humo, se fue vaciando fruto de un inevitable éxodo. Hoy en día no hay más que casas abandonadas y en muy mal estado, alrededor de una única calle, sin más vida que la de los recuerdos. Este arrabal se encuentra situado en mitad de un campo de escarpadas pizarras y rodeado por pequeños olivares que aún hoy son cultivados por los vecinos de Cambroncino. No obstante, es un buen testigo que muestra la típica arquitectura hurdana de los hogares que aún siguen en pie.

Ya saben el dicho, quizás puedes no creer en las brujas, pero haberlas, haylas.

La Gente de Muerti y la procesión de las ánimas

En Las Hurdes también es común la historia de la Genti de Muerti, también conocido como el Corteju de Genti de Muerti o Cortejo de Gente de Muerte. «Suelen aparecerse montados a caballo, estos macabros jinetes son dos, un hombre y una mujer ancianos, de rostro muy pálido con los ojos en blanco y unas manos huesudas con las que sujetan las riendas de los corceles, van vestidos con un faldón que impide verles sus piernas», cuenta la leyenda.

Imagen de unos jinetes.

Imagen de unos jinetes. / E.P

Su presencia indica que van a por el alma de una persona recién fallecida, lo que significa que cuando aparecen es porque un mortal va a morir. Aparecen misteriosamente de la nada durante la noche, el ruido de las herraduras de sus caballos anuncian su llegada, y desaparecen de la misma forma. Varios testigos han asegurado que al ver tan macabra situación se han atrevido a preguntarles quienes eran y solamente han escuchado de sus bocas una voz de ultratumba que exclama: "Genti de Muerti". Después se marchan, dejando un fuerte olor a sepulcro.

Parecida es la historia de la procesión de las ánimas, la versión local de la Santa Compaña. Se cuenta que esta macabra comitiva suele procesionar todos los jueves a media noche por los alrededores del río Malvellido (cercano a las alquerías de El Gasco, La Fragosa y Martilandrán).

La procesión de las ánimas

«Esta procesión, como su propio nombre indica, está compuesta por almas en pena, aquellos que la han visto y han vivido para contarlo la describen como un cortejo formado por siniestras siluetas blancas sin rostro que vagan en fila portando una vela o candil. La comitiva de espectros camina en silencio, un silencio únicamente roto por el tañido de campanas. Sobre la procesión cuentan que siempre va precedida por la silueta de un mortal reciente fallecido víctima de este macabro cortejo».

Un fuerte olor a cera quemada anuncia su inminente llegada, y si algún mortal la viera, equivaldría a una muerte inmediata.

La 'serena' de Caminomorisco

Volvemos a Caminomorisco, concretamente a la alquería de Aceña, donde existe una laguna conocida como el Charco Joyón. Allí existen leyendas sobre una sirena (o serena, como se conoce con el dialecto de la zona) que aparecía en la mañana del día de San Juan. Cierto es que Extremadura no tiene mar, ni falta que le hace, pues es la región con más kilómetros de costa (de agua dulce, claro). Allí en el Charco Joyón se cuenta que una mujer, mitad humana y mitad pescado, hechizaba a aquellos hombres que pisaban la zona, llevándolos directamente a un trágico destino. Además, se dice del Charco Joyón que comunica con el mar.

«Como ya me descubriste

Tienes los dias contados

Que soy la mitad mujer

Y soy la mitad pescado»

Le cantaba la sirena a los hombres que la descubrían.

Otra historia con este ser como protagonista ocurre en Aceitunilla, donde relatos del siglo XX cuentan historias de 'La sirena de la Pesga'. Iker Jiménez llegó a tratarla entrevistando al hijo de un testigo, Pedro Martín, quien, según cuenta, se la encontró de bruces mientras se bañaba en la laguna de La Madroñosa.

Al nadar hacia la orilla de la laguna, notó la presencia de una extraña criatura que le provocó escalofríos. A unos diez metros de él, divisó «una criatura semejante a un anfibio de color cenizo con aletas a medio formar y una larga cola gruesa que se mueve de izquierda a derecha sumergida en las cristalinas aguas». La historia va a peor, pues la sangre se le hiela cuando se da cuenta de que ese inquietante ser tiene una cara humana, deformada y plana, «pero con una mirada triste de persona en un cuerpo de animal».

Ese fue el último avistamiento registrado de este ser que muchos han jurado haber visto desde el año 1920 en la zona.

El Jáncanu

Y acabamos con la leyenda de otros ser mitológico como es El Jáncanu, un cíclope. Su único ojo le aporta una vista prodigiosa y panorámica de varias leguas a la redonda desde la altura que le proporciona su gigante estatura. Se cuenta que vive en las cuevas hurdanas junto a su mujer, la Jáncana, dedicándose a pastorear cabras y ovejas. Esta leyenda es la versión hurdana del mito del cíclope presente en muchas culturas indoeuropeas y peninsulares, reproduciendo con ligeras variantes la aventura de Ulises y Polifemo en la Odisea de Homero.

También existe una variante del Jáncanu, y es el Pelujáncanu. Se diferencia en que en su calva tiene un solo pelo. Es un hecho que estas leyendas se han compartido gracias a los usos cotidianos de la música tradicional y la literatura, siendo a menudo recurrente para asustar a los niños.

Todas estas historias y leyendas, unas más creíbles que otras, son un elemento esencial para que la cultura hurdana de siglos de historia perviva por siempre. La importancia de saber quién es el Machú Lanú o qué es el Jáncanu o el Duende Estignao. Son personajes culturales que deben perdurar en el tiempo para que las raíces de esta comarca tan fascinante como son Las Hurdes no se pierdan en el olvido. Hay muchos que no se han nombrado, como La Chancalaera, La Encorujá o El 'Encontrau'. Creer o no los relatos de testigos ya es cuestión de cada uno.

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