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Fiestas regionales

La Encamisá y los Escobazos, dos fiestas unidas por la Virgen, la familia y el fuego

Torrejoncillo celebra La Encamisá, donde jinetes vestidos con faroles y cubiertos por sábanas blancas recorren el pueblo en honor a la Virgen

En Jarandilla de la Vera se celebra Los Escobazos, Fiesta de Interés Turístico Nacional, con una procesión donde los escobones encendidos iluminan el camino de la Virgen, entre cantos y risas

Imagen de la fiesta de Los Escobazos de Jarandilla de la Vera.

Imagen de la fiesta de Los Escobazos de Jarandilla de la Vera. / Toni Gudiel

Cáceres

Aunque les separa 121 kilómetros de distancia, Torrejoncillo y Jarandilla de la Vera coinciden en un detalle: celebran el mismo día sus fiestas locales, el 7 de diciembre. Y lo hacen con dos tradiciones muy arraigadas en sus pueblos y que atrae a muchas personas, de diferentes orígenes pero con un mismo destino: la veneración mariana. Y aunque se realicen de formas distintas, tienen en común un elemento: el fuego. Se trata de La Encamisá de Torrejoncillo y Los Escobazos de Jarandilla de la Vera.

La Encamisá

La Encamisá de Torrejoncillo se celebra en honor a la Virgen de la Inmaculada y comienza a las diez de la noche del 7 de diciembre. La fiesta comienza en la iglesia de San Andrés, en la plaza Mayor, de donde sale a esa hora un estandarte con la imagen de la Virgen. En ese momento, otro grupo de personas disparan sus escopetas al aire, lanzando salvas a la Virgen e impregnando toda la plaza con el olor de la pólvora.

El estandarte recorre 20 metros hasta que llega a las manos del Mayordomo, que monta un caballo atalajado vistosamente para la ocasión. Entonces comienza una procesión de jinetes siguiendo al estandarte. Que el paseo sea a caballo no es lo más peculiar del acto, sino que todas las personas van cubiertas por sábanas blancas, en muchas ocasiones decoradas con detalles o, simplemente, la imagen mariana. Además, llevan con ellos faroles.

Fiesta de La Encamisá.

Fiesta de La Encamisá. / EL PERIÓDICO

El Mayordomo es quien lidera la comitiva, con dos jinetes a sus lados. Todos vitorean y gritan con el alma. La procesión recorre todo el pueblo, donde la población espera a la comitiva en diferentes lugares, y en cada encuentro los jinetes lanzan salvas de escopeta en honor a la Purísima, mientras el pueblo la vitorea con piropos.

Un momento así es difícil de explicar para alguien que no lo ha vivido. Es el día grande de Torrejoncillo, un momento lleno de alegría pero que fácilmente puede ser de tristeza cuando se recuerda a aquellos que ya no están. Es un momento de mucho sentimiento.

Mientras tanto, en las plazuelas del pueblo se encienden joritañas (hogueras), un instante para reunirse en familia o con amigos y, no solo resguardarse del frío, sino simplemente conversar. Allí, los niños queman sus jachas (haz de gamonita) que con mucho amor y paciencia les han preparado sus abuelos o padres.

Tras unas horas, la comitiva regresa a la plaza Mayor, donde el pueblo la recibe por última vez con la fuerza del inicio, pero con la tranquilidad de que ya han podido pedir todo a la Virgen. Cuando acaba la procesión, el Mayordomo invita a todos, vecinos y visitantes, a tomar los tradicionales coquillos, acompañados de licores o aguardiente.

Imagen de la fiesta de La Encamisá de Torrejoncillo.

Imagen de la fiesta de La Encamisá de Torrejoncillo. / Turismo Cáceres

Origen

El origen de esta fiesta, según la leyenda, es bélico. Hay que remontarse a la Batalla de Pavía, en la que el Capitán Alfonso de Ávalos, de origen torrejoncillano, camufló a sus hombres con sábanas blancas para hacerlos invisibles en un paisaje nevado y así vencer al enemigo. De regreso a su pueblo, dicen que comenzó a interpretarse esta hazaña bélica, que adquirió carácter religioso al afirmarse que fue la Virgen quien les ayudó en esta victoria.

Los Escobazos

Por su parte, en Jarandilla de la Vera se celebra, también el día 7 de diciembre, la fiesta de Los Escobazos, declarada de Interés Turístico Nacional. En su caso también se venera a la misma Virgen, pero en este caso se le invoca como La Concepción.

En la fiesta de Los Escobazos también está bastante presente el fuego, y también cuenta con una procesión. Esta sale a la hora del atardecer de la parroquia de Santa María de la Torre, y tiene como protagonista el estandarte de la Virgen de la Concepción.

Sin embargo, si esta celebración es tan especial, es por los ardientes escobones. Estos son grandes piras con maderas y ramas secas a las que se les prende fuego y se utiliza como antorchas para acompañar al estandarte de la Virgen, que lleva el Mayordomo y al que acompañan dos jinetes. A pie o a caballo, los residentes iluminan la imagen de la Virgen con sus escobas encendidas mientras cantan y desfilan por las calles de Jarandilla de la Vera.

El ambiente festivo inunda las calles del municipio, y quienes portan los escobones se dan 'escobazos' entre unos y otros, riendo, pasándolo bien y cantando canciones populares hacia la Virgen. La fiesta continúa durante toda la noche, acompañada de hogueras, junto a seres queridos y grupos de amigos. Con ellos se comparten los vinos locales «pitarra» y otros productos tradicionales. En general, este evento cultural es una hermosa muestra de comunión y tradición cultural.

Historia

El origen de esta tradición se remonta al mundo pastoril. Al anochecer del 7 de diciembre, los cabreros de Jarandilla de la Vera descendían desde los pastos de la sierra de Gredos hacia el pueblo para celebrar al día siguiente la festividad de la Virgen de la Concepción, una de las pocas ocasiones festivas de las que podían disfrutar.

Para alumbrarse durante la bajada, que transcurría por senderos difíciles y a oscuras, los pastores utilizaban largas antorchas hechas con retamas secas atadas con cuerdas de fibra de pita, conocidas como “escobones”. Además de iluminarles, servían para ahuyentar a los lobos. Una vez en el pueblo, apagaban los escobones golpeándolos entre sí en tono festivo, entonaban los cantos tradicionales de la celebración y compartían varios tragos de vino de pitarra.

Así se acabó convirtiendo en esta tradición. A mediados del siglo XX la fiesta decayó, debido a la despoblación por la emigración del campo a la ciudad, pero años después fue recuperada por los maestros, quienes animaron a los niños a elaborar sus 'escobones' a la antigua usanza y salir en la procesión de la Concepción. La iniciativa tuvo éxito y pronto fue secundada por los adultos, hasta el punto de que desde finales del siglo XX se ha convertido en una manifestación popular secundada por niños, hombres y mujeres.

Imagen de un chico portando un escobazo.

Imagen de un chico portando un escobazo. / Reserva Extremadura

Es así como, poco a poco, quedó como parte de la identidad de Jarandilla de la Vera y de Extremadura. En 1991 es nombrada como Fiesta de Interés Turístico de Extremadura, y en 2024 como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Dos fiestas y dos pueblos, tan distintos como parecidos, pero que tienen una cosa en común: son unas tradiciones para disfrutar, vivir en familia y con amigos, y que enriquecen la cultura de la provincia de Cáceres y Extremadura.

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