Historia
El día que tembló la catedral de Coria: así afectó el terremoto de Lisboa en la provincia de Cáceres
Con una magnitud 9 en la escala Ritcher actual, el terremoto de Lisboa arrasó muchos puntos de la península, y afectó también a Cáceres. Grietas aún hoy visibles o relatos de derrumbes, son varias las cicatrices que aún perduran de aquel incidente que ya tiene 270 años

Imagen de la catedral de Coria. / E.P
Han pasado 270 años pero no nos hacemos una idea de lo que tuvo que ser. El 1 de noviembre de 1755 ocurrió algo que cambió la historia de Portugal, pero que se hizo notar en Extremadura también: el terremoto de Lisboa. Los geólogos estiman hoy que la magnitud del seísmo sería de aproximadamente un 9 en la escala de Richter. Aunque Lisboa fue la mayor afectada (al terremoto se sumó un incendio y la ciudad quedó prácticamente arrasada al completo), hoy en día podemos seguir observando cicatrices de aquel evento natural en la provincia de Cáceres.
La grieta de la catedral
Una de las ciudades de la provincia que más se vio afectada por el terremoto fue Coria. No solo la catedral de Santa María de la Asunción, una de las joyas de la provincia, se vio bastante afectada, sino que el temblor fue tan fuerte que movió el cauce del río Alagón por la localidad.
El Día de todos los Santos de ese año quedó marcado por la tragedia. Con el terremoto, que ocurría a la hora de misa, parte de la torre de la catedral se vino abajo. Se registraron numerosos heridos y 21 fallecidos.

Dibujo de la época. / E.P
Los daños ocasionados en el edificio obligaron al cabildo a realizar una serie de actuaciones. Una de ellas fue vender la plata vieja para obtener medios con los que arreglar algunos desperfectos, vendiéndose muchos objetos como vasos y cruces en desuso. El dinero que se ingresó permitió arreglar la veleta y la cúpula que el terremoto derribó.
Los grandes daños que se registraron en el interior de la catedral, concretamente, en la capilla principal y en el retablo mayor, obligaron al clero a suspender la actividad en el edificio y a buscar otro lugar donde celebrar los actos religiosos. Los sacerdotes optaron por la parroquia de Santiago, pero el intenso frío les hizo irse al Convento de Las Monjas, lugar donde, aseguraban, les faltaba espacio. La reforma del templo fue el mayor dolor de cabeza del obispo de por entonces, Juan José García Álvaro.
Fue cuatro años después, ya en 1759, cuando, por fin, pudo volver la actividad al templo donde, aún hoy, siguen quedando restos visibles de aquel momento. Si uno se fija, como ocurre en todas las cicatrices del terremoto, que hay que fijarse, podrá observar una amplia grieta que resquebraja los sillares del edificio. Esta ha sido tratada varias veces para garantizar la estabilidad del muro.

Imagen de la grieta en la catedral. / DIÓCESIS CORIA-CÁCERES
El puente sin río
Pero la grieta de la catedral y los relatos no son las únicas huellas que quedan en Coria. Los visitantes observan con asombro la existencia de un puente sin río. Este se construyó en el siglo XVI para cruzar el río Alagón, afluente del río Tajo que cruza toda la provincia (y nos deja una de las estampas más bonitas de la región en su paso por Las Hurdes, el Meandro del Melero).
Los ríos no son líneas fijas: cambian como cambia todo lo que los rodea. En zonas llanas, como las vegas de Coria, el agua busca siempre el terreno más fácil y tiende a abrirse en varios brazos, creando meandros y canales secundarios que hacen la tierra fértil, pero también inestable.

Imagen del puente sin río, con la catedral al fondo. / Benigno Bollo
Según explica el experto hidráulico Emilio M. Arévalo, mucho antes del terremoto de 1755 las crecidas ya habían debilitado el viejo puente y alterado esos brazos del Alagón. Aun así, nada se descarta y sí es posible que fuera el gran temblor de Lisboa el que diera el golpe final y desviara definitivamente el cauce, dejando el puente sin río bajo sus arcos.
En los años ochenta, un artista japonés llamado Akasegawa Genpei acuñó el término 'thomasson' para «unas reliquias o estructuras inútiles que se ha conservado como parte de un edificio o del entorno construido transformándose en una obra de arte en sí misma». Así que, se podría decir que Coria tiene un 'thomasson' en este puente tan antiguo. Un puente sin río.
Informe
El rey por entonces, Fernando VI, ante la magnitud del fenómeno y por haberlo vivido en primera persona, una semana más tarde del triste suceso ordenó al gobernador del Supremo Consejo de Castilla la preparación de un informe sobre el terremoto. Para realizar tan magna encuesta se elaboró un cuestionario de ocho preguntas dirigido a las personas de "mayor razón" de las capitales y pueblos de cierta importancia, para que contestaran lo más rápido posible y con sus respuestas tener una idea más acertada de la incidencia del terremoto en el reino.
En dicho informe aparece una larga lista de pueblos cacereños que se vieron afectados, unos en mayor y otros en menor medida: Albalá, Alcántara, Alcuéscar, Alía, Almoharín, Arroyo de la Luz, Arroyomolinos, Benquerencia, Botija, Brozas, Cáceres, Carrascalejo, Casas de Don Antonio, Castañar de Ibor, Coria, Eljas, Garvín, Gata, Higuera, Mata de Alcántara, Montánchez, Navalvillar de Ibor, Peraleda de San Román, Plasencia, Santiago de Alcántara, Torre de Don Miguel, Torre de Santa María, Torremocha, Trevejo, Trujillo, Valdefuentes, Valdelacasa, Valencia de Alcántara, Villa del Campo y Villar de Pedroso.
Aquí llegaba a las 10 y 5 minutos de la mañana, en el día de todos Santos, y empezamos a sentir un gran temblor de tierra, cuya grande fuerza duró 3 minutos, uno su principio, y otro su fin. Ha ocasionado el movimiento impetuoso de los más fuertes edificios, algunas aberturas o hiendas de pared, tal cual pequeña ruina en los endebles, y ningún daño en las personas, gracias a Dios. A las dos horas repitió otro pequeño movimiento que duró un minuto.
Sería eterno hablar de todos y cada uno de estos pueblos o ciudades en los cuales, al menos en algunos, aún permanecen los daños de aquel incidente. En Plasencia es visible en la iglesia de San Nicolás, en su gótico rosetón, una gran grieta, así como los sellos de yeso que se utilizan para comprobar si dicha grieta se agranda y hace peligrar estructuralmente la iglesia o no. También pueden verse importantes daños en su fachada sur.
Allí también se vio afectadootro de los grandes monumentos de la ciudad, el palacio de los Monroy, también conocido como la 'casa de las Dos Torres'. Sin embargo, en este edificio se mantiene en pie solo una de estas, pues la otro quedó muy afectada por el temblor y hubo que derribarla por seguridad.
En Trujillo, muchos edificios sufrieron grietas como consecuencia del movimiento de la tierra, pero los peores daños se ocasionaron en la iglesia de Santa María la Mayor y, sobre todo, su Torre Julia, la cual se derrumbó. Cayeron cuatro escudos nobiliarios de la cornisa, y uno de ellos desapareció. La torre, que tenía y ahora sigue teniendo la función de campanario, se mantuvo en ruinas durante 116 años hasta que se mandó demoler en 1871 del todo debido a la peligrosidad de su estado.
Un siglo entero estuvo así, hasta que en 1972 se decide reconstruirla sirviéndose de grabados antiguos y fotografías para tratar de ser fiel al diseño románico original. Es aquí cuando uno de los canteros, Antonio Serván, talló el escudo del Athletic Club Bilbao en uno de los capiteles de la torre como detalle personal. Pero esa es otra historia.

Estado de la Torre Julia tras su derrumbe. / E.P
¿Una cruz torcida?
En Cáceres también se dejó notar bastante. Algunas edificaciones de la plaza Mayor se derrumbaron y aparecieron grietas en la iglesia de Santiago, donde reza hoy una inscripción en una de las paredes exteriores. «Esta torre se edificó a gloria de Dios; Omnipotente y a honra del glorioso apostol; pater…Santiago. Se reparó en 1768».
La peor parte de estas construcciones más sólidas se la llevó el monasterio de San Francisco, pues hubo que añadir contrafuertes a los arcos del claustro, una de cuyas alas se desplomó completamente, de lo que se salvaron los frailes que se encontraban rezando en el interior del templo.
Y, para terminar, una curiosidad. En pleno corazón cacereño se puede ver una de las cicatrices más silenciosas. Si alguna vez se han fijado en los detalles de la iglesia de la Preciosa Sangre de la plaza de San Jorge, se habrán percatado que la pequeña cruz que corona la iglesia está ligeramente torcida y mira más hacia nuestra derecha. ¿La razón? Sí, de nuevo, el gran terremoto de Lisboa.

Imagen de la cruz de la iglesia de la Preciosa Sangre, ligeramente torcida. / Jorge Valiente
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