Trujillo despide a Jesús María García, vicario parroquial, tras dos años de entrega pastoral
La comunidad cristiana de Trujillo vivió este fin de semana un emotivo acto de despedida del sacerdote, quien ha ejercido como vicario parroquial en la ciudad y como Párroco en Ibahernando y Robledillo de Trujillo

El sacerdote D. Jesús María García en su despedida / Javier Catalán

La comunidad cristiana de Trujillo vivió este fin de semana un emotivo acto de despedida del sacerdote D. Jesús María García, quien ha ejercido como vicario parroquial en la ciudad y como Párroco en Ibahernando y Robledillo de Trujillo, poniendo fin a una etapa marcada por la cercanía, la dedicación pastoral y el compromiso con la evangelización.
La celebración, cargada de simbolismo y sentimientos compartidos, reunió el domingo por la tarde a fieles, catequistas, cofradías, niños de catequesis y sacerdotes compañeros en la iglesia de San Martín de Tours, donde acompañaron al sacerdote para mostrar su agradecimiento antes del envío a su nuevo destino pastoral.
El agradecimiento de los catequistas
Uno de los momentos más significativos llegó con las palabras de las catequistas, que destacaron de manera especial la implicación de D. Jesús María en la labor catecumenal. Subrayaron su papel como guía y apoyo constante, su cercanía y su capacidad para animar y acompañar en la misión evangelizadora.
“Siempre hemos encontrado en él un apoyo firme y un referente”, expresaron, resaltando que el cariño demostrado hacia el catecumenado es “uno de los mejores frutos de su vida sacerdotal”. En su intervención, pidieron al Espíritu Santo que lo acompañe en esta nueva etapa y le aseguraron un lugar permanente en el corazón de la comunidad.
El reconocimiento del párroco, D. Juan Carlos Milla
El párroco de Trujillo, D. Juan Carlos Milla, tomó la palabra para agradecer públicamente la generosidad de la Diócesis de Antioquia (Colombia), de donde proceden varios sacerdotes misioneros que han prestado servicio en la Diócesis de Plasencia. En este contexto, puso en valor la riqueza vocacional de dicha diócesis y el beneficio que ha supuesto para las parroquias trujillanas.
Dirigiéndose directamente a D. Jesús María, reconoció que la despedida llega antes de lo esperado, pero subrayó el ejemplo de fidelidad y responsabilidad que ha dado “desde el primer día hasta el último”. Destacó su entrega constante, incluso hasta la tarde del de su despedida, cumpliendo con su misión sacerdotal en todas las comunidades encomendadas.
El párroco agradeció también su confianza, disponibilidad y generosidad, señalando que su labor ha sido clave en el desarrollo pastoral de la parroquia y en su propio ministerio como párroco. “Te llevas nuestro cariño y nuestra oración”, concluyó, invocando la protección de la Virgen de la Victoria.
Un testimonio de fe y gratitud
Visiblemente emocionado, D. Jesús María García compartió unas palabras profundas y personales, articuladas en torno a la cita bíblica de la carta a los Gálatas: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”, lema que ha marcado sus 16 años de sacerdocio.
El sacerdote recordó su paso por Trujillo como un tiempo breve en años, pero intenso en vivencias, agradeciendo a Dios el regalo de haber podido compartir la fe, la esperanza y la amistad con la comunidad trujillana. Reconoció la nostalgia del momento, pero también la confianza en los caminos de Dios, propios de la vida sacerdotal y misionera.
En su intervención tuvo palabras de gratitud para las familias que le abrieron las puertas de sus hogares, para quienes le acompañaron en momentos difíciles y para todos aquellos que, con gestos sencillos, le hicieron sentirse parte de una familia. Su deseo, afirmó, es haber dejado huella, no personal, sino la huella de Cristo en cada corazón.
Con humildad, pidió perdón por las ocasiones en las que pudo haber dado más de sí y no lo hizo, y agradeció el acompañamiento de sus compañeros sacerdotes, de quienes afirmó llevarse aprendizajes y recuerdos que enriquecen su ministerio.
Un recuerdo sencillo y un envío lleno de esperanza
En nombre de la comunidad cristiana, se hizo entrega a D. Jesús María de un sencillo recuerdo, pensado para que pudiera llevarlo consigo como símbolo del afecto de Trujillo: una casulla para la celebración eucarística. Un detalle sobrio, “en blanco”, como guiño cariñoso al color de si indumentaria y a la imagen con la que muchos fieles lo recordarán recorriendo las calles de la ciudad.
Tras la bendición final, el sacerdote aseguró llevar a todos en su corazón: “Todos es todos”, subrayó, prometiendo recordar siempre a la comunidad trujillana cada vez que vista el ornamento recibido.
Trujillo despide así a un sacerdote que deja una huella profunda de fe, cercanía y testimonio, y que continúa ahora su camino pastoral en su país natal, con el cariño y la oración de una comunidad que lo siente ya como parte de su historia.
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