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La plaza de toros de Trujillo declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento

La Junta blinda la protección del coso de 1848, obra de Calixto de la Muela, un edificio singular por su arquitectura, su pasado histórico y hasta su valor natural como enclave del cernícalo primilla

Plaza de Toros “La Piedad” de Trujillo

Plaza de Toros “La Piedad” de Trujillo / El Periódico

Alejandro Cancho

Alejandro Cancho

Trujillo

La plaza de toros de Trujillo ya forma parte del catálogo patrimonial más protegido de Extremadura. El Consejo de Gobierno de la Junta ha aprobado el decreto que la declara Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Monumento, un reconocimiento que refuerza la conservación de uno de los cosos históricos de la región, construido en 1848 y ligado al arquitecto Calixto de la Muela, autor también de intervenciones relevantes fuera de la ciudad, como una de las primeras reformas del actual edificio del Senado en Madrid y el alzado del polvorín del Paseo Alto de Cáceres.

La declaración llega, además, tras un recorrido administrativo de largo aliento: el expediente para su protección fue incoado en 1987 y ha sido actualizado en 2025 con nueva documentación técnica para adaptarlo a la normativa vigente.

Un edificio marcado por la historia

Más allá de su interés arquitectónico, la plaza conserva una huella histórica especialmente significativa. Durante la Guerra Civil, el recinto fue utilizado como campo de concentración para prisioneros republicanos entre 1937 y 1939, una circunstancia que lo dejó en un estado muy deteriorado. Ese daño explica las actuaciones posteriores: el Ayuntamiento acometió su reconstrucción en los años cuarenta y, sobre todo, una serie de reformas destacadas en los años cincuenta, que terminaron de definir varios de sus elementos actuales.

De los festejos en la Plaza Mayor a la plaza de 1848

La tradición taurina en Trujillo se documenta, al menos, desde el siglo XVII. Ya en 1648 se celebraban festejos en la Plaza Mayor, y se cita como especialmente destacado el organizado con motivo de la visita de Felipe III, en una época en la que el propio Ayuntamiento se encargaba de tablados y logística.

La memoria taurina de la ciudad también pasa por otro enclave hoy desaparecido: la documentación conservada acredita la existencia de una plaza fija junto a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, propiedad de la cofradía del mismo nombre. Ese conjunto (plaza y edificio religioso) fue destruido el 19 de marzo de 1809 por las tropas francesas que tomaron la ciudad. Aun así, según anotaciones municipales, la cofradía mantuvo el título de propiedad de los restos de aquella plaza al menos hasta 1819.

El impulso definitivo al coso trujillano actual llegó en el XIX. En 1846, un grupo de ciudadanos creó una sociedad con un objetivo claro: aclarar la titularidad de los terrenos, abrir una suscripción de acciones y edificar una plaza nueva. El libro de acuerdos de aquella asociación se conserva en el Archivo Municipal de la ciudad. La comisión gestora la formaron, entre otros, el Marqués de la Conquista, Jacinto de Orellana Pizarro, principal accionista de la obra.

El proyecto se materializó poco después: el 14 de septiembre de 1847 la sociedad adquirió los terrenos por 500 reales y encargó la construcción al arquitecto Calixto de la Muela y al constructor Manuel Mariño, por una cuantía inicial de 240.000 reales. Menos de un año después, el coso abría sus puertas y Trujillo fijaba para siempre una nueva pieza en su paisaje urbano.

Plaza de Toros “La Piedad” de Trujillo

Plaza de Toros “La Piedad” de Trujillo / SERGIO HERGUIJUELA

Arquitectura de piedra, granito y una andanada singular

El decreto de la Junta pone el foco en la singularidad del edificio, exento en sus cuatro lados, aunque con los corrales adosados en el flanco sur. Exteriormente se organiza en dos plantas: una baja dominada por arcos rebajados y una superior retranqueada, separadas por un pequeño tejadillo de teja árabe. Además de la Puerta Grande, se mantienen los accesos tradicionales de Sol y Sombra.

En el interior, la plaza conserva en gran medida la fábrica original de 1848, con un graderío de sillería de granito y elementos de interés patrimonial, como algunas barandillas metálicas de distintas épocas. La zona más singular es la andanada, donde se sitúan presidencia, palcos y parte del graderío: una galería cubierta que apoya en columnas toscanas de granito. Su cubierta actual no es la original —que debió ser de madera—, sino el resultado de reformas de los años cincuenta, con viguetas de hormigón y bovedillas de ladrillo, rematadas con cubierta a dos aguas y teja árabe.

La plaza está construida con piedra, mampostería y madera; el ruedo tiene 35 metros de diámetro (una superficie de 962 m²) y el conjunto de palcos, gradas y dependencias ronda los 3.338 m².

Dependencias, uso y aforo

El coso cuenta con una distribución funcional completa: tres puertas de acceso, dos toriles, dos corrales habilitados para albergar una corrida completa y seis más destinados al apartado. Dispone también de enfermería con sala de espera, quirófano, habitación con dos camas y baños, además de cuadras, dependencias de servicio y taquillas. Durante los últimos años se han llevado a cabo actuaciones de reforma en algunas de estas dependencias para ajustarse a nuevas normativas.

En cuanto a la capacidad, la documentación del expediente fija un aforo de 8.000 localidades y señala que, en la actualidad, la plaza se utiliza de manera ordinaria una vez al año, durante fiestas como la Feria del Queso o las fiestas patronales en honor a la Virgen de La Victoria.

Patrimonio cultural y también natural

La plaza de toros de Trujillo no es solo un hito arquitectónico: es también un punto de interés ornitológico, especialmente por la presencia del cernícalo primilla. En este contexto, se enmarca en la ZEPA urbana vinculada a las colonias de esta especie, un valor añadido que recuerda que el patrimonio de una ciudad no siempre es únicamente de piedra: a veces también late en los huecos de sus fachadas.

Un antecedente municipal de 2011

Como precedente reciente, en 2011 el Ayuntamiento aprobó una declaración que reconoce las celebraciones taurinas como Patrimonio Cultural Inmaterial de los trujillanos, subrayando una continuidad histórica de siglos. Ahora, con la declaración de BIC como Monumento, la plaza suma un nuevo blindaje: el que protege su arquitectura, su memoria y su papel como escenario dentro de la historia local.

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