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Gala del Deporte de Trujillo 2025

'Gocho', premio a una vida dedicada al deporte en Trujillo

Jesús Hueso recibe el Premio a la Trayectoria Deportiva

En una entrevista para El Periódico de Extremadura, repasa sus inicios como futbolista, su papel pionero en el impulso del fútbol femenino en Extremadura y su compromiso actual con la petanca y el deporte base

Jesús Hueso, 'Gocho'

Jesús Hueso, 'Gocho' / A. C.

Alejandro Cancho

Trujillo tiene nombres que se asocian, casi de forma automática, a un balón rodando, a una pista recién marcada, a un podio montado a primera hora o a una entrega de trofeos que parece salir sola. Detrás de esa “normalidad” suele haber muchas horas de organización, coordinación y esfuerzo discreto. Por eso, cuando en la Gala del Deporte de Trujillo 2025 se anunció el Premio a la Trayectoria Deportiva, el aplauso fue más que un gesto protocolario: era el reconocimiento a una figura que lleva décadas sosteniendo el deporte local desde dentro. El galardonado fue Jesús Hueso, conocido por todos como 'Gocho', trabajador municipal en la concejalía de Deportes y rostro habitual en competiciones, eventos y actividades de la ciudad.

En conversación con El Periódico de Extremadura, Gocho recibe el reconocimiento con gratitud y con una idea clara: “Los técnicos preferimos estar detrás, ayudar, colaborar con los clubes, con quien nos lo pida”. Pero admite que este premio tiene un matiz especial: no nace de un gesto institucional, sino del propio tejido deportivo. “Te proponen los clubes. Eso lo hace distinto”, señala. En ese “distinto” cabe algo fundamental: la mirada de quienes han compartido con él jornadas interminables, entrenamientos, montajes y problemas de última hora.

De Asturias a Extremadura: una vida con el fútbol como hilo conductor

Gocho arranca el relato por el principio, por Asturias. “Vengo de una familia obrera, y allí empecé a jugar al fútbol”, recuerda. Habla de otra época, de menos categorías, de campos y ambientes duros, de aprender “a base de competir” incluso siendo “bajito” en un contexto donde el físico imponía. Después llegó el traslado familiar y el paso por Valladolid, y con ello la concatenación de decisiones que marcan una vida: la tentación de un camino militar —“me llamaba el mundo de la aviación”—, una lesión importante y, finalmente, la continuidad del fútbol como brújula.

Ese recorrido lo llevó a Extremadura y a experiencias en equipos como el Coria, cuando el club daba el salto a Tercera, y más tarde el Miajadas, compaginando estudios vinculados a la Educación Física con la exigencia de entrenar y competir. Pero, por encima de las camisetas y las categorías, hay un elemento que él subraya con insistencia: el deporte entendido como escuela. “Yo entrenaba a niños aquí en Trujillo… muchos de los que eran críos entonces hoy son padres”, dice. Es una frase sencilla, pero condensa un impacto real: generaciones que han pasado por sus manos y que ahora acompañan a sus hijos al campo o al pabellón.

Pioneros del fútbol femenino: cuando nadie quería saber nada

Si hay un tramo de la entrevista donde se nota emoción —y también cierta reivindicación— es al hablar del fútbol femenino. Hoy es un fenómeno consolidado, con referentes, audiencias y títulos internacionales. Pero Gocho insiste en mirar atrás: “Al principio no nos quería nadie. Nadie quería saber de nosotros”. En su relato aparecen nombres propios y la imagen de un fútbol que empezaba prácticamente de cero, con dificultades para competir, para organizarse e incluso para ser tomado en serio.

Recuerda que en Extremadura la primera liga federada tuvo apenas cuatro equipos y que costó levantar un proyecto estable. Explica que, con el tiempo, y con apoyos concretos, la competición se amplió y se normalizó. A partir de ahí, su trayectoria le llevó a entrenar en clubes y proyectos que terminaron compitiendo en categorías nacionales. También reivindica la historia del equipo femenino vinculado a Trujillo —con diferentes denominaciones a lo largo de los años—, que llegó a competir durante varias temporadas en una categoría equivalente a la actual Segunda División, con jugadoras de la comarca y de toda la región. “Recorrimos Andalucía de arriba abajo, con jugadoras muy jóvenes”, relata, recordando un esfuerzo enorme de viajes, logística y compromiso.

Gocho no cuenta esa etapa para colgarse medallas personales, sino para dejar un mensaje de contexto: el presente no aparece por generación espontánea. “Para que hoy esté todo en boga, hubo gente que empujó cuando no era fácil”, viene a decir. Y lo hace con una defensa clara: el deporte no debería arrastrar prejuicios. “Una mujer puede ser muy femenina y jugar al fútbol”, sentencia.

El deporte que no se ve: madrugones, montaje y horas extra

En Trujillo, como en tantos municipios, el deporte se sostiene por una mezcla de pasión, voluntariado y mucho trabajo silencioso. Gocho lo resume con imágenes reconocibles: carreras populares con todo preparado al amanecer, campos listos cuando llegan los equipos, eventos que parecen “montados solos”. “La gente llega y ya está todo”, comenta. Esa parte invisible es, precisamente, la que el premio parece iluminar.

En la entrevista, también aparece su visión sobre el cuidado de lo público y la necesidad de que las instalaciones sean respetadas. “Las instalaciones deportivas son de todos, no del equipo de gobierno”, remarca. Y añade una idea muy contundente: si se deterioran por mal uso, el dinero se va en arreglar bancos, papeleras o desperfectos, en lugar de invertirse en mejorar el deporte. “Hay que aprender que lo público es sagrado”, insiste.

La petanca como presente: cantera, club y orgullo local

Lejos de ser una actividad minoritaria, Gocho defiende la petanca como un deporte con potencial, cantera y competitividad. “No es un deporte de mayores”, subraya, explicando que en campeonatos nacionales se ven escuelas infantiles y juveniles muy potentes. En Trujillo, el crecimiento ha sido constante: el club reúne decenas de federados, participa en competiciones y ha llevado a sus deportistas a campeonatos de España.

Relata cómo la afición nació de forma casi espontánea, desde encuentros en el hogar de mayores hasta el paso a una estructura federada. Y destaca el trabajo de muchas familias y personas del entorno que fueron construyendo el club y mejorando las pistas. En su caso, además, se suma la responsabilidad: es árbitro autonómico y ocupa un cargo en la Federación Extremeña, con el peso de memorias, organización y gestión. “Quita el sueño”, admite, con una sonrisa que mezcla cansancio y orgullo.

San Lázaro, la pandemia y el compromiso con el mantenimiento

Entre los muchos episodios que atraviesan su vida deportiva, hay uno que refleja un vínculo especial con el Parque de San Lázaro. Durante la pandemia, con instalaciones cerradas y un contexto de parálisis, Gocho cuenta que se convirtió en trabajador esencial y se dedicó a mantener el parque. “En mi vida había cogido una desbrozadora… y allí aprendí”, relata. Habla de meses de trabajo constante, de “vivir prácticamente allí” para sostener un espacio que considera fundamental: “Son cuatro hectáreas, lo único que tenemos”.

No evita la crítica: reconoce que el parque necesita mantenimiento continuo y personal estable. “Hay que tener gente a la que le guste el parque, echarle horas”, resume, alejándose del ruido político y yendo a lo práctico: recursos, continuidad y vocación.

“Siempre en equipo”: el mensaje final a los clubes y a la ciudad

Cuando se le pide una fotografía del deporte actual en Trujillo, Gocho describe una ciudad que ha crecido en modalidades: fútbol, fútbol sala, baloncesto, voleibol, escalada, kickboxing, atletismo… “Cada uno tira para su club”, reconoce, y eso es lógico. Pero insiste en que la clave es la coordinación: ayudas, subvenciones, planificación y diálogo para que el crecimiento no se convierta en fragmentación.

Su lema, el que repite y el que quiere que quede como titular moral del premio, es claro: “Siempre en equipo”. Un equipo que incluye a clubes, deportistas, directivas, técnicos municipales y ciudadanía. Porque, al final, el deporte no se sostiene solo con resultados; se sostiene con personas. Y Trujillo, al premiar a Gocho, ha querido reconocer precisamente eso: la constancia de quien ha estado —y sigue estando— cuando hay que montar, organizar, entrenar, escuchar y empujar. Sin focos. Sin ruido. Pero siempre presente.

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