Cultura
Plasencia, la ciudad de las dos catedrales
La Catedral de Plasencia, con su parte Vieja del siglo XIII y la Nueva del siglo XVI, fusiona estilos arquitectónicos y es un reflejo de la evolución del arte a través de los siglos

La Catedral de Plasencia (Vieja y Nueva). / E.P
Quien haya oído hablar de la ciudad de Plasencia, habrá escuchado alguna vez aquello de la ‘Catedral Nueva’ y la ‘Catedral Vieja’. ¿Tiene Plasencia dos catedrales? ¿Es eso posible? Físicamente hay un edificio, con una historia tan curiosa que hace que, sí, haya dos catedrales. Al menos en el corazón de los placentinos. Y, además, las dos están incompletas, complementándose para crear uno de los mayores monumentos de la provincia de Cáceres y Extremadura.
El templo, declarado tanto Bien de interés cultural como Patrimonio histórico de España, es un muy fiel reflejo de cómo ha evolucionado la arquitectura a través de los siglos. Desde el románico, hasta el renacimiento, pasando por el gótico. La catedral de Plasencia fusiona todo este arte, habiéndose añadido cada parte en su propia época, por razones que han hecho de este uno de los edificios más bellos y emblemáticos de la región.

Catedral Vieja de Plasencia. / Por Soleá
La Catedral Vieja
La Catedral Vieja o de Santa María data del último tercio del siglo XIII, y es un magnífico ejemplo de la transición del románico al gótico, obteniendo detalles de este estilo ya en el siglo XV. Se construyó siguiendo la arquitectura típica del momento, con tres naves en su interior. De especial interés es la Sala Capitular o Capilla de San Pablo, de planta cuadrada y cerrada con bóveda gallonada.
Su construcción llevó casi 200 años, y pasó por las manos de arquitectos como los maestros Remondo, Gil de Cislar, Diego Díaz, Juan Pérez o Juan Francés. Esta es actualmente el Museo Catedralicio de Plasencia.
De su exterior predominan el rosetón, ejemplo de arquitectura gótica, y la conocida como Torre del Melón, realizada en 1270 por Gil de Císlar. Esta, antigua Sala Capitular, sigue los modelos de torres linternas o cúpula ‘bizantina’, típica del grupo de cimborrios leoneses que podemos ver en la estructura de la Torre del Gallo de la Catedral de Salamanca y que tiene homólogos ejemplos en la Catedral de Zamora y la Colegiata de Toro.

Torre del Melón. / E.P
Como curiosidad, el gótico rosetón que se puede observar en la fachada no es el original, sino uno del siglo XIX, ya que el verdadero fue destruido durante el gran terremoto de Lisboa. Los que se encargaron de reconstruirlo cometieron un grave error: insertaron una estrella de cinco puntas con la central hacia abajo, mirando al suelo, lo que en el medievo era una señal del mal. Además, pese a tardar siglos en levantarse, solo fue utilizada durante 70 años, hasta que comenzó la construcción de la parte nueva.
La Catedral Nueva
Por su parte, más plateresca es la Catedral Nueva, levantada en honor de la Virgen de la Asunción, con elementos góticos y, sobre todo, renacentistas. Corría el año 1498, los Reyes Católicos habían culminado la reconquista y había comenzado la aventura en América, también por parte de la diócesis de esta ciudad, por lo que vio necesario un cambio de catedral a una más impresionante, de acuerdo a las iglesias que comenzaban a verse por Europa. Es así como se inicia la construcción del nuevo templo, con la idea de demoler el antiguo.

Catedral Nueva de Plasencia. / Vivir Plasencia
La construcción siguió hasta bien entrado el siglo XVI, y pasó por las manos de algunos de los mejores arquitectos del momento, como Francisco de Colonia, Enrique Egas, Juan de Álava, Diego de Siloé, Alonso de Covasrrubias y Rodrigo Gil de Hontañón. También tuvieron su papel los canteros, la mayoría de la misma ciudad de Plasencia, destacando el caso de la familia González.
De su interior sobresalen el retablo, a cargo de uno de los mejores escultores de la época, Gregorio Fernández; la sillería del coro, que mezcla los motivos religiosos y profanos y fue realizada a principios del siglo XVI y muestra los sitiales de los Reyes Católicos; y sus bóvedas doradas. La fachada principal corrió a cargo de Juan de Álava, finalizada en el año 1558. La otra fachada está datada entre 1538 y 1548 y se atribuye a Diego de Siloé.

Interior de la Catedral de Plasencia. / Turispain
Si se quería demoler la parte antigua, ¿por qué no se hizo? Por temas económicos. No había dinero para terminar de demoler una parte y construir la otra, por lo que las penurias económicas son las causantes de este curioso fenómeno. Lo mismo ocurre con la falta de estatuas en el exterior de la Catedral Nueva, ya que, pese a estar construidos los pedestales, nunca se llegaron a esculpir las figuras.
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