Gastronomía
El jamón de Montánchez, el preferido del emperador
El emperador Carlos V, que eligió Extremadura para vivir sus últimos días, era un gran aficionado al jamón de Montánchez, un producto que se convirtió en un emblema de la localidad cacereña

Jamón de Montánchez. En el círculo, Carlos V. / E.P
La relación entre el emperador Carlos V y Extremadura es por muchos conocida. Por algo es el lugar donde nada más y nada menos que el hombre más poderoso del planeta elige pasar sus últimos días. Pudo hacerlo en otro lugar de Europa, en las Américas o incluso en Asia. Pero eligió Cáceres.
Murió en el Monasterio de Yuste, en la localidad que da nombre al edificio, en la comarca de La Vera. Sin embargo, uno de los aspectos que más le gustaba al que fuera rey de España de esta región era su jamón. El jamón extremeño, alimentado por las bellas dehesas que componen la comunidad, y sus bellotas, que dotan a este alimento de un sabor característico. Y su jamón preferido: el de Montánchez.
Montánchez
La localidad cacereña de 1.600 habitantes es famosa por su castillo, una fortaleza árabe construida en un cerro elevado, enclave importantísimo para la época medieval. Al sur de la provincia, y prácticamente en el centro de la comunidad, posee una historia de alternancias entre cristianos y musulmanes.
Además, cuenta con uno de los cementerios más bonitos de España, con unas increíbles vistas de las dehesas extremeñas y la sierra. Desde un lado del castillo se respira pura serenidad, un lugar donde el tiempo se detiene. Sin embargo, el castillo no es lo único en Montánchez que ha perdurado durante siglos. El jamón se convierte allí en una joya, un emblema de la localidad que ofrece uno de los productos de mejor calidad.

El castillo de Montánchez en el cerro de la localidad cacereña. / Ayuntamiento de Montánchez
Este exquisito manjar se comercializa dentro de la Denominación de Origen 'Dehesa de Extremadura'. Los cerdos se crían libremente en las dehesas de la región, territorios en plena naturaleza donde el hombre ha conservado un ecosistema singular para los animales. En muchas de ellas hay un árbol propio: la encina, que produce el fruto de la bellota con el que se alimentan los cerdos. La bellota no solo es especial por su papel en la alimentación de los animales, es un símbolo extremeño. De ahí viene la denominación de los pacenses como ‘belloteros’ y la de los cacereños como ‘mangurrinos’ (de la mangurria, el ‘sombrero’ de las bellotas).
Jamonero hasta el final
Sin desviarnos del tema, la producción de ganado porcino en estas dehesas aparece ya en los Fueros de Montánchez que datan del año 1236. El monarca se retiró a Cuacos de Yuste, a 144 kilómetros, donde viviría bajo las complicaciones que le suponían la enfermedad de la gota. Por ello, tuvo que cuidar su alimentación. Sin embargo, no renunció al jamón. Sinceramente, no le culpo.
Montánchez ya era famosa por su jamón en el siglo XVI. El sabor y la textura únicos, resultado del clima de la sierra y de la alimentación natural de los cerdos ibéricos con las bellotas, cautivaron al monarca, quien mantuvo el jamón en su mesa hasta sus últimos días. Hasta el punto de, tal y como cuenta el escritor y viajero Germond de Lavigne en su obra ‘Itinerario por España’, incluir en su dieta diaria el consumo de este alimento. Esto dotó al alimento de un prestigio que llegó más allá de nuestra fronteras. No es por nada, pero el jamón preferido del emperador era cacereño.

Retrato de Carlos V. / E.P
Ruta del jamón
En el calendario festivo de Montánchez, el jamón ocupa un lugar central. Durante las Jornadas Gastronómicas del Cerdo Ibérico, que se celebran cada diciembre, la plaza de España se convierte en lugar de encuentro donde locales y turistas comparten platos, productos y conocimiento culinario. Además, eventos como los intentos por crear el bocadillo de jamón más grande de Extremadura han servido en los últimos años para reforzar la identidad colectiva alrededor de este alimento y dinamizar la economía local.
Para muchos visitantes, recorrer la Sierra de Montánchez y detenerse en sus secaderos, tiendas y bares de tapas es mucho más que saborear un jamón de calidad: es sumergirse en la cultura, la historia y la geografía de una España rural que sigue latiendo con fuerza en cada pieza ibérica que cuelga al viento en sus viejas bodegas centenarias.
La gastronomía extremeña da para mucho. En Montánchez también se puede disfrutar de otro manjar como es su queso, otros embutidos como el lomo ibérico, el chorizo, el salchichón o la patatera, o su vino de pitarra, cercano a la Denominación de Origen ‘Ribera del Guadiana’.
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