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Senderismo y naturaleza

Los castañares de la provincia de Cáceres: un recorrido por la magia de sus árboles singulares

Son muchas las rutas senderísticas que se pueden hacer en la región, y una gran cantidad lo hacen a la sombra de los castañares, unos árboles identitarios de Extremadura que, en ocasiones, presenta ejemplares singulares y protegidos. Muchas de estos senderos se pueden hacer en familia

Imagen de Los Abuelos, del Castañar de los Ojestos.

Imagen de Los Abuelos, del Castañar de los Ojestos. / Parque Cultural Sierra de Gata

Cáceres

Si bien hay un árbol que se suele asociar a Extremadura, esa es la encina. Sin embargo, en la provincia de Cáceres el título de 'árbol simbólico' realmente se lo lleva el castaño. Son varias las rutas por estos mágicos parajes que se pueden seguir en la provincia, en algunos casos para ver ejemplares centenarios e impresionantes.

Desde el Valle del Ambroz a la Sierra de Gata. Los castañares son fabulosos en cualquier época del año. Además, ofrecen la posibilidad de pasar amenas jornadas familiares en unos senderos sencillos de hacer y aptos para todas las edades.

Castañar de Temblar

Los Castaños del Temblar, situados en el paraje del Arroyo del Temblar en Segura de Toro, el pueblo más antiguo del Valle del Ambroz y cerca de la Garganta Grande, son un conjunto de 5 árboles monumentales protegidos por la Junta de Extremadura bajo la figura de árboles singulares. Cuentan con una antigüedad de entre 500 y 800 años, y conforman un paraje de excepcional belleza.

Hay algunas rutas senderistas en las que se incluye su visita: una de unos 7,5 kilómetros, y otra más corta de 3,6 kilómetros de longitud, dificultad baja y un grato paisaje de castaños. El lugar está considerado «mágico y especial, en el que te sientes caminando entre gigantes, de visita obligada y muy atractivo en cualquier época del año, aunque los colores más llamativos son en primavera y otoño».

Castaños del Temblar, en Segura de Toro.

Castaños del Temblar, en Segura de Toro. / E. P.

El ejemplar más importante es el conocido como 'Hondonero', que hunde sus raíces en la parte más baja de la finca; su altura es de 25 metros y su edad se estima que ronda los 700 años. No muy lejos de éste se encuentra el 'Castaño del Arroyo', que tiene alrededor de 800 años y algo más retirados están 'El Bronco', que posee un característico tronco en espiral, y 'El Retorcío', con su tronco formado por gruesos paquetes de fibras. En la parte más alta de este huerto serrano se ubica 'El Menuero', que da las castañas más menudas de todos al estar más alejado del arroyo.

La finca en la que se encuentra es privada, aunque su entrada es gratuita. Pertenece a la familia Villares Blázquez, y todos los años permanece cerrada durante unos meses por la conservación de la recogida de castaños. Así, tal y como han asegurado alguna vez las dueñas, el fin es «evitar los abusos que se han cometido» en los últimos años en la cosecha de castañas de esta propiedad y otras colindantes.

Castañar de los Ojestos o los O’Soitu

Por su parte, el Castañar de los Ojestos se encuentra en la Sierra de Gata, cercano al pueblo de San Martín de Trevejo, de donde sale la ruta senderística que lleva hacia él. El sendero, que discurre por una antigua calzada romana, lleva al Puerto de Santa Clara.

Este castañar, que parece sacado de un cuento de hadas, es un placer para los sentidos porque a la vegetación frondosa que lo envuelve todo el año se une la explosión de colores ocres, la alfombra vegetal que forman las hojas o el musgo de un verde encendido que da fe del aire puro que se respira en este bosque encantado.

Imagen de la calzada romana de la ruta del Castañar de los Ojestos.

Imagen de la calzada romana de la ruta del Castañar de los Ojestos. / Tripadvisor

El punto estrella de la ruta son dos ejemplares centenarios conocidos como Los Abuelos, de gran anchura. Este agradable paseo llega a coincidir con un sendero local, siempre entre una espesa vegetación y castaños espigados de tanto buscar la luz que lo hacen también transitable en cualquier época del año. En primavera y verano nos encontraremos un verde bosque, en otoño una explosión de ocres, amarillos y marrones, y en invierno un panorama fantasmagórico con todas las ramas sin hojas.

Hasta comienzos del siglo XX se usó como ruta comercial entre San Martín de Trevejo y el sur de Salamanca. Entre ir y volver a San Martín hay unos 5,5 kilómetros por el que posiblemente es el castañar más grande de Extremadura y uno de los más ricos del sur de Europa. También se le conoce como el Castañar de los O'Soitu, pero nada tiene que ver con su proximidad a Portugal. En el pueblo se habla una lengua propia, el a fala, Bien de Interés Cultural, y de ahí viene este peculiar nombre.

Castañar Gallego de Hervás

Este extenso bosque, declarado Paisaje Protegido por la Junta de Extremadura, abarca unas 300 hectáreas y es considerado uno de los mejor conservados del sur de Europa. Nada tiene que ver con Galicia, sino que el nombre del castañar se remonta a Doña Violante de Aragón, conocida como 'la gallega', quien donó estas tierras a los habitantes de Hervás en 1264 para la cría de ganado.

Durante el otoño, este castañar se tiñe de tonos dorados y ocres, convirtiéndolo en un destino perfecto para el senderismo. La ruta circular del Castañar Gallego es ideal para familias, con vistas que incluyen el Valle del Ambroz. Su recorrido es de unos 4,4 kilómetros de longitud, por lo que es similar al del Puerto de Santa Clara.

Imagen del Castañar Gallego de Hervás.

Imagen del Castañar Gallego de Hervás. / Senderismo Extremadura

El castañar se mantuvo para el uso público durante el siglo XX, ofreciendo al pueblo sus grandes recursos: la madera, las setas o las castañas. La madera del castaño fue unos de los motores de la economía local con una potente industria del mueble y la cestería. De hecho, el uso y aprovechamiento maderero del castañar es todavía visible en las construcciones de las casas de la judería, el principal atractivo del pueblo. Junto con el adobe y la teja vertical, se ha convertido en toda una seña de identidad de Hervás.

Castañares de Calabazas y Montánchez

Para terminar, se puede mencionar los castañares de Calabazas y Montánchez. Del primero, sus árboles llegan hasta los 17 metros de altura. 'El Postuero' o 'El Hueco' son dos de los castaños más conocidos de este paraje de Cáceres. Si te dejas llevar por el recorrido lleno de helechos, llegarás a la chorrera de Calabazas, donde se puede disfrutar de unas vistas únicas.

Pero este enclave natural no está sólo poblado por castaños, sino que estos comparten espacio con encinas, alcornoques y robles, así como algún que otro ejemplar de enebro y del loro (Prunus Lusitanica), un raro superviviente de la era de los dinosaurios y que es un endemismo de la comarca de Las Villuercas. Estos castaños, declarados como árboles singulares de Extremadura, cuentan con más de 500 años.

El acceso a este castañar permite rutas sencillas que son perfectas para una excursión de un día en familia o con amigos, rodeados de naturaleza pura. Además, con suerte, en el paseo se puede contemplar algunos de los animales que corren por estos montes: ciervos, muflones, corzos y jabalíes.

Imagen de la ruta del Castañar de Calabazas.

Imagen de la ruta del Castañar de Calabazas. / Andando Extremadura

Por su parte, el Castañar de Montánchez, situado en el municipio del mismo nombre, es conocido por su camino empedrado cargado de historias y leyendas. En otoño, el recorrido se transforma en un escenario mágico con hojas cubriendo los senderos y una explosión de colores.

Su ruta es realmente fascinante. Tiene apenas 3,3 kilómetros de distancia, y es bastante fácil de realizar, apto para familias. Pero, sin duda, lo mejor que tiene es su espectáculo natural. La ruta parte de la plaza de toros de Montánchez, para ascender suavemente y adentrarse en el bosque. El sendero se estrecha entre muros de piedra semiderruidos que marcaron antaño fincas y que ahora, cubiertos de musgos y líquenes, parecen esculturas al paso del tiempo.

A los lados, viñedos y olivares se alternan con dehesas en las que el cerdo ibérico corretea en libertad. No serán los únicos animales visibles, pues caballos o gallinas harán de la jornada, en caso de ser familiar, mucho más divertida.

Castillo de Montánchez al atardecer.

Castillo de Montánchez al atardecer. / EL PERIÓDICO

Desde el inicio de la ruta se divisa la silueta del castillo medieval que corona el pueblo, una fortaleza de origen almohade que los cristianos conquistaron en el siglo XIII y que hoy es un icono de la zona. La mejor forma de acabar el recorrido será en el propio pueblo degustando su mayor tesoro: el jamón.

Desde luego, quienes aseguran que Extremadura es una tierra seca es porque no han venido nunca. No solo es una región llena de naturaleza exquisita, sino que es un muy buen escenario para los amantes del senderismo y este tipo de rutas amenas a la sombra de los grandes y antiguos castaños.

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