Tradiciones
Carta abierta a la Consejera de Cultura: Las Purificás de Monroy, un patrimonio vivo que reclama reconocimiento oficial
La celebración de Las Purificás, con raíces en ritos ancestrales, destaca por la participación de mujeres y jóvenes, así como por sus coplas con siglos de antigüedad

Jorge Valiente
Jesús Baños
En un contexto en que España revisa constantemente su patrimonio inmaterial y cultural, las fiestas de Las Purificás de Monroy (Cáceres) se presentan no solo como una de las tradiciones más singulares de Extremadura, sino también como un bien cultural que merece la máxima protección: el reconocimiento como Bien de Interés Cultural (BIC). Este artículo examina en profundidad la historia, significado, impacto turístico y razones por las que las autoridades políticas —locales, regionales y estatales— deben implicarse de manera activa e inmediata en el inicio de los trámites para su declaración oficial. Las autoridades políticas locales, a lo largo de los años, han remitido varios expedientes de declaración, sin éxito a día de hoy.
Ubicada en la pequeña villa de Monroy, en la provincia de Cáceres, la fiesta de Las Purificás se celebra cada 2 de febrero, coincidiendo con la festividad de las Candelas, una tradición folclórica y religiosa que se remonta varios siglos atrás. Aunque hoy se vincula principalmente a la Virgen del Rosario, algunos estudios señalan que las coplas que se entonan tienen letras con hasta 600 años de antigüedad y posibles influencias que hunden sus raíces en ritos ancestrales adaptados a la tradición cristiana posterior.
En honor a la Virgen
Originalmente, la ceremonia estaba protagonizada por mujeres que habían tenido su primer hijo durante el año anterior, quienes acudían a la iglesia para purificarse y presentar al niño ante la Virgen. Con el paso del tiempo, esta función quedó en manos de cuatro jóvenes de la localidad, elegidas por la mayordomía, que visten traje regional, entonan coplas tradicionales y participan con solemnidad en el rito litúrgico.
El momento central de la celebración ocurre tras la procesión y la misa, cuando las purificás, desde la cancela del templo, piden permiso para entrar, entonan veinticinco coplas en honor a la Virgen y hacen ofrendas como la rosca de piñonate, un dulce típico de Monroy.

Monroy honra a Las Purificás / Jorge Valiente
El valor de esta fiesta trasciende lo meramente litúrgico. Las Purificás representan un ritual comunitario que articula:
- Una memoria colectiva articulada en torno a coplas antiguas, transmitidas de generación en generación.
- La participación activa de la juventud en un acto que combina tradición, música y simbolismo social.
- Un sentido de identidad local que ha resistido interrupciones históricas, habiendo sido celebrada incluso en épocas de crisis (con la única excepción durante la pandemia).
Ritual único
Desde una perspectiva antropológica, las Purificás constituyen un ritual único en España, donde la mujer —en su doble condición de protagonista cultural y símbolo de continuidad generacional— adquiere un papel central en la conservación de la memoria comunitaria.
Esta singularidad la sitúa en la cúspide de las celebraciones folclóricas regionales, comparables con otros ritos como los Negritos de Montehermoso o el Jarramplas de Piornal, pero con características propias que le confieren un valor diferenciado.
España dispone de un extenso marco legal para la protección del patrimonio cultural inmaterial, que incluye -entre otras- figuras como la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), una de las más altas categorías de protección del patrimonio cultural español.

Monroy honra a Las Purificás / Jorge Valiente
Un BIC, regulado por la legislación de patrimonio histórico español, es una declaración que reconoce el carácter excepcional de un bien, ya sea material o inmaterial, por su valor histórico, artístico, antropológico o social.
En el caso de Las Purificás, la ausencia de esta declaración limita tanto su proyección turística como su protección formal, lo que aumenta el riesgo de pérdida gradual ante fenómenos de globalización cultural y cambios demográficos.
Las Purificás no solo tienen un valor simbólico y antropológico; también representan un activo importante para el turismo cultural y religioso en Extremadura.
Turismo
El turismo cultural ha demostrado ser un motor de desarrollo para regiones rurales en España y Europa. En áreas donde la industria tradicional ha retrocedido, las fiestas locales, el patrimonio arquitectónico y las celebraciones singulares pueden dinamizar la economía local a través de:
- Afluencia de visitantes nacionales e internacionales.
- Impulso a la gastronomía y la artesanía local.
- Creación de empleos temporales ligados a la hospitalidad y servicios culturales.
- Mejora de la infraestructura y servicios comunitarios.
La fiesta de Las Purificás, con su carácter genuino y su atmósfera única, puede atraer no solo a devotos religiosos, sino también a turistas culturales interesados en tradiciones ancestrales, folclore y música tradicional. Además, actividades paralelas —como presentaciones de música, exposiciones sobre la historia del ritual o rutas culturales por Monroy— pueden diversificar la oferta turística de la región.
A pesar de su antigüedad y singularidad, Las Purificás no cuentan aún con un reconocimiento oficial de Interés Turístico Regional o como Bien de Interés Cultural. En fechas recientes, autoridades locales y la Diputación de Cáceres han expresado su deseo de que la fiesta obtenga tal distinción debido a su “valor cultural y gastronómico” y a su arraigo en la identidad de la comunidad.

Imagen del castillo de Monroy. / E. P.
Las Purificás constituyen un testimonio vivo de las celebraciones de las Candelas que han sobrevivido en pocas localidades de Extremadura y que han mantenido su esencia pese al paso del tiempo. Su preservación exige una protección institucional que solo un reconocimiento formal puede garantizar.
¿Por qué debería ser más reconocido?
El impulso de Las Purificás como BIC o Fiesta de Interés Turístico puede:
- Aumentar la visibilidad de Monroy a nivel nacional e internacional.
- Generar flujos turísticos regresivos hacia una localidad con infraestructura turística limitada pero con alto potencial.
- Posibilitar la creación de productos turísticos culturales asociados a la fiesta y a otros recursos patrimoniales de Monroy —como su iglesia parroquial de Santa Catalina o su casco histórico— que complementen la experiencia del visitante.
Un reconocimiento oficial también fortalece el orgullo local y el sentido de pertenencia de los monroyegos y de los habitantes de la región, incentivando la participación comunitaria y la transmisión intergeneracional de saberes tradicionales.
Finalmente, como custodios del patrimonio cultural, las administraciones públicas —desde los ayuntamientos hasta las consejerías de cultura y el Ministerio— tienen la responsabilidad de proteger y fomentar las tradiciones culturales que tienen un valor reconocido por su intensidad, singularidad y continuidad histórica.
Las fiestas de Las Purificás de Monroy representan, sin lugar a dudas, un patrimonio cultural inmaterial que merece la máxima protección institucional. Su declaración como Bien de Interés Cultural o Fiesta de Interés Turístico Regional no sería un mero título honorífico, sino un reconocimiento profundo de su valor histórico, social, antropológico y turístico.
Los políticos y gestores culturales de la Junta de Extremadura y el Ministerio de Cultura deben tomar la iniciativa para iniciar y acompañar el expediente correspondiente, facilitando recursos técnicos y apoyos institucionales.
Solo así se garantizará que este rito ancestral, articulador de identidad y motor potencial de desarrollo turístico, trascienda generaciones y se consagre, oficialmente, como uno de los pilares del patrimonio cultural español.
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