Leyendas
La Serrana o el pájaro de la Muerte: las oscuras leyendas de la comarca de La Vera
La comarca de La Vera, además de ser cuna del pimentón, esconde misterios como el de la Serrana, un ser mítico con huellas en la zona; el Monasterio de Yuste, con apariciones espectrales; o la Chorrera del Diablo, con pactos satánicos de por medio

Imagen del Monasterio de Yuste. / El Periódico
La comarca de La Vera es conocida por ser la cuna del pimentón y el lugar donde el mismísimo emperador Carlos V se retiró para morir en paz. Todo un paraíso cubierto de gargantas y vegetación. Sin embargo, como ocurre en toda Extremadura, son muchas las leyendas que se cuentan en la zona. Desde fantasmas reales hasta pactos con el diablo. La Vera también esconde misterios que merecen ser contados.
La Serrana
En lo alto de la sierra de Tormantos, se dice que reina una figura misteriosa y ancestral: la Serrana de la Vera. A este ser, mítico y sobrenatural, los vecinos han humanizado, dándole nombre, pasado y motivos.
Las versiones más literarias relatan que nos encontramos ante la figura de una joven que sufrió un desengaño amoroso y se retiró a la sierra a vivir aislada y en lo salvaje. Isabel de Carvajal se dice que era su nombre, prometida con un sobrino del obispo de Plasencia, el cual la abandona y provoca la deshonra de su familia, por lo que, afectada, decide marcharse.

Estatua de la Serrana. / E.P
En la montaña se dedicó a cazar para comer y seducir con su belleza a aquellos incautos que por allí pasaban. Los atraía hacia su cueva y allí los mataba. También se cuenta que la cueva llegó a estar llena de cruces, una por cada víctima, y que las calaveras de aquellos moribundos servían de vajilla para la mujer.
Hay diversidad de opiniones en cuanto a su apariencia: unos dicen que es una mujer muy bella con una hermosa cabellera, mientras que otros la representan como un ser mitológico, mitad mujer y mitad yegua, o como un gigante con una fuerza descomunal.
Sus huellas aún pueden verse en la zona, y se dice que la pila bautismal de Garganta la Olla, localidad en la que vivió, está hecha con la piedra con la que, en su día, cerraba la entrada a su cueva.
También tenía gran facilidad para tirar piedras con su honda, con el conocido como ‘tiro de la Serrana’. Se conserva la cueva donde vivía, la fuente en la que bebía, el puente en el que abordaba a todo aquel que por allí pasara y hasta una enorme huella que dejó en una piedra. De hecho, hasta cuenta con su propia estatua.
El monasterio
La principal reliquia de la zona es el Monasterio de Yuste, el lugar donde murió Carlos V un 21 de septiembre de 1558. La fecha fue, supuestamente, más que anunciada por espectros paranormales. Desde el mismo dobre espectral del emperador hasta la pálida Dama Blanca de los Habsburgo.
Fuera del monasterio, se cuenta que la sierra estaba desvelada ese día. Los animales no callaron en toda la noche y al alba, con el fallecimiento del hombre más poderoso del planeta, una extraña azucena floreció en el jardín.
Tras su muerte, los relatos aseguran que comenzó a avistarse a un extraño pájaro del tamaño de un buitre que ladraba como un perro y que los monjes bautizaron como ‘El pájaro de la Muerte’. Durante cinco noches seguidas apareció para hacer siempre el mismo ritual: ladraba cinco veces y se marchaba. No sin antes posarse sobre la sepultura del emperador, debajo del altar de la iglesia.
La chorrera del diablo
En las afueras de Villanueva de la Vera, en plena Garganta de Gualtaminos (que en árabe se traduce como ‘el río que no se seca’) se encuentra la conocida como Chorrera del Diablo, una espectacular cascada de más de veinte metros de altura y rodeada de enebros y madroños. En verano su caudal disminuye y es posible bañarse en una de sus ‘marmitas de gigante’, unas pozas circulares.

Chorrera del Diablo. / Tripadvisor
Los más ancianos del lugar recuerdan que, en su día, no era un salto de agua lo que ahí se podía ver, sino una aldea. Sus habitantes hicieron un pacto con el diablo a cambio de ricas y fértiles tierras. No obstante, parece que los lugareños no cumplieron su parte del trato y tuvieron que abandonar el lugar que se estaba convirtiendo, por obra y gracia del diablo, en una cascada tormentosa y violenta.
Los habitantes fundaron una nueva aldea cerca, Villanueva de la Vera. Y el diablo no abandonó la zona, pues un pastor lo vio cuando buscaba una cabra extraviada. Encomendándose a San Antonio, este huyó y atravesó la garganta de un salto, dejando grabada una de sus pezuñas en un cancho del otro lado. Nunca más se le vio, aunque su presencia se notaba cuando algunas mujeres se reunían garganta arriba, en una zona alejada, en lo que ahora se conoce como ‘El charco de las brujas’.
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