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Vida rural

Ángel Álvarez de Sotomayor, vecino de Hoyos: “No soporto ver cómo mi pueblo se va apagando con los años”

Con una población de apenas 848 habitantes, Hoyos se enfrenta a la despoblación debido a la emigración de jóvenes y la falta de un modelo económico viable, como señala el conocido pintor

Ángel Álvarez de Sotomayor junto a una de sus obras.

Ángel Álvarez de Sotomayor junto a una de sus obras. / Francis Villegas

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Hoyos

Hace 11 años Ángel Álvarez de Sotomayor tomó una inesperada decisión: dejar Cáceres y volver al que había sido su pueblo de toda la vida, Hoyos. Un cambio en su rumbo de vida que inició motivado por razones familiares, pero que a día de hoy planea mantener de forma permanente. Aunque actualmente su principal fuente de ingresos es la compraventa de antigüedades, él lleva siendo pintor desde hace más de 40 años, y en esta línea Hoyos es una zona que le aporta una “calidad de vida a nivel paisaje” incomparable. 

Sin embargo, esto es algo que desgraciadamente no compensa lo “poco que -a su juicio- ofrece el pueblo” y aunque él sí quiera a quedarse a vivir, a lo largo de estos años ha tenido que ver cómo su municipio se vacía cada vez más rápido y son muy pocos quienes se animan a repoblarlo, y, en caso de hacerlo, suele ser de manera temporal.

Situado en Sierra de Gata, Hoyos es una localidad de la provincia de Cáceres que actualmente cuenta con apenas 848 habitantes, una cifra que cada año decrece a mayor velocidad. Así lo contaba Ángel, quien a su vuelta se encontró con esta preocupante reducción de población, y es que desde sus últimas elecciones, el pueblo ha perdido cerca de 100 habitantes, tal y como señala el artista. La mayor parte de los vecinos la conforman personas muy mayores que, con el paso de los años, van falleciendo y los jóvenes se ven forzados a marcharse fuera en busca de mejores oportunidades. 

“Quienes se han quedado es porque se han visto forzados a ello”, declara, asegurando que el pueblo ofrece unas salidas laborales más bien escasas para las nuevas generaciones, contando únicamente con un restaurante, que a su vez hace la función de hostal, y una peluquería como negocios clave.

En sus propias palabras, “el problema está en los políticos”, ya que en municipios como Hoyos quienes toman las decisiones más importantes no tienen competencias reales en esta materia y muchas veces olvidan que su función se basa en “servir a los vecinos que confían en ellos” para impulsar la localidad dentro y fuera del mismo. En su opinión, Hoyos tiene un gran potencial turístico (fue declarado además Bien de Interés Cultural en 2024). 

Algunas de las problemáticas más graves que destaca Sotomayor es que pasan por un modelo agroganadero poco rentable y, en consecuencia, poco competitivo, y, unos enclaves turísticos que, lejos de explotarse, se destruyen cada vez más. Fachadas del siglo XVI que apenas se ven por la multitud de cables que las cubren e iglesias que se mantienen en el municipio y que cada vez se encuentran en un peor estado. Con esta premisa, el pintor considera que lo que el pueblo necesita es que se invierta en él.

Aún quiere seguir viviendo en el municipio que le vio nacer y que desde hace ya mucho tiempo llama hogar, y es por ello que hoy lucha por él, por lograr un futuro próspero para un pueblo que realmente tiene mucho que ofrecer, pero que aún, dice él, “hay que aprender a vender”.

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