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Tradiciones

Juan Pedro Recio Cuesta, cronista oficial de Tornavacas: 'Tesoros de invierno'

En Piornal, el pueblo más alto de Extremadura, Jarramplas da inicio al ciclo festivo en enero, seguido por celebraciones religiosas y rituales paganos en otros pueblos del Valle del Jerte

Lluvia de nabos en Piornal para el Jarramplas.

Lluvia de nabos en Piornal para el Jarramplas. / Toni Gudiel

Juan Pedro Recio Cuesta

Juan Pedro Recio Cuesta

Tornavacas

El Valle del Jerte es una comarca repleta de historia y tradiciones que cuenta, además, con un importante patrimonio material e inmaterial, aspectos que lo convierten en un espacio geográfico singular que posee una fuerte identidad cultural.

Con la llegada del nuevo año, coincidiendo con los que suelen ser los días más fríos del invierno, el ciclo festivo arranca los días 19 y 20 de enero en Piornal, el pueblo más alto de Extremadura: son los días de “Jarramplas” y de honrar a San Sebastián. Un santo, cuya devoción está muy extendida por amplias zonas de la región, que también se celebra en otros pueblos del valle: Barrado, El Torno y Navaconcejo, población esta última en la que, además, el “Taraballo” recorre sus calles cada 20 de enero.

A la vuelta de la esquina están las Candelas, celebradas de manera especial en Jerte, en las que destaca el canto de sus famosas alboradas. Y a la vista los carnavales, festividad que aún conserva un poso etnológico de gran valor pero que ha sido la que más transformaciones ha experimentado con respecto a su celebración original, pues en algunos pueblos del valle como Tornavacas o Valdastillas existían rituales singulares, hoy ya desaparecidos, como la salida por sus calles del “trapajonero” en el primero o los “jarramachis” en el segundo, figuras ambas que tienen claras similitudes con las festividades de “Jarramplas” y el “Taraballo” celebradas, en enero, en torno a San Sebastián.

Si analizamos sus rituales, su significado y nos fijamos bien en todos sus detalles, si bien las asociadas con San Sebastián tienen actualmente un claro y fuerte componente religioso, todas estas celebraciones conservan un indudable sustrato pagano que se remonta a tiempos muy remotos, anteriores al nacimiento del cristianismo, religión que las reinterpretó. Y todas ellas son una buena muestra de los tesoros culturales que representan estas fiestas de invierno en el Valle, muy arraigadas, afortunadamente, entre sus habitantes.

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