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Fiesta de Interés Turístico Regional

La Mancomunidad de Las Hurdes asegura no entender la decisión de renunciar este año al Carnaval de Estampas Jurdanas, que se reafirma

La asociación Estampas Jurdanas renunció a participar en el Carnaval Jurdanu de este año, que será en Azabal, por considerar que daña la esencia de la festividad, que debería rotar por las alquerías

La corrobora Estampas Jurdanas bailando en la plaza de Sauceda.

J.M.

Cáceres

Debate en Las Hurdes por el Carnaval Jurdanu y su lugar de celebración. Este martes, la asociación Estampas Jurdanas publicó un comunicado anunciando que renunciaba a participar este año en la Fiesta de Interés Turístico Regional que se va a celebrar en Azabal el 14 de febrero. Precisamente, la elección de Azabal es el motivo de la discordia, no personal, sino porque, tal y como aseguran, «daña la propia esencia» de la festividad.

En 1991 se acordó que la celebración del Carnaval iría rotando por diferentes alquerías, pero volverá a Azabal por tercera vez, que ya ni siquiera se considera alquería, cuando hay algunas por las que no ha pasado aún en los 31 años que se lleva celebrando.

Esa es la queja de la asociación y su presidente, Manuel Roncero, que explica a este diario. «La idea de la fiesta, tal y como acordamos en 1991, es que la Fiesta Mayor de Las Hurdes vaya rotando entre las cabezas de municipios, y el Carnaval lo dejábamos a las pequeñas alquerías». Son muchas las que todavía no han celebrado el momento de alegría y color que supone. «Quedan 5 alquerías de Pinofranqueado, 3 de Nuñomoral, en Ribera Oveja sólo se dio una vuelta una vez, está pendiente El Gasco...».

Defiende que, como se ha mencionado anteriormente, «Azabal es entidad local menor, no alquería, por lo que ya le corresponde la Fiesta, no el Carnaval». El año pasado se celebró en Sauceda, alquería de Pinofranqueado de solo 71 habitantes (según los datos en 2021). Azabal, por su parte, se acerca a los 400.

«Nosotros lo que queremos es que se cumpla lo acordado en su día, y faltan alquerías a las que acudir». Por eso, como protesta, y «como no se quieren reunir con nosotros», han renunciado a celebrarlo en Las Hurdes, pero lo harán en Bragança, en Portugal.

Mancomunidad

La Mancomunidad de Las Hurdes, a quien va dedicado el comunicado, asegura a este diario que desconocía la existencia de tal texto. Su presidente, José María Martín Iglesias, reconoce que cree que «tiene muchas contradicciones». Entre ellas, «¿por qué no renunciaron la última vez en 2017?».

«Los alcaldes así lo han acordado, se aprobó en sesión plenaria y se celebrará en Azabal», insiste. «Estampas Jurdanas no organiza el Carnaval, es solo una asociación que participa, y no es la primera vez que no lo hace».

Pasacalle del Carnaval Hurdano en Sauceda

J. M.

Carnaval

La Corrobra, que es cómo se conoce también a la asociación hurdana, es, según su presidente, «la esencia del Carnaval». «Nosotros somos los que movemos la fiesta, sin Estamas Jurdanas realmente no hay Carnaval». La fiesta regional se celebra siempre el sábado anterior al Miércoles de ceniza, lo que conocen como el ‘Sabadu Gordu del Entrueju’.

«Van todos disfrazados y pintados de rojo o negro». Además, realizan el 'Entrueju', que es la representación de personajes antiguos de la imaginería hurdana. «Tenemos 60 personajes: el Morcillu, el Alcaldi Mozu, la Huesera, la Vaca Cachana, los Jáncanus...», explica.

Por su lado, la Fiesta Mayor de Las Hurdes, que se celebra cada año en una cabeza de municipio el segundo o tercer sábado de agosto, incluye la bajada de la Virgen de la Peña de Francia a la localidad seleccionada.

En ella se concentran también actos oficiales, actividades culturales, encuentros vecinales, música, gastronomía y promoción del territorio, funcionando como escaparate conjunto de la comarca. Es decir, es un evento más institucional que el Carnaval, pues no gira en torno a escenificaciones tradicionales concretas, sino que busca reforzar la identidad hurdana desde una perspectiva festiva, social y turística, con participación de instituciones, asociaciones y público general.

Más allá del desacuerdo concreto sobre la sede, la polémica ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre cómo gestionar y proteger las manifestaciones culturales tradicionales cuando alcanzan proyección turística. El Carnaval Jurdanu se enfrenta al reto de mantener su autenticidad sin perder visibilidad ni apoyo institucional, en un contexto donde las decisiones organizativas adquieren cada vez mayor peso simbólico.

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