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Salud mental

Psicólogos en pueblos de Cáceres: el reto de cambiar la mentalidad y ofrecer ayuda a los vecinos mayores

Alba Gerber desde Villanueva de la Vera y Andrés Acevedo desde Montijo cuentan sus experiencias como psicólogos rurales

Alba Gerber, psicóloga de Villanueva de la Vera.

Alba Gerber, psicóloga de Villanueva de la Vera. / Cedida a El Periódico

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Provincia de Cáceres

La figura del psicólogo es algo que ha dejado de ser un tema tabú en la sociedad con el paso de los años, y cada vez son más quienes se animan a recurrir a su ayuda para solucionar sus preocupaciones más personales. Es una realidad que la mayoría, y sobre todo los más jóvenes, ya se han habituado a hablar de “ir al psicólogo”  como la actividad normal que es, pero para gran parte de la población aún sigue siendo un tema algo difícil. En los pueblos, donde la mayoría de sus vecinos son personas mayores con mentes talladas a la antigua para las personas que tienen la psicología como profesión resulta un verdadero reto llevarla a cabo.

Alba Gerber trabaja como psicóloga en Villanueva de la Vera y ofrece una modalidad de sesiones online, tanto dentro como fuera del municipio. Para ella esto es completamente necesario, ya que lo usuarios del pueblo apenas suponen el 25% del total con el que trabaja. Aunque un apunte positivo que realiza es que en Villanueva de la Vera el volumen de gente joven crece con el paso del tiempo, algo que también le ofrece un público más amplio al que acceder.

Por su parte, Andrés Acevedo es psicólogo en Montijo desde sus inicios y comenta que, gracias a que también ofrece sus servicios en los municipios colindantes a este nunca se ha encontrado falto de clientela.

Andrés Acevedo, psicólogo de Montijo.

Andrés Acevedo, psicólogo de Montijo. / Cedida a El Periódico

Ambos se encuentran, como cabía esperar, con una clientela en la que predominan los usuarios más jóvenes. “Los mayores suelen ir solo por recomendación del médico”, declara Andrés, quien explica que la mayoría de personas mayores que acuden a su consulta llegan sin haberse planteado nunca el psicólogo como una respuesta posible a sus problemas. Alba por su parte, coincide en que parte del problema también reside en los propios usuarios quienes buscan alternativas al psicólogo hasta “que están al límite”.

Cambiar la imagen del psicólogo

Además, desde su punto de vista también es clave reformar la imagen que se ha creado la sociedad de la figura de un psicólogo. “Hay que romper la barrera entre lo que parece que es y lo que luego realmente es”, explica. Para ellos ambos han buscado cómo llegar a aquellos vecinos menos abiertos al cambio.

Alba organiza pequeñas charlas en las que presenta las sesiones de una forma amena y cercana, para que el pueblo se vaya habituando a nueva posibilidad de solucionar sus problemas internos. Mientras, Andrés, también redactor en el periódico local del municipio, fue integrando su consulta entre las informaciones progresivamente para que, de esta manera, los vecinos de la localidad o aceptasen poco a poco como algo usual.

Las ventajas de las zonas rurales

A pesar de todos estos inconvenientes que inicialmente dificultan la instauración en los pueblos de una figura tan moderna para ellos como es la del psicólogo, ellos han sabido encontrarle algunas ventajas a la situación. Para Alba es una oportunidad para darse a conocer más fácilmente, ya que “gracias al boca a boca es mucho más fácil llegar a todos los vecinos que en una ciudad”. En consonancia con esta declaración, Andrés explica que para él trabajar en este municipio tiene “más ventajas que inconvenientes”. Desarrollar su profesión en el mismo pueblo en el que reside le permite empatizar más fácilmente con sus clientes, ya que vive a diario situaciones similares a las que ellos se enfrentan.

Sin duda alguna, de ambos testimonios se concluye que la población aún necesita un gran cambio de mentalidad y que sobre todo los mayores se animen cada vez más a pedir ayuda cuando la necesitan. Aunque también desde los ayuntamientos de los pueblos es necesario un esfuerzo por poner a disposición de quienes sí quieren instalarse en ellos las medidas que requieran para desarrollar sus ocupaciones, tales como espacios adecuados en los que un psicólogo pueda mantener una sesión con su cliente de manera cómoda, cercana y en calma.

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