Ganadería autóctona
Una raza única en peligro: cómo Cáceres lucha por preservar la Blanca Cacereña
La combinación de ganadería, transformación artesanal y contacto directo con el consumidor se perfila como una vía para asegurar el relevo generacional de la Blanca Cacereña en Cáceres

Ejemplares de Blanca Cacereña en la finca Haza de la Concepción. / R.Barrantes

La amenaza de desaparición de la raza bovina Blanca Cacereña ha obligado a ganaderos e instituciones de la provincia de Cáceres a replantear las estrategias de conservación. Más allá de los programas de cría y mejora genética, el futuro de esta raza autóctona pasa por hacerla viable económicamente y atractiva para nuevos criadores, especialmente en un contexto de envejecimiento del sector ganadero.
Aunque el núcleo institucional del trabajo se concentra en fincas públicas, en distintos municipios cacereños se han puesto en marcha iniciativas que apuntan a nuevas vías para garantizar la supervivencia de la raza.
Medidas para conservar la raza desde el territorio
Uno de los ejes principales es la difusión y promoción de la Blanca Cacereña en ferias ganaderas, una línea de trabajo impulsada por la Asociación de Criadores y apoyada por la Diputación de Cáceres. Municipios como Trujillo, con una larga tradición ganadera, han servido en los últimos años como escaparate para razas autóctonas en encuentros profesionales, facilitando el contacto entre ganaderos y fomentando el relevo generacional.
En la comarca Tajo-Salor-Almonte, explotaciones extensivas de municipios como Brozas o Arroyo de la Luz han apostado por mantener ejemplares de Blanca Cacereña dentro de sistemas de manejo tradicional, destacando su rusticidad y adaptación al terreno, factores clave para su conservación en entornos de dehesa.
A ello se suma el trabajo de seguimiento genealógico y control de pureza que realizan los criadores, con el objetivo de preservar la variabilidad genética y evitar la pérdida de ejemplares reproductores, una de las principales amenazas para la raza.
Beneficios económicos ligados al territorio
La ganadería de Blanca Cacereña ofrece oportunidades económicas especialmente vinculadas a modelos extensivos y de calidad, habituales en amplias zonas de la provincia. En municipios del entorno de Valencia de Alcántara o la Sierra de San Pedro, ganaderos han destacado el potencial de esta raza para producir una carne diferenciada, asociada al territorio y con valor añadido frente a modelos intensivos.
Además de la producción cárnica, la cría de razas autóctonas contribuye al mantenimiento del paisaje, el aprovechamiento sostenible de pastos y la prevención de incendios, generando beneficios indirectos para el medio rural.
Algunos ayuntamientos y asociaciones locales han comenzado a vincular la ganadería autóctona con la promoción turística y gastronómica, incorporando productos locales en ferias, jornadas divulgativas y eventos vinculados a la identidad rural de cada municipio.
Diversificar para atraer nuevos criadores
Ante la dificultad de vivir exclusivamente de la ganadería, muchos criadores exploran alternativas de diversificación. En zonas rurales de la provincia, como la Sierra de Gata, se han desarrollado iniciativas que combinan la actividad ganadera con turismo rural, visitas a explotaciones o venta directa, fórmulas que permiten complementar ingresos y dar visibilidad a la raza.
Estas prácticas, adaptadas al caso de la Blanca Cacereña, se perfilan como una vía para atraer a jóvenes ganaderos, interesados en modelos más sostenibles y ligados al territorio. La combinación de ganadería, transformación artesanal y contacto directo con el consumidor aparece como una de las opciones más viables para asegurar el relevo generacional.
Un futuro ligado a la innovación rural
La conservación de la Blanca Cacereña no depende únicamente de mantener el número de cabezas, sino de integrarla en un modelo económico sostenible. Las experiencias desarrolladas en distintos municipios de la provincia de Cáceres muestran que la clave está en unir tradición e innovación, reforzando el apoyo institucional y facilitando que la ganadería autóctona sea una opción de futuro real.
El reto ahora, coinciden criadores y responsables públicos, es extender estas iniciativas y convertir la protección de la raza en una oportunidad de desarrollo rural, evitando que uno de los símbolos ganaderos de Cáceres desaparezca.
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