Historia
Los dólmenes de Valencia de Alcántara, los tesoros megalíticos de Cáceres
El Dolmen del Mellizo, uno de los más célebres de Extremadura, data de los milenios IV o III antes de Cristo y se asemeja a las 'antas' portuguesas, revelando restos de ajuares funerarios

Dolmen El Mellizo. / A M Felicisimo
No es ningún secreto: la provincia de Cáceres está llena de tesoros. Maravillas de todas las eras de la Historia, y de la prehistoria. En efecto, las primeras especies de humanos también dejaron su huella en la zona. Por todos es conocida la cueva de Maltravieso, situada en Cáceres ciudad, pero el resto de la provincia contiene más huellas prehistóricas en forma de dólmenes.
Un dolmen es un monumento megalítico prehistórico, construido con grandes piedras verticales que sostienen una losa horizontal, a modo de mesa. Se usaba principalmente como tumba colectiva y como lugar ritual hace unos 5.000–6.000 años.
Estas estructuras solían cubrirse originalmente con tierra y piedras, formando un túmulo, y en su interior se depositaban restos humanos junto a objetos funerarios como cerámica, herramientas o adornos, lo que refleja las creencias de estas comunidades sobre la muerte y el más allá. Los dólmenes se localizan sobre todo en Europa occidental, incluida la península ibérica, y constituyen una de las primeras manifestaciones arquitectónicas monumentales de la humanidad.

Dolmen La Barca, de Valencia de Alcántara / Ayuntamiento de Valencia de Alcántara
La provincia cuenta con uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Europa, donde sobresale Valencia de Alcántara, con más de 40 monumentos prehistóricos. Fueron descubiertos en las décadas de 1960 y 1970 por Fernando Tostado. En 1988, Clemente Montano catalogó 36 dólmenes, la mayor parte en Alcántara. El conjunto ha sido declarado como Bien de Interés Cultural.
Estudios más recientes elevan el número de monumentos megalíticos en la zona a 73, sumando los hallados en Zarza la Mayor o Brozas. La ubicación exacta de algunos de estos nunca se ha revelado, para que no le afecte el vandalismo.
Dolmen del Mellizo
Uno de los más célebres es el Dolmen del Mellizo. Es uno de los pocos dólmenes de Extremadura cuya cámara aún está cubierta por una horizontal que descansa sobre él, sobresaliendo de la cubierta. Si bien el dolmen está bastante desgastado, se conservan bien el breve pasillo (dos grupos de discos) y el acceso a la cámara a través de una piedra de umbral.
El megalito se data en los milenios IV o III antes de Cristo y sigue el modelo megalítico que en la vecina Portugal se conoce como 'anta', del latín antae, que significa mesa. En la excavación arqueológica de 1985 que realizó Primitiva Bueno Ramírez, se hallaron restos de ajuares funerarios como fragmentos de cerámica, puntas de flecha y otros objetos.

Imagen del Dolmen de El Mellizo. / Wikiloc
A unos 300 metros se encuentran otras dos estructuras, Data I y Data II, estando este último en mal estado pese a tener una de las cámaras más largas. Los dólmenes Changarrilla, El Fragoso o El Caballo se presentan a unos 8 kilómetros de la localidad de poco más de 5.000 habitantes
Existen numerosas rutas fáciles de realizar para poder visitar los dólmenes de Valencia de Alcántara: Tapias (de 1,74 kilómetros), La Zafra (5,36 kilómetros), Las Lanchas, Huertas de las Monjas (0,91 kilómetros) y Los Mellizos (1,09 kilómetros).
El tesoro de Guadalperal
Uno de los ejemplos más impactantes es el del Dolmen de Guadalperal, en la otra punta de la provincia, situado en El Gordo, aunque el municipio más cercano es Peraleda de la Mata. Mal conocido como 'el Stonehenge español' (Stonehenge es un crómlech, levantado a cielo abierto, y Guadalperal es una construcción cerrada, con una cámara, un corredor y un túmulo), data de entre finales del V y el III milenio a. C.
Declarado Bien de Interés Cultural en 2022, recuerda al monumento inglés por la posición de las piedras de granito en forma vertical. En su día eran las 'columnas' del templo funerario, de más de 5 metros de largo y de aproximadamente 1,5 metros de ancho. Justo a la entrada de la cámara se encuentra un menhir de dos metros de alto decorado con grabados.

Imagen del dolmen de Guadalperal. / CEDIDA
El monumento se halló en 1925 y fue excavado entre 1925 y 1927 por el arqueólogo alemán Hugo Obermaier, capellán de la casa de Alba, y tras la construcción de la presa de Valdecañas en el río Tajo en 1963, quedó cubierta por el agua. Es decir, este tesoro solo es visible en épocas en las que la cantidad de agua de la presa sea escasa. En la última década, en verano, debido a la sequía ha sido posible ver el dolmen en varias ocasiones parcialmente y en solo dos completamente.
Que el monumento se encuentre sumergido lo podría haber dañado y erosionado, algo que se monitoriza desde el 2019. De hecho, la asociación local Raíces de Peraleda reclamó el traslado del dolmen fuera del embalse ante el deterioro que estaban apreciando, sin éxito.
Irónicamente, una tumba como esta ha quedado escondida por una tumba de agua, erosionándose poco a poco tras haber sobrevivido cerca de 6.000 años.
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