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Patrimonio

La mina Costanaza de Logrosán: un viaje en el tiempo por la historia geológica de Cáceres

Los visitantes de la mina pueden explorar los primeros niveles del yacimiento y descubrir las piedras bioluminiscentes, además de conocer el trabajo de los mineros gracias a un audiovisual

Mina Costanaza en Logrosán.

Mina Costanaza en Logrosán. / Cedida a El Periódico

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Logrosán

Logrosán guarda uno de los tesoros geográficos más especiales de la provincia de Cáceres. Se trata de la primera mina que se abrió en Extremadura. Se conoce con el nombre de mina Costanaza y se trata de un yacimiento rico en estaño y fosfatos. Su historia se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando fueron explotadas por compañías mineras inglesas. Más adelante, durante con el inicio del siglo XX fueron utilizadas para fabricar fertilizantes químicos.

Visitantes en la mina Constanza .

Visitantes en la mina Constanza . / Cedida a El Periódico

Tras su cierre en 1946 la mina vivió una etapa de abandono hasta 2009, cuando el Ayuntamiento inició su rehabilitación a partir de la creación del Museo de Logrosán. Hoy en día, y desde 2012, la mina ya es visitable, y desde su apertura al público se ha convertido en uno de los atractivos turísticos principales del municipio.

Un recorrido por la historia de la tierra

Por el momento los visitantes solo pueden acceder a los primeros niveles del yacimiento, pero la zona ofrece muchas actividades más para conocer la historia de este emblemático lugar. La ruta comienza con un laboratorio en el que los visitantes conocen la historia de la formación de los yacimientos. Llegando al piso superior, se les explica la producción del superfosfato (abono producido en la mina) a la vez que ven la fábrica en la que se elaboraba, aunque esta no está abierta al público.

Desde aquí se llega a la parte más humana del recorrido, en la que conocerán de primera mano cómo era el trabajo en la mina. Lo harán a través de un audiovisual en el que un antiguo minero, cuya familia también participó en la mina, lo cuenta en personalmente.

En 2016 se incluyó la sala del polvorín, que constituye la siguiente parada. Se trata de una habitación oscura pero que guarda una sorpresa muy especial. Allí se pueden conocer las piedras bioluminiscentes, que brillan al contacto con la luz ultravioleta.

Sala del polvorín.

Sala del polvorín. / Cedida a El Periódico

Tras conocer el pozo de la mina, donde se muestra su profundidad real y algunos aspectos sobre cómo realizaban su labor allí los trabajadores, la visita finaliza con un pequeño viaje vagoneta.  “Entramos como los mineros por el pozo y salimos como el mineral por la bocamina”, explica María Paz Dorado, directora del yacimiento.

La mina cuenta con unas 7.000 visitas anuales, con lo que prácticamente casi cuadriplican en visitantes el número de habitantes del pueblo. Con ello contribuyen no solo a fomentar el comercio local de la localidad, sino también a mantener con vida “una parte del patrimonio” de Logrosán.

Además, la mina también sirve para dar una nueva vida a cosas que "estorban" en las casas de los vecinos del pueblo. “Muchos encuentran calendarios o documentos de la historia del pueblo haciendo limpieza y aquí los conservamos”,  comenta la directora. Estos pasan a formar parte del recorrido de visita al yacimiento.

Recientemente, en torno a 2023, la mina volvió a sufrir nuevas remodelaciones. En este caso se incluyó una rampa para hacerla accesible a usuarios con silla de ruedas. Con ello se busca que cada vez sean más quienes puedan disfrutar de todo lo que ofrece el yacimiento.

Este sin duda alguna es una de las mayores riquezas que guarda hoy la provincia de Cáceres. Un lugar que más allá de mostrar los procesos de formación de una cavidad, “guarda una parte importante de la historia de la corteza terrestre”.

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