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Tradición

Ana Gómez, de Monroy: "El sentimiento de querer ser purificá es algo que hemos tenido desde pequeñas"

En Monroy, Cáceres, las Purificás volvieron a celebrar su tradicional fiesta, con bailes, misa y la emotiva procesión donde las jóvenes cantan coplas a la Virgen del Rosario

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Monroy

El municipio de Monroy, situado en la provincia de Cáceres, vuelve a vivir la emoción de las Purificás. A intervalos lluviosos y soleados la celebración avanzaba según lo planificado. Sandra María Bernal, alcaldesa de Monroy, quien vestía el tradicional traje regional, recibía a los vecinos del municipio que comenzaban a llegar a la iglesia de Santa Catalina.

"Es una tradición que siempre se ha mantenido en el pueblo", indicaba Ana María Cerro, encargada de hacer las roscas de piñonate. Ella explicaba que incluso en los momentos más difíciles se ha buscado sacar la fiesta adelante. Y es que, para los vecinos de Monroy, el 2 de febrero es una fecha que se vive con mucha ilusión. Cada año esperan su llegada para "poder disfrutar de nuevo este día".

Rocío y Adriana este año son dos de las encargadas de portar a la Virgen del Rosario en la procesión, pero el próximo año también será purificás. Ellas viven la fiesta con muchas ganas, pero también con muchos nervios. Tras varios meses de espera su gran día a llegado, y animan a todos a compartir su entusiasmo y conocer esta bonita tradición.

La fiesta empezaba con bailes regionales en el interior de la iglesia, a los que siguió la habitual misa. Mientras, a unas calles de la iglesia, las protagonistas de la fiesta esperaban la llamada que les avisara de que esperaban su entrada.

Con "una mezcla de miedo, emoción y nervios", las purificás ultimaban los ensayos de las coplas y compartían anécdotas de fiestas pasadas con la mayordoma. Desde el momento en que seleccionó a las nuevas cantantes de este año, han trabajado con empeño en los ensayos durante meses para que sus voces estén a punto para la esperada ocasión.

"El sentimiento de ser purificá es tener los nervios a flor de piel", explicaba Ana Gómez, purificá de este año que portará una de las roscas. Toda su familia ha sido anteriormente purificá y en su caso es algo que lleva "queriendo ser desde muy pequeña". 

Tras una larga espera, en la que la lluvia retrasó el inicio de la procesión, las purificás iniciaron su marcha hacia la iglesia. Una vez en la puerta comenzaba el momento más emotivo de la festividad.

Desde el portón las jóvenes iniciaban el canto de las coplas pidiendo permiso a Dios para acceder al lugar. Tras abrir las puertas continúan sus cantes dirigiéndose a la Virgen, ante la que se arrodillan antes de iniciar la procesión en el interior de la ermita. A ella le ofrecen dos tórtolas, que llevan en un cesto, y la rosca de piñonate.

Las jóvenes, siguiendo a la imagen, recorren la iglesia hasta volver al portón. Tras una segunda misa, los niños nacidos en el año son entregados a la Virgen.

La celebración matinal finalizaba con la suelta de palomas desde la puerta de la iglesia, pero la fiesta sigue por la tarde con el sorteo de las tradicionales roscas de piñonate que han portado las purificás en la procesión.

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