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Se cumplen 484 años del viaje con el que Francisco de Orellana abrió el Amazonas al mundo

Siete meses de travesía por territorios desconocidos convirtieron al trujillano Francisco de Orellana en el primer europeo en navegar íntegramente el río más caudaloso del planeta.

Busto de Francisco de Orellana junto a su casa-palacio en Trujillo

Busto de Francisco de Orellana junto a su casa-palacio en Trujillo / SERGIO HERGUIJUELA

Alejandro Cancho

Alejandro Cancho

Trujillo

El 4 de febrero de 1541 quedó marcado en la historia de las exploraciones con la salida, desde Guayaquil —entonces territorio de la Gobernación de Quito—, de la expedición encabezada por el conquistador extremeño Francisco de Orellana, natural de Trujillo (Cáceres). Aquel viaje, concebido inicialmente como una misión de apoyo a Gonzalo Pizarro en busca del mítico País de la Canela, terminó convirtiéndose en una de las mayores gestas de la navegación del siglo XVI.

Orellana y sus hombres se internaron en un territorio desconocido, atravesando selvas impenetrables y enfrentándose a enfermedades, hambre y ataques de pueblos indígenas. Lo que comenzó como una ruta secundaria se transformó en un periplo histórico: durante siete meses recorrieron cerca de 4.800 kilómetros siguiendo el curso de un río inmenso que ningún europeo había logrado transitar por completo.

La travesía concluyó el 26 de agosto de 1542, cuando la expedición alcanzó la desembocadura en el Atlántico. Aquel cauce descomunal, bautizado después como río Amazonas, quedó desde entonces incorporado a la cartografía mundial. Orellana se convirtió así en el primer europeo en navegarlo íntegramente, abriendo la puerta a futuras exploraciones y al conocimiento de uno de los ecosistemas más ricos del planeta.

El viaje no solo tuvo un enorme impacto geográfico, sino también simbólico. Las crónicas de la expedición hablaron de tribus guerreras, ciudades ocultas y una naturaleza desbordante que alimentó durante siglos el imaginario europeo sobre América del Sur. Hoy, casi cinco siglos después, aquella aventura sigue considerándose una de las mayores hazañas de la era de los descubrimientos.

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