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Tradición serrana

Pequeña en tamaño, grande en tradición: la Santa Escolástica de Navalvillar de Ibor en Cáceres

Aunque la lluvia obligó a adaptar algunos actos, la esencia de la festividad de Santa Escolástica en Navalvillar de Ibor se mantuvo intacta, con misa, subasta y el recorrido musical por los bares

Vecinos de Navalvillar de Ibor vistiendo los trajes regionales.

Vecinos de Navalvillar de Ibor vistiendo los trajes regionales. / Cedida a El Periódico

Sofía Pérez Ramiro

Sofía Pérez Ramiro

Navalvillar de Ibor

Navalvillar de Ibor ha vuelto a honrar a Santa Escolástica, una cita marcada en el calendario local que, más allá de la misa, conserva una serie de costumbres propias que forman parte de la identidad del municipio. Aunque este año la lluvia ha obligado a adaptar algunos actos, la esencia de la celebración se ha mantenido intacta.

Misa, subasta y procesión: los pilares de la fiesta

La jornada gira tradicionalmente en torno a tres momentos clave. El primero es la misa en honor a la santa, celebrada en la iglesia del municipio, donde se venera la imagen de Santa Escolástica, religiosa italiana y hermana gemela de San Benito.

Tras la ceremonia tiene lugar la subasta popular, uno de los actos más característicos. En ella se pujan productos donados por vecinos y devotos, una costumbre muy arraigada en los pueblos de la provincia que sirve tanto para reforzar la convivencia como para colaborar con la parroquia.

Habitualmente también se celebra una procesión por las calles del municipio, en la que la imagen recorre el casco urbano acompañada por los fieles. Este año, las inclemencias meteorológicas han impedido que se realizara, y tanto la misa como la subasta se han trasladado al interior del templo.

Charanga en los bares de Navalvillar de Ibor por la Santa Escolástica

La jornada concluye con un ambiente más distendido gracias al recorrido musical de una charanga por los bares del municipio, una tradición que mezcla lo religioso con lo festivo y que convierte la tarde en un punto de encuentro vecinal.

Una celebración más íntima que otras fiestas provinciales

En comparación con otras festividades religiosas de la provincia de Cáceres, la Santa Escolástica de Navalvillar de Ibor destaca por su carácter más local y recogido.

Mientras celebraciones como la Semana Santa en Cáceres capital o fiestas patronales como las de la Virgen de la Montaña congregan a miles de personas y cuentan con procesiones multitudinarias, la cita de Navalvillar mantiene una dimensión más familiar. En torno a dos centenares de personas suelen participar, lo que refuerza su carácter comunitario.

También comparte elementos comunes con otras fiestas religiosas cacereñas, como las subastas de ofrendas, muy presentes en romerías y celebraciones patronales de municipios de la Sierra de Gata, Las Hurdes o el Campo Arañuelo. Sin embargo, el recorrido musical por los bares aporta un matiz singular que no siempre está presente en otras celebraciones de carácter más solemne.

La historia y la devoción popular

Santa Escolástica es conocida en la tradición cristiana por su profunda vida espiritual y por un episodio muy difundido en la hagiografía: la leyenda cuenta que, deseando prolongar una conversación con su hermano San Benito, pidió a Dios que enviara una tormenta para impedir que él regresara a su monasterio. La tormenta estalló y ambos pudieron permanecer juntos esa noche.

Misa por la Santa Escolástica.

Misa por la Santa Escolástica. / Cedida a El Periódico

En Navalvillar de Ibor no existe una leyenda local específica vinculada a la santa más allá de la tradición religiosa general, pero la coincidencia entre su festividad y los episodios recientes de lluvia no ha pasado desapercibida entre algunos vecinos, que recuerdan esa historia como parte del imaginario popular cristiano.

Más allá de anécdotas, la devoción a Santa Escolástica en el municipio se transmite de generación en generación. La misa, la subasta y el encuentro posterior en los bares reflejan una forma de celebrar en la que la fe y la convivencia caminan de la mano, manteniendo viva una tradición que, aunque modesta en cifras, tiene un fuerte arraigo en la vida local.

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