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Historia

Cuando los nobles de Cáceres dormían en castillos: las imponentes fortalezas de la Casa de Alba, los Zúñiga y los Monroy que aún cuentan su historia

Los castillos de Mirabel, Monroy, Jarandilla de la Vera y Granadilla, en diferentes puntos de la provincia de Cáceres, muestran la evolución histórica de fortalezas defensivas a símbolos de poder nobiliario, con diferentes propósitos y arquitecturas que se han ido confeccionando con el paso del tiempo

Castillo de Jarandilla de la Vera,  residencia del emperador Carlos V y actual parador.

Castillo de Jarandilla de la Vera, residencia del emperador Carlos V y actual parador. / JUNTA DE EXTREMADURA

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Cáceres

La Casa de Alba, los Zúñiga o los Monroy. Los castillos son históricamente fortalezas defensivas construidas para mantener cierta vigilancia sobre un terreno disputado. Por ello se construían en cerros, para que, desde lo alto de estos, el paisaje divisorio fuera mayor.

Sin embargo, hay algunas construcciones que, si bien también contaban con una función defensiva, su historia ha acabado más bien ligada a familias nobles de la provincia de Cáceres y como auténticas señales de poder.

El castillo de Mirabel, fortaleza situada sobre la loma de la sierra.

El castillo de Mirabel, fortaleza situada sobre la loma de la sierra. / Turismo Extremadura

Mirabel

Cercano a Monfragüe se encuentra el castillo de Mirabel. O al menos lo que queda de él. Sus orígenes se remontan al siglo XV, y más que una fortaleza defensiva, que también lo fue, el castillo se utilizó como emblema nobiliario.

Su primer dueño, tras una remodelación, fue Fadrique de Zúñiga y Sotomayor, cuya familia, los Zúñiga, serían durante siglos los moradores del lugar. Fue amigo personal del emperador Carlos V, al que acompañó en varios viajes, así como un ilustrado renacentista con facetas militares y humanísticas.

Uno de sus parientes, Luis de Ávila y Zúñiga, se casó con su hija María y heredó, por derechos de consorte, el señorío y marquesado de Mirabel. Luis de Ávila ocupó puestos de gran relevancia en la Corte de Felipe II, siendo embajador europeo y, además, Comendador mayor de la Orden de Alcántara.

La planta principal del edificio está dividida en dos por un muro longitudinal que cuenta con cuatro ventanas rectangulares. Estas aberturas se ensanchan hacia el interior formando arcos rebajados apoyados en pilares de ladrillo. En este nivel también se conservan dos aljibes, uno de los cuales fue excavado recientemente.

Debajo, en el lado noreste, se encuentra el nivel inferior. Este espacio está cubierto por una bóveda de cañón que se apoya al sur sobre la propia roca y al norte sobre un muro en el que se abren cuatro saeteras con forma de cruz inscrita en un círculo.

El sector sur de la fortaleza se sitúa a mayor altura debido al terreno rocoso. Esta zona estaba protegida por dos torres, una a cada lado. La torre occidental, conocida en Mirabel como 'el baile de la zorra', aún conservaba un tramo de muralla almenada.

Ha sufrido posteriores remodelaciones y mejoras de la accesibilidad, convirtiéndolo en uno de los puntos de referencia de Monfragüe cuya visita es más que recomendable, pues desde allí se observa unas maravillosas vistas de la dehesa y las sierras que rodean el Tajo.

Imagen del castillo de Monroy.

Imagen del castillo de Monroy. / E. P.

Monroy

El castillo de Monroy se parece, en parte, al de Mirabel por haber sido más un lugar nobiliario que de guerras, aunque por cuestiones varias tuvo que acabar convirtiéndose también en fortaleza. Esta falta de sentido defensivo se evidencia en que no se encuentra en lo alto de un cerro, como suele ocurrir, sino en un lugar llano. Bien es cierto que es la zona más alta de la localidad de Monroy, pero en este caso el castillo preside la plaza Mayor.

Los primeros datos sobre el lugar se remontan al año 1309, cuando Fernando IV otorga privilegios al noble placentino Hernán Pérez de Monroy para que pueda poblar el lugar y construir un castillo. El linaje de los Monroy, con solar en Plasencia, donde también poseen una importante casa-fuerte, repartió sus dominios por otros lugares de la Alta Extremadura, como en el castillo de Belvís de Monroy.

Tuvieron especial importancia en el ámbito señorial, y desempeñaron relevante protagonismo en el de las órdenes militares, siendo responsables en elevada medida de los desajustes políticos y enfrentamientos militares en los que se vio inmersa Extremadura con ocasión de los sucesivos conflictos dinásticos y señoriales que se produjeron a finales del siglo XV.

Como en otros casos, con el paso de los siglos el castillo fue añadiendo elementos, pero en este caso dura hasta el siglo XX, pues aún ahí era una residencia privada. Los propietarios llevaron a cabo una intensa reforma, y llegaron a levantar una torre nueva en el lugar en el que, supuestamente, había proyectado una en el castillo original.

Este propietario fue el pintor y escultor Pablo Palazuelo, ganador del premio Kandinsky en 1952 y el Velázquez en 2004. Palazuelo expuso en lugares como París, Toronto, Pittsburg, Madrid, Bilbao o Barcelona. Lo adquirió en 1974, y allí vieron la luz muchas de sus obras. Falleció en Galapagar en 2007, y dejó como herencia familiar el edificio.

Jarandilla de la Vera

Al emperador Carlos V se le asocia al Monasterio de Yuste de la comarca de La Vera, de forma totalmente justa, pero lo cierto es que antes estuvo alojado en otro lugar. No muy lejos, también en La Vera. Fue en el castillo-palacio de los condes de Oropesa, situado en Jarandilla de la Vera.

En el año 1556, Carlos V se alojó en el castillo a la espera de que se concluyera la construcción de su residencia de Yuste. Aunque del carácter austero del Emperador no habría que esperarse lujo alguno, sí al menos una imagen de nobleza y dignidad, que indudablemente también se proyecta desde este tipo de construcciones.

Se trata de una fortaleza del siglo XIII que encuentra su origen en la 'sexmería de la Vera', fundada en la Edad Media como una de las tres agrupaciones rurales vinculadas a la comunidad de villa y tierra de Plasencia. La villa de Jarandilla de la Vera transcurre de forma completamente paralela a la ciudad de Plasencia, de la cual dependió durante toda la Baja Edad Media.

Ambas tienen origen musulmán y se refundaron durante el reinado del rey Alfonso VIII. En el año 1311 fue posesión de la Corona y en 1369 fue entregada por Enrique II a los Álvarez de Toledo, futuros condes de Oropesa y más tarde duques de Alba.

Hay evidencias de la realización de obras de mejora en la fortificación a mediados del siglo XV lo cual hizo cundir la alarma por parte de los Zúñiga que reclamaron la ciudad de Plasencia. A pesar de ello, continuaron las obras y se terminó la construcción del castillo tal como puede verse en la actualidad, si bien se ha producido la pérdida de ciertos elementos. La guerra de la Independencia fue especialmente dura y también hizo estragos en él.

El castillo dibuja una planta de forma rectangular muy simétrica, con un patio en el centro. Contó con un recinto exterior que contribuía a regularizar el terreno circundante. Dentro de este existía un segundo recinto amurallado más contundente, que estaba flanqueado con cubos y torrecillas redondas en los lienzos y esquinas, como todavía puede verse en el flanco de la parte trasera y, sobre todo, en lo que debió ser la puerta principal de esta barrera, que también se conserva abierta entre dos cubos cilíndricos flanqueantes que aún mantienen importantes recursos defensivos, como las troneras, almenas y adarves que recorren la parte superior y, sobre todo, los restos de un foso que permite suponer que originariamente contaba con un puente levadizo, existiendo ahora otro fijo, de obra.

El castillo se organiza en torno a un edificio principal de planta cuadrangular con un gran patio central y cuatro torres en las esquinas, dos cilíndricas y dos prismáticas de mayor tamaño. El conjunto está rematado por una cornisa con canecillos, que posiblemente sostenían antiguas almenas en voladizo. En el lado norte se encuentran las dependencias más importantes, entre ellas un destacado corredor porticado de dos plantas de estilo gótico, con arcos carpaneles y elementos decorativos calados. El resto de los flancos albergan estancias de servicio que han sufrido diversas transformaciones.

La torre del homenaje sobresale por su altura y función defensiva, con pocos vanos al exterior y una estructura coronada por una cornisa amatacanada. Aunque se han añadido algunas ventanas en épocas recientes, mantiene su carácter robusto y cerrado, destacando además por carecer de almenas, una característica poco común en este tipo de fortificaciones.

Gracias a su elegancia austera, actualmente forma parte de Paradores de Turismo de España, siendo uno de los mayores atractivos de la comarca a nivel turístico.

Castillo de Granadilla.

Castillo de Granadilla. / E.P.

Granadilla

La historia del poblado abandonado de Granadilla es fascinante. Por la construcción del cercano embalse de Gabriel y Galán que rodea la villa, los habitantes del pueblo fueron forzados a irse, ya que se preveía que fuera a inundarse. Pero el cálculo falló y el pueblo quedó intacto y, además, completamente abandonado.

La joya de la corona es su castillo. Se cree que se construyó durante el siglo XV sobre una antigua alcazaba árabe. La fortaleza está formada por una torre central y cuatro torres semicirculares, una en cada lateral. Aunque no se ha podido determinar el autor de tan singular traza y magnífica obra, de inequívoca influencia italiana, todo apunta a que lo mandó construir el primer Gran Duque de Alba, don García Álvarez de Toledo. A su familia pertenecería hasta el año 1830.

Su acceso al exterior es libre, pero al interior restringido. Ha sido restaurado y actualmente se encuentra en buen estado y en propiedad de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Además, se destina como Centro de Vigilancia Rural contra Incendios.

Vista aérea de la villa de Granadilla.

Vista aérea de la villa de Granadilla. / El Periódico Extremadura

Este monumento, declarado con el pueblo como Conjunto Histórico Artístico en 1980, presenta una arquitectura bastante peculiar. Su planta es polilobulada, es decir, tiene cuatro lóbulos de los cuatro donjones y cuatro salientes en esquina de su planta cuadrangular.

Además, a los historiadores y estrategas militares ha sorprendido especialmente que tiene una barbacana en la parte interior del castillo. Sorprende porque donde hacía más falta la barbacana para una mejor defensa era en el exterior, como ocurre en el Castillo de Coria.

La historia de Granadilla también es curiosa por su nombre. En su día fue una villa muy importante en la zona por ser de paso obligatorio en la Ruta de la Plata, siendo un señorío de Granada en la Edad Media. Precisamente, su nombre era Granada. A partir de la conquista de la ciudad nazarí por parte de los Reyes Católicos, en 1492, se le cambió el nombre al visible hoy, Granadilla. Pueden tratar de buscar un castillo igual en España, pero no lo hay.

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