Infraestructuras
El viaducto del Almonte, entre Alcántara y Garrovillas, une pasado y presente de la ingeniería civil española
Con una altura superior a 60 metros y una longitud de casi mil, el viaducto del Almonte ha sido reconocido internacionalmente por su diseño y ejecución en la ingeniería de puentes

El Periódico Extremadura

El viaducto que cruza el río Almonte, situado entre los municipios de Alcántara y Garrovillas, se ha consolidado como una de las infraestructuras ferroviarias más emblemáticas de España. Ubicado sobre el Embalse de Alcántara-Garrovillas, forma parte del tramo Plasencia-Badajoz de la línea de alta velocidad Madrid–Extremadura y está preparado para soportar velocidades proyectadas de hasta 350 kilómetros por hora.
La obra se enmarca en la apuesta por mejorar la conectividad entre Madrid y Extremadura, extendiendo la infraestructura ferroviaria hacia el oeste peninsular y acercando, a largo plazo, la posibilidad de un corredor de alta velocidad hasta la frontera con Portugal.
Un puente entre pasado y presente
El viaducto del Almonte fue la primera infraestructura diseñada para cruzar el embalse. Posteriormente se construyó un segundo puente sobre el mismo río, situado a pocos cientos de metros. Aunque este último no destaca por su tamaño, sí lo hace por su arquitectura, formada por la unión de dos puentes.

Puente sobre el río Almonte. / Cedida a El Periódico
La imagen conjunta de ambas estructuras, visible desde un mirador cercano, ofrece una estampa que combina pasado y presente de la ingeniería civil en la zona.
Dimensiones de récord
Las obras del viaducto comenzaron en 2011 como nueva plataforma para una doble vía de alta velocidad y estuvieron a cargo del Grupo español FCC, anteriormente Fomento de Construcciones y Contratas, S. A.
Con una altura superior a 60 metros y más de 100 metros sobre el nivel medio del embalse, se sitúa entre los viaductos más altos del país. La infraestructura alcanza una longitud total de 996 metros y se divide en tres partes: dos accesos laterales unidos por una zona central.

Obras del viaducto de Almonte. / El Periódico Extremadura
El elemento más destacado es su arco central de hormigón de sección octogonal, diseñado para salvar el cauce del río Almonte en el embalse de Alcántara. Se proyecta como el tercer arco de hormigón más grande del mundo y récord mundial en viaductos-arco de hormigón ferroviario, superando a los puentes alemanes Froschgrundsee y Grümpen, cuyos arcos alcanzan luces de 270 metros. Si se compara únicamente con puentes de arco de hormigón fuera del uso ferroviario, la referencia cambia, aunque mantiene su posición destacada.
La magnitud del proyecto no radica únicamente en sus dimensiones. La construcción requirió avanzados sistemas de avance en voladizo, torres de atirantamiento provisionales y numerosas mediciones para garantizar que las cargas y los efectos ambientales —como la temperatura o la radiación solar— no comprometieran la estabilidad de la estructura.
Reconocimiento internacional
En 2017, el viaducto fue galardonado con la Medalla Gustav Lindenthal, reconocimiento otorgado por la International Bridge Conference a proyectos destacados en el ámbito de la ingeniería de puentes.
La distinción lleva el nombre de Gustav Lindenthal, ingeniero civil austro-estadounidense conocido por su contribución al diseño y construcción de grandes puentes a finales del siglo XIX y principios del XX. La medalla se concede a una única estructura que represente un logro sobresaliente en armonía estética, innovación técnica y aporte a la comunidad, reconociendo puentes que combinan excelencia estructural con impacto social y visual significativo.
Desde su finalización, el viaducto del Almonte no solo simboliza un hito técnico dentro del desarrollo de la alta velocidad Madrid–Extremadura, sino que también posiciona a la provincia de Cáceres como referente internacional en el diseño y ejecución de puentes ferroviarios de gran envergadura, acumulando reconocimientos en publicaciones técnico-científicas especializadas.
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