Cultura
A Fala: una lengua viva que resiste en el norte de Cáceres
En el valle de Jálama, en Extremadura, se habla A Fala, una lengua de origen gallego-portugués que sobrevive gracias al uso cotidiano de sus habitantes. Tiene tres variantes: el valverdeiro de Valverde del Fresno, el lagarteiro de Eljas y el mañego de San Martín de Trevejo

EL PERIÓDICO
En el extremo noroeste de Extremadura, en el valle de Jálama, sobrevive una de las joyas lingüísticas más singulares de la península ibérica. Allí, en tres municipios (Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo) se habla A Fala, una lengua que sigue viva en la vida cotidiana de sus habitantes y que despierta cada vez más interés entre lingüistas y visitantes.
La doctora en Lenguas y Culturas por la Universidad de Extremadura, Alicia Manso, profesora de Lengua Española y especialista en este patrimonio lingüístico, lo explica con claridad: “La Fala es una lengua, no es un dialecto ni un simple habla”. Según detalla, pertenece a la familia gallego-portuguesa, aunque su evolución histórica ha estado marcada por la convivencia con otras variedades cercanas, como el castellano o el portugués de la región vecina de la Beira Baixa.
Castellanización
A pesar de su singularidad, esta lengua no es un fenómeno residual. En los tres pueblos del valle de Jálama la habla prácticamente toda la población, algo poco habitual en el panorama de las lenguas minoritarias europeas. Sin embargo, la especialista advierte de un problema creciente: la pérdida de calidad lingüística entre las generaciones más jóvenes.
“Hace años que se viene denunciando”, explica. Uno de los fenómenos más visibles es la castellanización de palabras tradicionales. Manso pone un ejemplo sencillo: la palabra “castillo”. En gallego y portugués la forma patrimonial es castelo, que también pertenece al léxico original de A Fala. Sin embargo, muchos jóvenes tienden a adaptar la palabra castellana, transformándola en “castillu”, añadiendo simplemente la terminación característica de la lengua local.

Lengua A fala / EL PERIÓDICO
Para la filóloga, este proceso refleja un debate frecuente en torno a la utilidad de las lenguas. “Muchas veces se pregunta por qué dedicar esfuerzos a conservarla si es más práctico reforzar idiomas como el inglés o el francés”, señala. Pero su respuesta es contundente: “Las lenguas no se miden por su utilidad. Una lengua es la forma en que un pueblo vive, piensa y se expresa”.
Valverdeiro, lagarteiro y mañego
A Fala no es homogénea. En realidad presenta tres variedades dialectales claramente diferenciadas, cada una vinculada a uno de los municipios del valle. En Valverde del Fresno se habla el valverdeiro, en Eljas el lagarteiro y en San Martín de Trevejo el mañego.
Las diferencias se perciben en varios niveles. La pronunciación es quizá el rasgo más evidente. Algunos sonidos, como ciertas sibilantes antiguas, se conservan en Eljas y San Martín con matices que recuerdan al portugués medieval. También existen contrastes en el vocabulario. El membrillo, por ejemplo, se denomina marmelo en Valverde, igual que en gallego y portugués, mientras que en Eljas se usa con frecuencia perón y en San Martín aparece la forma castellanizada membrillu. Incluso el cocido recibe nombres distintos según el pueblo.

Valverde del Fresno, en una imagen de archivo. / E. P.
Estas variaciones son tan reconocibles que los propios hablantes identifican con facilidad el origen de una persona por su forma de hablar. “Cualquiera de nosotros distingue enseguida de qué pueblo es el interlocutor”, comenta Manso.
Diccionarios
En los últimos años también han surgido herramientas para documentar esta lengua. Existen diccionarios y corpus léxicos elaborados por investigadores, además de varias tesis académicas. Entre los recursos más conocidos se encuentra el diccionario del lingüista checo Miroslav Valeš. Sin embargo, la experta advierte de que estos materiales deben manejarse con cautela. “Es importante distinguir qué palabras son patrimoniales y cuáles son préstamos o castellanizaciones”, explica.
Aun así, el interés por A Fala sigue creciendo. En los últimos años se han desarrollado proyectos educativos y materiales didácticos destinados a los escolares de los tres municipios. El objetivo es que las nuevas generaciones no solo la hablen, sino que conozcan su forma tradicional.
También los visitantes descubren con sorpresa esta lengua. Muchos turistas llegan al valle sin saber que allí se conserva una variedad lingüística única. Otros, especialmente procedentes de Galicia, acuden intrigados tras escuchar que en el norte de Extremadura “hay algo que suena a gallego”.
Lengua viva
Para Alicia Manso, lo importante es evitar que A Fala se perciba como una simple curiosidad folclórica. “No es una rareza para turistas ni un objeto de museo”, insiste. “Es una lengua vivísima, que se usa todos los días y que forma parte de la identidad de la gente que vive aquí”.

Alicia Manso. / Cedida
En un mundo cada vez más globalizado, la supervivencia de A Fala recuerda que la diversidad lingüística sigue siendo una de las grandes riquezas culturales de Europa. Y en el valle de Jálama, entre montañas y olivares, esa lengua continúa escuchándose en las calles, en las casas y en la vida diaria de sus habitantes.
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